Veteranos puertorriqueños: la cara de la injusticia y la desigualdad por parte del Gobierno

Veteranos puertorriqueños: la cara de la injusticia y la desigualdad por parte del Gobierno

E.J. Hersom/Departamento de Defensa de Estados Unidos (dominio público)

E.J. Hersom/Departamento de Defensa de Estados Unidos (dominio público)

Iralee Acosta- Para nadie es un secreto que tanto los veteranos afroamericanos como los latinos han sido el blanco de injusticias por parte del Gobierno de Estados Unidos, pues no se les han otorgado el mismo trato ni los mismos beneficios que a otros militares retirados que residen en el país. Los veteranos puertorriqueños son la prueba palpable de esto, pues durante los últimos años han padecido una serie de crisis humanitarias, socioeconómicas y de sanidad que los han obligado incluso a abandonar su isla.

Desde 1917, Puerto Rico forma parte del territorio estadounidense de manera oficial; pero fue desde 1899 cuando los boricuas comenzaron a servir en las fuerzas armadas del país. A pesar de esto, los veteranos puertorriqueños no han recibido los beneficios justos a cambio de su servicio. Aunque existe un programa de cuidado médico llamado Tricare, destinado a los miembros de los servicios uniformados activos y retirados, así como a sus familias, un estudio realizado en 2011 por el Departamento de Defensa arrojó que en la isla viven alrededor de 15,450 veteranos menores de sesenta y cinco años que no tienen acceso al Tricare Prime y que, asimismo, cerca de 6,700 dependientes de los militares activos tienen acceso únicamente a los beneficios del Tricare Standard.

Sumado a esto, las contribuciones que los veteranos que viven ahí tienen que destinar para sus pensiones han aumentado casi un 100% desde 2003, lo que evidentemente hace que las condiciones en las que viven no sean las adecuadas y provoca el abandono masivo actual. Esto resulta irónico y hasta ofensivo, puesto que el estudio del Departamento de Defensa concluyó que la extensión del programa Tricare Prime tendría un costo de aproximadamente 29.7 millones de dólares, los cuales representan solamente una fracción mínima del presupuesto que el Gobierno destina a dicho departamento.

Entre 2003 y 2015, Puerto Rico perdió alrededor de 52,000 veteranos. Durante ese periodo, el índice de población en la isla bajó de 142,000 a 90,000 habitantes, y esto se debe también a que, en una época de guerras, el número de boricuas que se matricularon en el ejército fue casi el doble que el resto de los estadounidenses. En teoría, la cifra de veteranos en la isla debió de haber aumentado; sin embargo, no fue así. Por otra parte, mientras que el 32% de la población total en Puerto Rico tiene cincuenta y cinco años o más, alrededor del 73% de estos son veteranos, lo que indica que los veteranos jóvenes están abandonando la isla y únicamente aquellos que están envejeciendo permanecen en ella.

Desde la Segunda Guerra Mundial, los veteranos puertorriqueños han sido un instrumento fundamental para el bienestar socioeconómico de la isla. Pero un reporte del Departamento de Asuntos para Veteranos indica que alrededor del 40% de ellos y sus beneficiarios se mudaron a Estados Unidos antes de 2015, y esto, evidentemente, ha representado un fuerte golpe económico para la clase media.

El Gobierno, en su intención de ahorrar fondos e invertirlos mejor, se ha ido olvidando de la importancia de los veteranos tanto para el país como para su gente. Es un hecho que cada dólar que el Estado reduce de programas destinados a este sector de la población es un dólar menos en Puerto Rico. Como consecuencia, el pueblo ha exigido tanto al Congreso como a la Casa Blanca, que son los encargados de enviar a cientos de miles de soldados a la guerra, que aseguren una mejor calidad de vida a aquellos que estuvieron dispuestos a pagar un precio mayor para salvar a su nación, al grado de sacrificar sus vidas.

Por su parte, la comisionada residente, Jenniffer González Colón, exigió al secretario del Departamento de Defensa, James Mattis, solucionar el problema de desigualdad que se presenta en el programa Tricare Prime, en el que los veteranos residentes de Puerto Rico y sus beneficiarios son tratados prácticamente como si fueran extranjeros. “El secretario de Defensa tiene en sus manos la facultad para hacer justicia a los miles de veteranos, residentes en la isla, que han luchado por la democracia y la libertad junto a sus compatriotas del resto de la nación. Ellos merecen los mismos beneficios al regresar de sus misiones y no deben ser discriminados por el lugar en el que residen”, señaló González Colón.

Del mismo modo, el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, en un discurso que dio el Día de los Caídos en Guerra (Memorial Day, en inglés), dijo estar comprometido para fomentar la paz tanto en la isla como en Estados Unidos, así como para velar por el bienestar de sus veteranos: “Nos han dado la oportunidad, a esta generación, de echar a Puerto Rico y a nuestra nación hacia adelante. Pobres son las jurisdicciones que no cuentan con héroes y heroínas, y es lamentable aquellas que los tienen y que no los recuerdan. […] Voy a trabajar arduamente y ese es mi compromiso con ustedes”. Asimismo, Roselló recordó que sus dos abuelos eran militares y que uno de ellos le mostraba fotografías de quienes él consideraba sus “hermanos”, aquellos que dieron el sacrificio máximo para que el pueblo pudiera gozar de las libertades que hoy disfruta.

Por otro lado, como muestra del compromiso del Gobierno boricua de conseguir que Puerto Rico forme parte de los Estados Unidos en su totalidad, de que su gente reciba un trato justo y de que, por ende, se reduzca la crisis económica de la isla, el domingo 11 de junio se llevó a cabo una votación para que el territorio se convierta en el estado número 51 del país norteamericano. Un 97.18% de los ciudadanos optó por la estadidad, el 1.5% prefirió independizarse por completo y el 1.32% eligió permanecer en su estatus actual de Estado Libre Asociado (ELA). Sin embargo, se ha puesto en duda la validez del referendo, pues únicamente el 23% de los electores ejerció su voto. Si bien lo ocurrido no decidirá la situación de Puerto Rico, es un hecho que el Congreso deberá tomar cartas en el asunto y buscar una decisión.

Por último, es necesario mencionar que la desigualdad con la que han sido tratados nuestros veteranos ha sido tan marcada, que genera una tristeza y decepción profundas con el sistema. ¿Qué pasaría si el Gobierno federal les ofreciera a todos los veteranos vivir en las mismas condiciones de aquellos que son latinos o afroamericanos? Indudablemente, menos soldados se matricularían, lo que se reflejaría en una mayor inseguridad no solo a nivel nacional, sino mundial.

Sin duda alguna, lo ideal sería mostrar un mayor agradecimiento hacia esas personas que sacrificaron todo, dejaron a miles de familias mutiladas y, por ende, están necesitadas de apoyo. Es hora de que tanto el Gobierno de Estados Unidos como sus ciudadanos reflexionen sobre el valor que tiene lo que sucede “allá afuera”, con la única finalidad de cuidar lo que se encuentra “ahí adentro”.

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