El día que nació la amenaza nuclear norcoreana

El día que nació la amenaza nuclear norcoreana

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Ana Stollavagli- Muchos nos preguntamos cuándo empezó esta locura. Donald Trump amenazando con “fuego y furia como nunca antes se vio” si Corea del Norte insiste con sus ensayos nucleares, y el régimen de Kim Jong Un desafiando con atacar Guam, solo para empezar. La respuesta podría encontrarse en la invasión norteamericana a una isla hace más de tres décadas. Y aunque el país asiático no fue protagonista del combate, el incidente parece haber sido la razón para dar comienzo a su carrera nuclear.

Días de furia

Curiosamente, la palabra furia también estuvo presente en aquellos días. Furia Urgente se llamó la operación militar encarnada por Estados Unidos y varios países del Caribe para invadir la isla de Granada, en las Antillas Menores, el 25 de octubre de 1983, en respuesta a un golpe de Estado allí ocurrido.

Desde la revolución del 13 de marzo de 1979, el territorio insular de 134 millas cuadradas cercano a Venezuela estaba gobernado por el primer ministro socialista Maurice Bishop, aliado de la Cuba de Fidel Castro y del presidente eterno de la República Democrática de Corea del Norte, Kim II Sung, el abuelo del actual líder.

En su búsqueda de apoyo internacional para reunificar las dos Coreas (separadas después de la Segunda Guerra Mundial), Sung proveyó a Granada de ayuda económica y militar. De hecho, durante una visita de Bishop a la ciudad de Pionyang, ambos líderes firmaron un acuerdo secreto por el cual la isla de las Antillas recibió doce millones de dólares en arsenales, compuestos por armas largas, municiones y hasta cohetes propulsados, según consigna del periódico The Washington Post.

Cuba, por su parte, había construido en Granada un aeropuerto civil con capacidad para uso militar, y eso también preocupaba a Estados Unidos, que había estado cerca de una guerra con la Unión Soviética cuando en 1962 descubrió sus misiles nucleares de mediano alcance en territorio castrista.

El golpe y la invasión

El 19 octubre del 83, Maurice Bishop y diez de sus funcionarios y seguidores fueron asesinados en un golpe de Estado perpetrado por su viceprimer ministro, Bernard Coard, de tendencia marxista leninista, y el general Hudson Austin, jefe del PRA (People’s Revolutionary Army, por sus siglas en inglés). El entonces presidente norteamericano, Ronald Reagan, ordenó la invasión de Granada, argumentando que le preocupaba la seguridad de seiscientos estudiantes de medicina estadounidenses que estaban allí, aunque lo que subyacía era su temor a la desestabilización de la región con la irrupción de otro Gobierno comunista. En cuatro días, 7,300 soldados a las órdenes de Washington, junto a 330 de la coalición caribeña, desembarcaron en la isla y derrotaron a los golpistas. La prensa norcoreana —agrega The Washington Post— acusó a Estados Unidos de cometer en la incursión delitos de lesa humanidad —como el bombardeo de un hospital y el ataque con misiles en áreas residenciales—, y luego, de manipular las elecciones para colocar un Gobierno “títere” en Granada.

La excusa del miedo

El presidente eterno temía que Reagan, en el marco de sus políticas anticomunistas, ordenara una operación similar en Corea del Norte, al tiempo que aumentaba los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. Consciente de que, al igual que los rebeldes granadinos, no podría con la fuerza de Estados Unidos, eligió otro camino. Así, en 1986, creó el Ministerio de la Industria de la Energía Atómica, con el declarado propósito —según The Washington Post— de desarrollar armas nucleares. Dos décadas más tarde, ya había ejecutado con éxito pruebas nucleares subterráneas y, para 2016, se había ganado por unanimidad la reprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que endureció sus sanciones por no renunciar al peligroso programa de ensayos. Sin embargo, nada parece hacer mella en el régimen norcoreano, porque, solo en lo que va de este año, sumó una veintena de lanzamientos de misiles, cada vez más certeros, hasta llegar al transcontinental, que cayó en aguas japonesas pero “podría llegar a cualquier parte del mundo”. En tanto, diversos documentos oficiales han consignado en los últimos días que, en esos misiles, Corea del Norte ya puede poner bombas nucleares tan pequeñas como destructivas.

En algunas de sus intempestivas declaraciones, que le han valido cuestionamientos dentro y fuera del país, el presidente Trump ha declarado: “Estados Unidos es más fuerte y poderoso que nunca […]. Si Corea del Norte ataca territorio o el de alguna nación aliada lo lamentará”.

La hipótesis de una embestida iniciada por Estados Unidos no ha sido planteada oficialmente por el Gobierno. Tal vez, experiencias como las de Granada han enseñado que detrás del éxito de una incursión militar puede esconderse el gen de un monstruo imposible de dominar.  

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