El primer ladrillo. La Cámara de Representantes aprueba el presupuesto para el muro

El primer ladrillo. La Cámara de Representantes aprueba el presupuesto para el muro

Hillebrand Steve, U.S. Fish and Wildlife Service [Public domain], via Wikimedia Commons

Hillebrand Steve, U.S. Fish and Wildlife Service [Public domain], via Wikimedia Commons

Ana Stollavagli- Con 235 votos a favor y 192 en contra, la Cámara de Representantes aprobó un presupuesto de 788,000 millones de dólares para el año fiscal 2018, en el que los republicanos lograron colar los 1,600 millones que había pedido el presidente Donald Trump en mayo para empezar a construir un muro en la frontera entre Estados Unidos y México. 

Este triunfo parcial del oficialismo fue posible porque se decidió dividir el presupuesto en distintas leyes ante la imposibilidad de lograr un acuerdo para su aprobación total. Con esta estrategia, en el presupuesto para el Departamento de Defensa votado el pasado jueves junto al de los Veteranos, los republicanos incluyeron el dinero para levantar la barrera en la frontera sur. Esa partida, en principio, iba a salir del Departamento de Seguridad Nacional, e incluía fondos para apoyo tecnológico y refuerzo del personal en la frontera, y su coste aún no ha sido discutido. A los demócratas no les quedó entonces más remedio que aceptarlo teniendo en cuenta que estaban en juego los fondos para el funcionamiento del Pentágono, aunque todavía guardan un as en la manga.

El presupuesto aprobado para Defensa tiene un aumento de 68,000 millones de dólares e incluye fondos para reforzar la respuesta contra ataques de misiles —en medio de la desafiante carrera nuclear de Corea del Norte—, para fortalecer la presencia militar en Irak y Afganistán y para comprar barcos y aviones de guerra.  

Con los 1,600 millones de dólares, la Casa Blanca pretende construir o mejorar unas sesenta millas al sur de Texas y otras catorce en California, en los sectores donde los agentes de la Patrulla Fronteriza realizan el mayor número de detenciones de inmigrantes que intentan entrar ilegalmente al país. Estas detenciones, no obstante, registraron una baja en los últimos meses a lo largo de toda la frontera (en junio, hubo un total de 21,659 capturas, un 53% menos que en el mismo mes de 2016), algo que algunos analistas atribuyen al temor de los extranjeros al endurecimiento de las políticas migratorias de Trump.       

Una de cal y una de arena

La aprobación del presupuesto de Defensa con la inclusión de la partida para levantar el muro sonó como música para los oídos del presidente, aunque cuando este asunto llegue en los próximos días al Senado, esa música se haya convertido para él en un estruendo. Y es que, el Partido Republicano tiene 240 bancas en la Cámara de Representantes, contra 194 del Partido Demócrata, lo que facilitó que lograran la autorización de los fondos, pese al férreo rechazo de los legisladores de la oposición a la valla fronteriza. Pero en la Cámara Alta, la ecuación es diferente, ya que para la aprobación definitiva del presupuesto, sobre un total de 100 votos, los republicanos necesitan 60 y solo tienen 52. Los ocho votos restantes deberían provenir de los demócratas, y eso difícilmente ocurrirá. Además, el tiempo apremia al Gobierno y al Congreso, teniendo en cuenta que el presupuesto para el año fiscal 2018, que rige desde octubre de 2017, debe ser aprobado, a más tardar, a fines de septiembre. Si para entonces no se obtuviera la autorización, o una extensión del presupuesto actual para seguir discutiendo uno nuevo, la Administración Trump sufriría “un cierre”, tal como sucedió en dieciocho ocasiones durante las últimas cuatro décadas; la vez anterior, en 2013, durante la presidencia de Barack Obama. En aquella coyuntura, 800,000 funcionarios quedaron sin trabajo ni sueldo hasta que el Congreso volvió a financiar al Gobierno, y solo se mantuvieron en funciones los empleados considerados esenciales, como los militares, los guardiacárceles, los controladores aéreos y los médicos de las agencias federales.                                                                          

En marzo pasado, los senadores demócratas anticiparon que dejarían que ocurriera “un cierre” si el oficialismo insistía en imponer la construcción del muro, y la Casa Blanca reafirmó que no aceptaría firmar el presupuesto si el Congreso no aprobaba la inclusión del dinero para dicho muro, una de las principales promesas de campaña de Donald Trump. Lejos de amedrentarse, el presidente aceptó el desafío opositor y, en Twitter, fue por más: “Necesitamos sesenta votos que no están. […] Elegimos a más senadores republicanos en 2018 o cambiamos las reglas. […] Nuestro país necesita un buen cierre para arreglar este desastre”.                                                  

Más allá de lo que él proclame, hasta sus propios partidarios rechazan la idea del muro, porque creen que no se justifica un gasto de 21,000 millones de dólares que resentirá aún más el vínculo con México y que afectará el comercio y la imagen del país en el mundo. Y por sobre todas las cosas, que no resolverá la cuestión de fondo: la inmigración ilegal.

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