El riesgoso abordaje del presidente Trump sobre la temática racial

El riesgoso abordaje del presidente Trump sobre la temática racial

Foto: Gage Skidmore

Foto: Gage Skidmore

Francisco Machalskys- Apenas han trascurrido dos semanas luego de que el presidente Trump ofreciera un muy criticado —por lo poco convincente— mensaje de repudio al racismo tras los bochornosos sucesos de Charlottesville, cuando retornó a la palestra de la controversia —su especialidad, al parecer— tras otorgar un polémico indulto a Joe Arpaio, exsheriff del condado de Maricopa, Arizona.

Arpaio, de ochenta y cinco años de edad, sería enjuiciado en octubre de este año por una acusación que se le formuló el pasado mes de julio sobre discriminación contra inmigrantes indocumentados y la imposición de severas condiciones carcelarias durante el tiempo de su investidura, entre 1993 y 2017. De comprobarse su culpabilidad, Arpaio sería condenado a prisión hasta por seis meses.

Argumentando que debían reconocérsele sus “más de cincuenta años de admirable servicio a la nación”, Trump le otorgó el perdón presidencial, el primero desde su llegada a la Casa Blanca.

Una vez más, la medida tomada por Trump ha despertado malestar entre las fuerzas demócratas y republicanas por igual.

Para la senadora Dianne Feinstein, desde la acera de enfrente, con este indulto “el presidente demuestra un flagrante desprecio a la aplicación de la ley en este país”. Mientras, desde la trinchera aliada, Paul Ryan, presidente del Senado, expresó: “La policía tiene la especial responsabilidad de hacer valer los derechos de todos en Estados Unidos. No debemos dejar que se piense que esa responsabilidad queda mermada con ese perdón”.

Otros líderes republicanos, como John McCain y Jeff Flake —representantes de Arizona, para mayor sorpresa—, opinaron de manera similar a Ryan, aunque el primero subrayó la idea de que “el presidente tiene la autoridad para tomar tal decisión”.

Con esta medida, y sus titubeantes declaraciones en torno a los hechos violentos de Charlottesville —en las que dio a entender que la culpa era “de los dos grupos airados” por igual, diluyendo así las provocaciones de los supremacistas blancos— el presidente Trump suma dos cuentas a su creciente rosario de alusiones, comentarios, y ahora medidas, que vislumbran peligrosamente cierta predisposición personal a aspectos raciales presentes en la sociedad estadounidense moderna.

Desde su negativa a rechazar el apoyo de grupos racialmente extremistas hacia su candidatura, pasando por la solicitud del certificado natal de Barack Obama “para comprobar si era estadounidense” y su empeño en referirse a los grupos raciales de forma monolítica, como intentando separarlos en “islas” —“los latinos”, “los musulmanes”, “los chinos”… — pareciera que el presidente Trump quiere obviar que la composición demográfica de Estados Unidos de América cambió para siempre, y seguirá cambiando.

Asimismo, su polémico primer indulto tampoco es terreno exclusivo de su peculio. De hecho, a la fecha se cuentan cinco controversiales perdones presidenciales —con este, seis— que han puesto en entredicho la fuerza de la legalidad estadounidense, desde la dispensa conmutada a Richard Nixon por Gerald Ford ante el caso Watergate, pasando por el borrón-y-cuenta-nueva de Ronald Reagan y su ex secretario de defensa Caspar Weinberger, inmerso en el caso Irán-Contra, sin olvidar el comentado indulto que Obama concedió a la exmilitar Chelsea Manning —antes Bradley Manning—, quien sería condenada a treinta y conco años de prisión por pasar secretos de Estado al portal de documentos políticos Wikileaks.

De igual manera, tampoco es ninguna novedad que el elemento racial ha estado presente en distintos mandatos a lo largo de la historia estadounidense, empezando por el tema de la esclavitud, que estuvo a punto de dividir la nación en dos. Desde Abraham Lincoln hasta Barack Obama, un gran número de jefes de Estado de la Unión Americana se han visto inmersos en este multiarístico y punzante tema, muchos de ellos salpicando su manejo desde una perspectiva personal. En tal sentido, John F. Kennedy, en su momento, declaró: “Yo espero que cada americano, independientemente de donde sea, se detenga a pensar sobre este asunto [el tema racial]. Esta nación fue fundada sobre el principio de que todas las personas fueron creadas igual, y que los derechos de todas [las personas] se hacen frágiles cuando el derecho de una se quebranta”.

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