Trump, el nacionalismo y la globalización

Trump, el nacionalismo y la globalización

Foto: La Casa Blanca, dominio público

Foto: La Casa Blanca, dominio público

David Guzmán Fonseca- La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos marcó un giro en el discurso y la retórica de la oficina oval, particularmente en el lenguaje usado respecto de los grupos minoritarios y los migrantes. Es importante considerar que este tipo de retórica se fortalece bajo el auspicio de un nacionalismo cada vez más marcado y con profundas raíces raciales y étnicas en los Estados Unidos. 

Pero la retórica nacionalista no surgió con el presidente actual. La historia la evidencia en el discurso de políticos que buscan movilizar al pueblo en favor de sus posiciones y políticas. Por ejemplo, Adolf Hitler, durante la Segunda Guerra Mundial, apeló al nacionalismo como uno de los métodos para conseguir apoyo y movilizar a gran parte de los alemanes en favor de la causa nazi. El nacionalismo alemán de mediados del siglo XX se basaba en la creencia de que la raza aria era superior a las demás, por lo que había que “limpiar” la sociedad e impulsar la formación de un estado ario.

El nacionalismo y el populismo ya han ido de la mano en el pasado. Por ejemplo, en la Argentina de Juan Domingo Perón, en los años cincuenta y sesenta, el nacionalismo se convirtió en la herramienta principal para la implementación de la agenda populista y proteccionista. Sin embargo, con Trump, las dos tendencias tomaron un tinte claramente racial, lo que se convirtió en un nuevo monstruo no solo en los Estados Unidos, sino también en las Américas, en un contexto en que la democracia liberal tiende a ser más importante.

En el caso de los Estados Unidos, el nacionalismo se sostiene sobre la idea de que los blancos descendientes de europeos han perdido poder y representatividad dentro de una América cada vez más diversa. De acuerdo con datos del censo, la población de blancos bajó del 85% en 1965, al 60% en 2016. Los hispanos representan en la actualidad cerca del 18%. Según el Centro de Investigaciones Pew, se espera que para el 2065 los grupos minoritarios, como afroamericanos (13%), hispanos (24%), asiáticos (14%) y otros (3%), alcancen una mayoría demográfica (54% del total), lo que hará que el país se convierta en una nación de minorías.

Sin lugar a dudas, el nacionalismo se ha visto fortalecido principalmente con los efectos sociales de las transformaciones económicas del país. Por un lado, las industrias estadounidenses se han vuelto mucho más intensivas en tecnologías y mano de obra educada y capacitada; por otro, las industrias minera y manufacturera se han movido a otros países con menores costos. Estos factores, combinados con la crisis financiera de 2008, han restado oportunidades laborales a los blancos de menores ingresos, quienes manifiestan sentirse abandonados por el Gobierno. El argumento es que las autoridades se preocupan más por otros grupos raciales y étnicos, los cuales asumen la mayor parte de “sus” puestos de trabajo.

Pero algo muy importante y que muy pocos consideran son las implicaciones económicas que el resurgimiento de las corrientes nacionalistas de tendencia racista podría tener sobre los países en desarrollo y sobre la globalización. El Gobierno del presidente Trump se ha empecinado en poner a “América primero” e imponer políticas que en el papel favorecen a la industria estadounidense. Existen evidencias claras de un proteccionismo que le puede poner zancadillas a las corrientes globalizadoras. En este sentido, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte—NAFTA, por sus siglas en inglés— es una muestra de que Trump considera el comercio internacional como un juego de suma cero en que las ganancias de uno implican las pérdidas del otro.

Un estudio preparado por Villareal y Fergusson (2017) para el Congressional Research Service —órgano que produce información para los miembros del Congreso de
EE. UU.— muestra que el tratado generó un crecimiento del 0.5% sobre el PIB de este país (unos 80,000 millones de dólares a lo largo de los años). El estudio se basa en la estimación de la Comisión de Comercio Internacional de EE. UU. (USITC) de 2016. Agrega que si bien el tratado provocó la disminución de los salarios en algunos sectores, los aumentó en otros. Lamentablemente, lo que ni Trump ni sus seguidores han podido observar es que el comercio internacional puede generar nuevas oportunidades en industrias en las que los Estados Unidos tienen ventajas, como el sector de la tecnología y la innovación.

En este sentido, es preocupante que en los países en desarrollo con altos flujos de comercio hacia los Estados Unidos, la única oportunidad para sus economías se vuelque hacia el proteccionismo y renazcan los nacionalismos autoritarios que tanto daño les han causado. Más preocupante sería que en esas naciones el nacionalismo pudiera traer consigo el racismo para completar la temible ecuación que ya hoy acecha a los Estados Unidos.

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