Barcelona y los atentados ‘low cost’

Barcelona y los atentados ‘low cost’

Richard Belis

Richard Belis

Ana Stollavagli- En zig zag para abarcar más espacio, a toda velocidad para no dar tiempo a reaccionar, a bordo de un vehículo alquilado para la ocasión, atropellando a cuantas personas encuentra a su paso, a lo largo de un corredor turístico que les garantiza muchas víctimas, de varias nacionalidades. Poca inversión, daño extraordinario. El esquema de ataque en Las Ramblas de Barcelona, donde al menos trece personas murieron y más de 130 resultaron heridas al ser arrolladas por una camioneta, es el mismo que en otros siete atentados terroristas ocurridos desde el 14 de julio de 2016.

Ese día, Mohamed Lahouaiej Bouhlel, un tunecino con residencia en Francia, manejó un camión que en su recorrido de dos kilómetros por el paseo de los Ingleses, en Niza, acabó con 85 vidas durante los festejos por el aniversario de la República.

El 19 de diciembre, otro terrorista oriundo de Túnez, Anis Amri, mató a un camionero polaco para robarle el vehículo e irrumpir en un mercado navideño de Berlín, donde aniquiló a otros doce inocentes.

El tercer ataque con la misma modalidad sobrevino el 22 de marzo de este año, cuando el británico Adrian Russell —o Khalil Masood, desde su conversión al islamismo— pisó el acelerador de una camioneta sobre el puente de Westminster. Cuatro personas murieron arrolladas y una quinta, al caer en el río Támesis. El terrorista luego atacó a los guardias del Parlamento, en su intento por entrar al recinto, pero fue abatido.

Dos semanas después, otra vez un camión, ahora en Estocolmo, atropelló a decenas de peatones en una calle comercial, cerrada al tránsito vehicular. El saldo, cuatro muertos y catorce lesionados.

El 3 de junio, el terror volvió a la capital británica, con el mismo modus operandi de marzo. Tres hombres avanzaron sobre una multitud en el Puente de Londres y, al bajarse de la furgoneta, corrieron hasta el mercado gastronómico de Borough para seguir atacando con armas blancas. En total, hubo ocho víctimas fatales y cuarenta heridos.

Dieciséis días más tarde, la ecuación se invirtió y el resultado fue el mismo: el galés Darren Osorne embistió con su coche a musulmanes que regresaban de rezar en una mezquita de Londres, durante el Ramadán, y proclamó: “Ya hice lo que tenía que hacer”.

El 9 de agosto, una semana antes de la masacre en Barcelona, el argelino con residencia francesa Hamou Benlatreche atropelló con un auto a seis militares de una formación antiterrorista en Levallois-Perret, muy cerca de París.

En todos los casos, el mundo occidental condenó los ataques, y el presidente Donald Trump, incluso, ofreció ayuda a España.

Cambio de planes en España

Los investigadores del atentado en Las Ramblas creen que el atropello deliberado fue el plan B de los terroristas. Según las investigaciones, ellos, en realidad, preparaban un poderoso ataque con explosivos para matar a cientos de inocentes, pero el miércoles a la noche se produjo una detonación accidental de tanques de gas propano y butano en una casa de Tarragona. “La explosión de Alcanar —explicó el jefe de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero— hizo que ya no contaran con el material necesario para preparar atentados de mayor alcance en Barcelona”. Y entonces, se decidieron por perpetrar la salvaje matanza del jueves sobre el popular paseo turístico. Allí, a lo largo de 1,700 pies, arrollaron a hombres, mujeres y niños provenientes de España y otros 34 países, antes de abandonar la furgoneta y huir. En el vehículo, aparecieron documentos relacionados con la casa que explotó —donde también se halló pólvora— y, por este motivo, lo que en principio parecía un accidente doméstico, rápidamente se conectó con un entramado terrorista.

Horas después de la matanza en Barcelona, cinco individuos repitieron el atropello deliberado, ahora en un auto y por el paseo marítimo de Cambrils. Cuando la policía lesdisparó, el vehículo volcó, pero ellos se bajaron y siguieron atacando con cuchillos. Antes de ser abatidos, apuñalaron letalmente a una mujer.

Para entonces, Estado Islámico ya se había atribuido el atentado, como la mayoría de los otros ataques realizados bajo la misma modalidad, aunque es difícil saber si los cerebros yihadistas están detrás de ellos o si solo aprovechan la macabra devoción de sus “lobos solitarios”.

Ya no se trata de la toma de embajadas o el secuestro de aviones para estrellarlos contra edificios, porque maniobras como esas requieren dinero, tiempo y preparación, y hoy hay fuertes medidas de seguridad para impedirlas. En el último año, el terrorismo adoptó una fórmula tan siniestra y artera como aquellas, pero más rápida y fácil de ejecutar.

En 397 días, arrancaron 114 vidas de seis ciudades en cinco países, y dejaron la horrible sensación de que esto puede volver a suceder en cualquier momento y en cualquier lugar.

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