Incendios en Oregón: un culpable y muchos cómplices

Incendios en Oregón: un culpable y muchos cómplices

Foto: Maxi Benbassat

Foto: Maxi Benbassat

Incendios en Oregón: un culpable y muchos cómplices

Ana Stollavagli- “En esta temporada de incendios forestales, se registra medio centenar de focos de fuego, que afectan 200,000 acres y han provocado evacuaciones masivas”. Este es un extracto de un reporte periodístico realizado en Oregón a mediados de 2015 que conserva una dramática vigencia en estos días. Basta mirar un mapa interactivo del Gobierno estatal para ver decenas y decenas de iconos con la forma de una llama a lo largo del territorio. Pero este año, algunas cosas han cambiado… para peor. Las densas columnas de humo y la lluvia de cenizas han llegado ahora tan lejos como Portland y otras ciudades, donde han tornado el aire, por momentos, irrespirable. La segunda característica de este tiempo es que detrás de uno de esos siniestros está la mano del hombre, o mejor dicho, de alguien que hasta no hace mucho era un niño. Tiene solo quince años, vive en Vancouver y, para la policía, es el probable responsable de lanzar los fuegos artificiales con los que el sábado 2 de septiembre se originó el incendio de Eagle Creek.

Para identificarlo, fue fundamental el testimonio de la excursionista Liz FitzGerald: “Vi a este menor lanzar una bomba de humo hacia el cañón. Probablemente, estaba a cuatro pies de distancia de él y le dije: ‘¿Te das cuenta de lo peligroso que es esto? Hay un incendio en el camino, este lugar es muy seco’”. La testigo, de cuarenta y ocho años, continuó relatando cómo el adolescente y sus amigos de ambos sexos se reían, y uno de ellos registraba la escena en video con un teléfono celular. Mientras tanto, la pirotecnia caía por un acantilado, yendo a parar a la copa de los árboles. Luego, el grupo siguió caminando por el sendero, y ella fue en busca de la policía.

Las autoridades confirmaron esta versión e indicaron que recibieron una descripción y una fotografía del joven con la que pudieron identificarlo, y que sus padres están colaborando en la investigación, del mismo modo que algunos de los chicos que lo acompañaban. “Fue un acto negligente e imprudente”, declaró el vocero de la Policía estatal, Bill Fugate, y advirtió que el sospechoso podría enfrentar desde cargos menores por imprudencia temeraria, hasta algunos tan graves como el incendio criminal.

Esta catástrofe, además, puso en riesgo la vida de 140 excursionistas, que quedaron atrapados entre las llamas, cerca del río Columbia, y fueron puestos a salvo la madrugada siguiente en un dramático rescate.

El enojo de los oregoneses

Karina Brown escribió para el sitio Slate que los habitantes del estado están “irracionalmente furiosos” con el menor, al punto de sugerir “que sea esterilizado, azotado o linchado”, pero que “si queremos echar la culpa, todos merecemos algo”.

Si el fuego tragó paisajes de ensueño, con senderos de película y plantas únicas en el mundo; si el incendio devoró el marco de la cuenca Bull Run, que provee de agua al 20% de los habitantes de Oregón, y amenazó la represa de Bonne; si ocurrió semejante tragedia ambiental, no fue solo por la conducta absurda de un grupo de chicos. También allí es responsable el cambio climático, del cual habla hasta el papa Francisco.

La autora asegura que, de acuerdo a los datos del Servicio Meteorológico Nacional, este verano fue uno de los más calurosos registrados en el noroeste del Pacífico; y que hasta la lluvia que alivió la sequía en California, con esas altas temperaturas, facilitó la acumulación de humedad en la atmósfera, lo cual avivó el fuego.

Tim Brown, director del Centro Climático Regional Occidental en Nevada, dio una explicación sencilla: “Hay tiempos húmedos y secos, pero aquí está la cosa: los tiempos húmedos promueven el crecimiento del combustible y los tiempos secos aumentan su vulnerabilidad al fuego”.

Un mensaje que conviene escuchar

Es difícil establecer una relación de causa y efecto tan clara entre el calentamiento global y el fuego tenaz, pero es fácil creer que tantos eventos climáticos extremos producidos de forma simultánea —incendios, huracanes e inundaciones— algo le están diciendo a la humanidad. 

Estudios científicos indican que en los últimos treinta años se duplicaron las zonas afectadas por siniestros forestales, y en 2017, siete millones de acres sucumbieron a las llamas, el doble del promedio de la década.

En los últimos días, en el oeste del país se contaban más de 170 focos activos. La mayoría de ellos, en Oregón —donde más de mil bomberos los combatían—, Montana y Washington. La mitad fue calificada por las autoridades como “grandes incendios”.

A como van las cosas, el año próximo, estaremos hablando de una remake de la misma tragedia.  

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