Con críticas y su famosa “batalla de sobrenombres” se estrenó el presidente Trump en la Asamblea General de la ONU

Con críticas y su famosa “batalla de sobrenombres” se estrenó el presidente Trump en la Asamblea General de la ONU

Foto: UN Press

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Francisco Machalskys- El presente ciclo de 2017, que inexorablemente corre hacia sus postrimerías, de seguro será recordado por muchos estadounidenses como el año en que se invistió presidente a uno de los personajes más polémicos de su historia. Como si de una bitácora de ocurrencias se tratara —o al menos así lo reportan la mayoría de los medios— se han dado a conocer los pininos de este conocidísimo hombre de negocios como conductor de los destinos de América, marcados por su estilo directo y algo desprovisto de envoltura diplomática.

Así, llegó a Donald Trump la ocasión de estrenarse en las arenas de la Organización de Naciones Unidas (ONU), específicamente en su Asamblea General, que se celebra entre el 19 y el 25 de septiembre. Una cita anual no exenta de temas álgidos, y que en esta edición trae en su agenda las problemáticas de una posible crisis nuclear protagonizada por Corea del Norte e Irán, las denuncias de limpieza étnica en Birmania y la ya tristemente célebre crisis política que vive Venezuela.

Ante un aforo de 126 mandatarios presentes —de los 193 países miembros—, el presidente Trump legó para la historia unas ásperas palabras iniciales, criticando el propio funcionamiento de la ONU. “En los últimos años, la ONU no alcanzó su completo potencial debido a la burocracia y a la mala gestión. Debe centrarse en los resultados más que en los procedimientos”, sentenció. Como consecuencia de ello, 128 países firmaron una suerte de acta de intención instando a su secretario general, António Guterres, a una “mayor transparencia y predictibilidad sobre los recursos necesarios”. Cabe destacar que Estados Unidos paga el 25% de su presupuesto general y el 28% de los fondos para el mantenimiento de la paz.

Destacó, además, en esta primera intervención de Trump en la ONU, de apenas media hora, cierta tendencia aislacionista y de “Estados Unidos primero” que ya vienen criticando muchos observadores políticos desde que la retirara de la Unión americana del Tratado de París contra el Cambio Climático. “Estados Unidos tiene gran poder y paciencia, pero si se ve forzado defenderse y a defender a sus aliados, no tendremos otra opción que destruir totalmente a Corea del Norte”, afirmó Trump sin cortapisas, refiriéndose a la escalada de pruebas nucleares protagonizadas por el Gobierno de Pionyang.

Similares aseveraciones, directas y de talante amenazador pronunció Trump en cuanto a "regímenes parias representados en este cuerpo que no solo apoyan el terror, sino que además amenazan a otras naciones y a su propia gente con las más destructivas armas conocidas por la humanidad", en clara alusión a Irán y Corea del Norte.

Como parte de las reseñas sobre esta su primera intervención ante la ONU, fue muy resaltada la “batalla de sobrenombres” que desató Trump para referirse al líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, a quien se refirió como “el hombre-cohete” (Rocket-Man) por sus repetidas pruebas misilísticas; y al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien dedicó el mote de “el nuevo Hitler”. No es la primera vez que Trump acuña remoquetes en contra de sus adversarios —como “marquito”, para nombrar al senador Marco Rubio, o “Hillary la tramposa”, en alusión a su ex rival electoral—, pero nunca lo había hecho más allá de escenarios nacionales, hasta ahora.

Si bien Trump no hizo pronunciamiento directo en torno a la sistemática violación de los derechos humanos en Birmania, ha sido notoria y criticada la ausencia de Aung San Suu Kyi, consejera de Estado y considerada dirigente de facto de ese país, según ella misma, por estar ocupada en evitar ataques terroristas protagonizados por facciones musulmanas de la minoría rohinyá, habitante del estado de Rakhine, y sobre la cual se viene ejerciendo una persecución militar, evidenciada en la expulsión de 370,000 de sus miembros a Bangladesh y el asesinato de unos 200 infantes. Aung San Suu Kyi, honrada con el Premio Nobel de la Paz 1991 por su empeño en restituir la democracia en Birmania tras décadas de dictadura, ha sido acusada de acallar esta “limpieza étnica” con imprecisiones, e incluso dejando entrever justificaciones políticas pobremente argumentadas.

Al igual que la consejera de Estado birmana, se echó en falta para esta septuagésima segunda asamblea de la ONU las ausencias del presidente chino Xi Jinping y la del premier ruso Vladimir Putin. Tampoco asistieron el peruano Pedro Pablo Kuczynski, el cubano Raúl Castro, el mexicano Enrique Peña Nieto ni el argentino Mauricio Macri, representados por sus respectivos cancilleres.

Asimismo, fue subrayada la ausencia del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el marco de una crisis política protagonizada por la pugna entre el chavismo —la clase política de izquierda que ejerce el poder desde hace dieciocho años, concebida por el expresidente Hugo Chávez— y sectores de oposición, mayoritariamente de derecha.

Cabe destacar que, el pasado mes de agosto, Maduro hizo referencia a la celebración de esta Asamblea de la ONU, dejando entrever su asistencia, aunque aclarando que iría “más con el deseo de reunirse con el pueblo norteamericano en la calle”. En su lugar, ha sido representado por su canciller, Jorge Arreaza, quien de entrada ha declarado que “el señor Trump no tiene nada que decir sobre Venezuela. […] Que se reúnan a hablar sobre sus relaciones bilaterales, sobre los muros que quiere construir en el mundo, sobre las guerras que quiere desatar en el mundo”.

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