México, teñido de sangre

México, teñido de sangre

Foto: Obra de arte en cerámica honrando a las mujeres asesinadas alrededor de Ciudad Juárez por la Cooperativa Mujeres Artesanas de Tlahuac en la Ciudad de México. Thelma Datter, 13 de junio de 2017 por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

Foto: Obra de arte en cerámica honrando a las mujeres asesinadas alrededor de Ciudad Juárez por la Cooperativa Mujeres Artesanas de Tlahuac en la Ciudad de México. Thelma Datter, 13 de junio de 2017 por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

Ana Stollavagli- Mire su reloj. En punto, empiece a contar. Antes de que haya transcurrido una hora, al menos tres personas podrían ser asesinadas en México. Y cuando haya caído el sol, habrán sido más de setenta. La suma, a sangre y fuego, surge de revisar las últimas estadísticas que dio a conocer el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) de ese país, que alertó de que junio fue el mes más violento de los últimos veinte años, con 2,234 homicidios. El primer semestre de 2017 también marcó un récord, con 12,200 asesinatos según revela la organización Semáforo Delictivo, lo que representa un 31% más que en el mismo periodo del año pasado.

“Se mata porque se puede. Se mata por control territorial, por tráfico de drogas, por disputas políticas”, dicen Alejandra Sánchez y José Luis Pardo, autores de Narcoamérica y coordinadores de un proyecto sobre homicidios en Latinoamérica.

“En México falló todo, desde la presidencia hasta el sistema judicial”, declara a Tilde Noticias Diana Montaño, periodista mexicana que radica en Estados Unidos. Recién llegada de un viaje por su país, no puede quitar de su retina las imágenes de una masacre reciente: el crimen de un joven taxista y sus cuatro hijos pequeños. Una hipótesis señala que los ultimaron porque el chofer “estaba en el rollo” del negocio del narco. La otra, que “no pagó la cuota” al crimen organizado para que lo dejaran trabajar libremente. “El que va a poner un negocio —cuenta Montaño— sabe que le va a tener que dar al narco hasta el 50%. ¿Quién va a arriesgar su vida y no pagar?”.

Las estadísticas muestran un leve descenso en las extorsiones (524 en mayo y 501 en junio), pero se sabe que este delito no siempre se denuncia, al igual que los secuestros que, no obstante, aumentaron de 100 a 108 casos revelados oficialmente. Otros delitos en alza son el robo de autos y el de combustibles, este último, con ganancias anuales de mil millones de dólares para las organizaciones ilegales. Los cientos de desapariciones de personas y de apariciones de fosas clandestinas con cadáveres no identificados suman horror a la tragedia. El crimen de periodistas que reflejan estas miserias, otro tanto.

¿Es hora de cambiar la fórmula?

En México, y en el mundo, se percibe que las operaciones emprendidas por las autoridades para frenar la violencia son insuficientes. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, explica que el nuevo récord de asesinatos se debe a un aumento de delitos comunes, a diferencia de 2011, cuando se produjeron 27,199 asesinatos, la mayoría de ellos enmarcados en la guerra que el entonces presidente, Felipe Calderón, emprendió contra el narcotráfico. El funcionario asegura: “Estamos enfrentando un fenómeno de violencia, sí, con un componente federal, con el crimen organizado, pero agudizado en gran proporción por delitos del fuero común, que suceden en el orden local”.

Sin embargo, analistas sociopolíticos encuentran otras razones para este nuevo pico de inseguridad. El abogado y docente Guillermo Zepeda Lecuona, director de la organización Jurimetría, Iniciativas para el Estado de Derecho A.C., critica la falta de continuidad en las políticas de Estado: “Se vuelven a hacer diagnósticos cuando lo necesario es ver las nuevas prácticas delictivas y dónde funcionan”. Y el experto en seguridad Alejandro Hope agrega: “Se supuso de manera muy explícita que el problema de la violencia era de orden político, de gestión”. O sea, que las autoridades locales no han colaborado suficientemente con el Gobierno federal para combatir a los narcos. Pero sumar todas las partes en esta lucha —agrega Hope— no alcanza si no se refuerzan las fuerzas armadas y de seguridad que, según sus estimaciones, tienen igual número de miembros y el mismo presupuesto que hace cinco años.

Desde 1997, los militares pelean contra el narcotráfico y realizan tareas policiales. Esto ha generado un cansancio en las tropas, lo que reconoce el secretario de Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda. Según un informe de su dependencia, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), en la última década se suicidaron ciento diez militares y más de trescientos fueron diagnosticados con estrés postraumático y depresión, a raíz de su participación en los operativos contra los cárteles de drogas.

Estas organizaciones también combaten entre sí por el control de los mercados y suman miles de muertos a las estadísticas. Y entre esos muertos hay narcos y víctimas inocentes de una guerra sin cuartel. Aunque las autoridades han logrado la captura de varios jefes del negocio de los estupefacientes, como Joaquín El Chapo Guzmán, figura emblemática, no han podido frenar las disputas por la herencia.

Alejandro Hope cree que hay que insistir en la detención de capos, lugartenientes y sicarios, procurar su rápida extradición —si fuera solicitada—, someterlos a la justicia y reforzar las medidas de seguridad en las zonas donde sus organizaciones tienen influencia para evitar episodios de violencia posteriores a los operativos. Pero nada será suficiente —y en esto coinciden todos los analistas— si prevalecen la impunidad y la corrupción.

“De cada cinco homicidios dolosos, solo uno es procesado”, afirma el comentarista político Federico Reyes Heroles, quien estuvo a cargo del capítulo mexicano de Transparencia Internacional. “El número de homicidios en los últimos años ha oscilado entre 12,000 y 22,000 al año, pero el número de sentencias que se pronuncian al respecto no ha cambiado en la última década y media”.

El Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, que redujo el número de delitos con penas de prisión, promueve la actuación de jueces imparciales en procesos transparentes, con audiencias orales y públicas. “Pero para que la justicia funcione
—agrega Reyes Heroles— se necesitan más magistrados, más capacitación y más presupuesto”.

A México y sus aproximadamente ciento veinte millones de habitantes aún les queda un largo camino por recorrer… bañado en sangre, demasiado tiempo.

Deportaciones. Padres e hijos separados por su estatus migratorio

Deportaciones. Padres e hijos separados por su estatus migratorio

La marihuana legalizada corre por las venas de Latinoamérica

La marihuana legalizada corre por las venas de Latinoamérica