Deportaciones. Padres e hijos separados por su estatus migratorio

Deportaciones. Padres e hijos separados por su estatus migratorio

Foto: Manifestantes en San Francisco en mayo de 2017. Pancartas: "Alto a las deportaciones, dejen de separar las familias"; "Bad hombre" (con una foto del fiscal general Jeff Sessions). Pax Ahimsa Gethen, 1 de mayo de 2017 por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

Foto: Manifestantes en San Francisco en mayo de 2017. Pancartas: "Alto a las deportaciones, dejen de separar las familias"; "Bad hombre" (con una foto del fiscal general Jeff Sessions). Pax Ahimsa Gethen, 1 de mayo de 2017 por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

Iralee Acosta- Las deportaciones masivas de indocumentados en Estados Unidos están separando familias. Según estimaciones del Centro de Estudios Migratorios de Nueva York, ya en 2013, alrededor de seis millones de niños estadounidenses vivían con, al menos, alguna persona sin estatus migratorio legal (particularmente uno de sus padres). Este tipo de situaciones llevan a que estos niños se vuelvan vulnerables a las consecuencias que dichas expatriaciones traen consigo.

La gente vive con miedo. Cuando hay rumores de redadas antinmigrantes, los padres de familia evitan llevar a sus hijos a la escuela o incluso al médico por temor a ser detenidos. Dicha situación resulta alarmante, pues tanto niños como adultos dejan de recibir la atención de salud y/o académica necesarias.

Cientos de maestros de todo el país son testigos del miedo que viven los niños, que no solo tienen que lidiar con su propio estrés, sino que también cargan con el de su familia. Esta condición les ocasiona un menor rendimiento escolar a raíz del trauma y conduce además a una mala alimentación, que deriva en daños a la salud que no reciben la atención necesaria. “La cultura del miedo creada por la deportación masiva tiene consecuencias significativas para los niños y puede socavar su capacidad de prosperar. La agenda de deportación masiva de Trump tendrá un impacto duradero en los futuros estudiantes, fuerza laboral y líderes de nuestra nación”, afirma la investigadora asociada al Centro para el Progreso Americano (CAP, por sus siglas en inglés) Leila Schochet.

Asimismo, clínicas y consultorios han notado una bajada en el número de pacientes que acudían regularmente a sus citas. Samuel L. Pierce, director médico de la clínica Monseñor Romero, en Los Ángeles, California, asegura que los problemas de salud mental se han agravado durante la presente administración del presidente Trump. Si bien el miedo ya existía desde antes de las elecciones, se observa un incremento en las personas que llegan con problemas de salud mental, depresión y ansiedad, como lo indica Ana Grande, directora de Relaciones Comunitarias de dicha clínica.

Naturalmente, los adultos hablan entre sí de la situación actual, los medios de comunicación nos bombardean diariamente con noticias al respecto y los niños reciben toda esta información. Muchos de ellos externan su preocupación de que algo malo pueda suceder a sus padres o a otros miembros de la familia, como el hecho de que sean deportados o arrestados, lo que a su vez y sin que otros lo noten, desencadena una ola de problemas más graves que podrían verse reflejados no solo en la infancia, sino en la adolescencia y en la etapa adulta.

Desde 2010, miles de niños ciudadanos han sido separados de, al menos, uno de sus padres como resultado de la deportación. El Congreso exige al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) que lleve un registro del número de personas que la agencia deporta y que tienen por lo menos un hijo de nacionalidad estadounidense. Sin embargo, las cifras reflejan exclusivamente a quienes accedieron a proveer información sobre sus hijos de manera voluntaria, pero están muy lejos de la realidad, pues hay quienes callan por miedo a la seguridad de su familia.

Aunque el número de familias separadas parece exorbitante, el ICE asegura que ha ido en descenso en los últimos años. En 2012 se deportaron cerca de 83,000 padres indocumentados, en 2015 fueron aproximadamente 31,000 y durante la primera mitad de 2016 alrededor de 15,000. No obstante, es un hecho que desde que Donald Trump tomó posesión de la silla presidencial, se ha convertido en una amenaza para los inmigrantes indocumentados, pues advierte que no descansará hasta dejar “limpio” el país de ellos y, evidentemente, eso implica que siga la separación de padres e hijos.

Cabe señalar que, después de cada deportación, el futuro de estos niños se vuelve incierto. Algunos progenitores toman la decisión de llevarlos consigo, lo cual implica que los menores abandonen su propio país; otros eligen, o se ven forzados, a dejarlos aquí. De estos últimos, varios tienen la “fortuna” de permanecer con algún familiar que presenta un estatus migratorio legal, pero los que corren con menos suerte terminan en instituciones de cuidado temporal o bien, en hogares sustitutos. También es necesario mencionar que la mayoría de las veces los hermanos son separados. Por si esto fuera poco, a pesar de que existen medidas que protegen los derechos de los padres, es sumamente difícil que, una vez que han sido detenidos o deportados, estos puedan recuperar la custodia de sus hijos.

Es increíble que el Gobierno no se dé cuenta de que, mientras dice buscar el “bienestar” de los Estados Unidos y de su gente, destruye de manera inhumana decenas de miles de familias, y con ello, a miles de residentes y/o ciudadanos, entre ellos menores, que pertenecen a este país. Indiscutiblemente, es el propio Gobierno el que debe encontrar soluciones prácticas y efectivas rápidamente para evitar que el futuro de esos niños se vea envuelto en problemas de salud física y mental y, por ende, de poca productividad e infelicidad.

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