El fin de DACA: un sueño que terminó en pesadilla

El fin de DACA: un sueño que terminó en pesadilla

Foto: Gage Skidmore

Foto: Gage Skidmore

Ana Stollavagli- “Voy a poner fin de inmediato al programa; Obama desafió las leyes federales y la Constitución”, dijo allá por 2016 Donald Trump. Y aunque en el segundo acto de este “drama de enredos” el ya presidente había asegurado que “los dreamers” podían “dormir tranquilos”, este martes, en una escena trascendental para el destino de ochocientos mil jóvenes, el mandatario cumplió su promesa de campaña. A través del fiscal general, Jeff Sessions, anunció la cancelación de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) e instó al Congreso a debatir una política migratoria antes del 5 de marzo de 2018. La notificación coincidió con el vencimiento del ultimátum que a fines de junio le habían dado a Trump el gobernador de Idaho y los fiscales generales de ese estado, Alabama, Arkansas, Kansas, Louisiana, Nebraska, South Carolina, Tennessee y West Virginia, para que acabara con el programa, bajo la amenaza de presentarse en la Corte de Texas que en 2015 frenó la ampliación de DACA y la puesta en marcha de la Acción Diferida para Padres de Estadounidenses (DAPA). Este plan fue anulado por Trump hace menos de tres meses, cuando el Gobierno dijo que los soñadores seguirían teniendo derecho a renovar cada dos años su permiso para permanecer en el país y que ninguna autorización de trabajo se cancelaría antes de su fecha de expiración.

La noticia fue recibida con profundo rechazo por la comunidad inmigrante, y Nueva York y Washington ya anunciaron que apelarán la cancelación del programa que protegía a los jóvenes inmigrantes de la deportación.

La historia de DACA

El 15 de junio de 2012, el entonces presidente Barack Obama firmó la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, que permitió permanecer en el país, con un permiso renovable, a los que vinieron a Estados Unidos entre el 16 de junio de 2007 y el 16 de junio de 2012, antes de cumplir dieciséis años, y que nunca tuvieron estatus migratorio legal, no cometieron delitos, iban a la escuela o la habían terminado, o eran veteranos de la Guardia Costera o las Fuerzas Armadas. A todos ellos, DACA los salvó de la expulsión, pero no les dio un estatus legal, sino el permiso para estudiar, trabajar y tramitar su licencia de conducir.

El programa, firmado por Obama ante la inacción legislativa en lo referente a una reforma migratoria, incluía un proyecto de ley introducido en 2001 por el senador republicano por Utah Orrin Hatch y la senadora demócrata por el estado Washington María Cantwell. Ese proyecto pretendía beneficiar a aquellos jóvenes que habían permanecido cinco años consecutivos en el país y que aquí habían cumplido los diecisés, y se llamó “Desarrollo, Ayuda y Educación para Menores Extranjeros”. De su sigla en inglés, DREAM, se tomó el nombre soñadores para referirse a los jóvenes que llegaron muy pequeños junto a sus padres, se educaron y asimilaron la cultura norteamericana, en muchos casos, sin conocer su condición migratoria hasta mucho más tarde.

Pedidos no escuchados

En los últimos días, líderes de la organización FWD, “movilizados para promover políticas que mantengan la competitividad de la economía norteamericana en un mundo globalizado, con una reforma migratoria y judicial”, le reclamaron a Trump que no cancelara DACA porque —dijeron— sus beneficiarios trabajan en el 72% de las principales compañías que operan en Estados Unidos. Citando las conclusiones de una investigación de la Universidad de California, uno de sus miembros, Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, afirmó que el 36% de los dreamers mayores de veinticuatro años tiene estudios superiores, el 97% estudia o integra la fuerza laboral, el 5% tiene su propio negocio, el 65% está pagando un vehículo propio y el 16%, su casa. Por eso —afirmó el pionero de las redes sociales— “necesitamos un Gobierno que proteja a los soñadores”, porque deportarlos haría perder a la economía 460,000 millones de dólares del GDP (producto bruto interno) y más de 24,000 millones de dólares en aportes a la Seguridad Social.

Este martes, conocida la anulación del programa, Zuckerberg tildó de cruel la decisión de Trump y afirmó: “Hoy es un día muy triste para Estados Unidos”.

¿Qué pasará con los soñadores, según el presidente?

En una declaración escrita, el primer mandatario denunció que “la amnistía que dio Obama [...] ayudó a generar una crisis humanitaria por la masiva llegada de menores solos de Centroamérica, incluidos los jóvenes que se hicieron miembros de pandillas como MS-13”.

Trump luego explicó que las aplicaciones de permiso de trabajo en trámite serán procesadas, que no se aceptarán nuevas y que se cumplirán las actuales hasta la fecha prevista en cada una. Prometió, además, que esos permisos no expirarán antes de los próximos seis meses y que podrían estar activos hasta por dos años: “No estoy cortando DACA, sino dando al Congreso la oportunidad de actuar”, declaró el presidente, y agregó: “Estamos detrás de los criminales, los reincidentes, los que recién cruzaron la frontera y los que tienen una visa vencida. He avisado al Departamento de Seguridad que los beneficiarios de DACA no tienen prioridad de deportación, a menos que cometan un delito”.

Donald Trump insistió en que este asunto se resolverá “con corazón y compasión a través de la ley, en un proceso democrático. La prioridad es una reforma migratoria que mejore los trabajos, los sueldos y la seguridad de los estadounidenses” que —-afirmó— han financiado con sus impuestos los mayores costos de las escuelas, los hospitales y la prosecución de delitos a causa de los indocumentados. “Nadie expresa compasión por los ciudadanos
—clamó Trump— ni por “los jóvenes americanos que también tienen sueños”. Qué pasará con los dreamers que hoy despiertan a una pesadilla ahora depende del Capitolio.

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