La lección de Harvey: ¿Estamos preparados para las catástrofes?

La lección de Harvey: ¿Estamos preparados para las catástrofes?

Foto: NOAA

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Ana Stollavagli- 11,000 millones de galones de agua inundando un cuarto de los condados de Texas, 450,000 personas damnificadas, un número creciente de muertos, pérdidas millonarias, y años para reconstruir casas, comercios e industrias. Estas son las primeras cifras de una catástrofe llamada Harvey.

La comunidad científica dice que para que el peor huracán desde Charly (agosto de 2004) y Wilma (octubre de 2005) tuviera tanto poder destructivo —el viernes 25 de agosto tocó tierra como categoría 4— se combinaron varios factores, en principio, imposibles de manejar: aguas cálidas en el golfo de México, lluvias torrenciales, falta de vientos en la atmósfera superior que pudieran alejar el ciclón, vientos intensos en superficie (156 mph), subida del nivel del mar y la consecuente imposibilidad de que el agua pudiera drenar hacia la costa. Así las cosas, Harvey ya superó al huracán Ike, que hace nueve años azotó el estado.

Según el gobernador de Texas, Greg Abbott, para asistir a los damnificados se movilizaron miles de guardias estatales y federales, veinte helicópteros y sesenta embarcaciones. Sin embargo, todo ese arsenal, al parecer, no fue suficiente. Según el diario The Washington Post, los primeros auxiliadores fueron muchos de los propios afectados, que llamaban a un 911 casi colapsado y optaban por rescatarse a sí mismos y a sus vecinos. Conectadas a través de las redes sociales para pedir y ofrecer ayuda, y empleando yates y kayaks, muchas personas lograron salir de zonas anegadas para refugiarse en terrenos más altos. 

Houston, en problemas

En la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos viven más de dos millones de personas, y la cuarta parte de ellas acusó impacto por la llegada de Harvey. Y es que, la ciudad del petróleo está elevada a solo 83 pies sobre el nivel del mar (Nueva York lo está a 410 pies), se encuentra muy próxima al golfo de México, tiene canales que se adentran en ella y su gran superficie asfaltada retrasa el desagüe. Houston requirió, y requiere, mucha ayuda para este huracán, y esto podría haber demorado el auxilio a otras regiones del estado.

La respuesta a la tragedia

Semanas atrás, el director de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), William Brock Long, dijo estar preocupado porque Estados Unidos no había sido golpeado duramente por un huracán en los últimos doce años. Sus malos presagios se cumplieron a solo dos meses de haber asumido en el cargo, después de tres años como director de la agencia en Alabama (AEMA) y siete en la gestión privada. Tras la llegada de Harvey, el funcionario aseguró: “Recuperarnos de esto va a llevar mucho tiempo. Estaremos trabajando allí al menos dos años […] porque el presidente Donald Trump me dio autoridad para hacerlo”.

Hoy, en Texas, hay cinco mil empleados federales, funcionarios de la Guardia Costera, expertos del Departamento de Energía buscando fallas eléctricas y riesgos eventuales en la industria del petróleo y delegados del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Long afirmó que la respuesta a los cataclismos debe provenir de las agencias locales y federales, y que a la FEMA le corresponde cubrir lo que ellas no alcanzan. Además, señaló que se necesita prever la política de acción frente a los desastres y que los ciudadanos deben estar preparados para ser los primeros en responder con sus propios planes personales de emergencia. Su antecesor en la agencia durante los mandatos de Barack Obama, William Craig Fugate, coincidió, de alguna manera, en el diagnóstico: “Los estadounidenses tienden a ser complacientes con la posibilidad de un desastre”.

Pero entre el anterior presidente de la nación y el actual hay diferencias sustanciales también en lo que hace al manejo de catástrofes: Donald Trump propuso recortar 361 millones de dólares del presupuesto de 3,500 millones de la FEMA. Viendo la desolación que ocasionó Harvey en Texas, desde luego, no parece una decisión acertada.

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