Los niños deben aburrirse

Los niños deben aburrirse

Cade Martin, Dawn Arlotta, USCDCP/Pixnio (CC0)

Cade Martin, Dawn Arlotta, USCDCP/Pixnio (CC0)

Camila Ogallar- Uno de los primeros recuerdos de mi infancia son los juegos que salían de mi imaginación: casas hechas con palos, muñecos que se convertían en mis alumnos y mucho más. Podía crear un reino o una casa de familia, todo dependía de si me levantaba con ganas de ser reina o de ser una mamá. La imaginación era mi fuente de diversión.

Los tiempos cambian y no me gustan las comparaciones, pero creo que es fundamental que los niños se aburran para desarrollar su imaginación, para crear juegos y personajes, para ejercitar la mente. No es bueno que todo sea fácil, que tengan los juguetes que quieran, que las cosas estén al alcance de sus manos, porque esa no es la vida real. Entiendo que no hay nada más gratificante que sorprender a un hijo con el juguete deseado, pero lo ideal es hacerlo en una ocasión especial.

También es fundamental fomentar la lectura en los chicos para que abran su mente. Los niños aprenden a partir del ejemplo, por lo que es importante que, si queremos que lean, nos vean leer. Así con todo.

En la actualidad, los niños están inundados de tecnología, de distracción constante, de diversión fácil, pero de corta duración. Sin embargo, los menores necesitan tiempo para “no hacer nada”, para imaginar y perseguir sus propios procesos de pensamiento, o simplemente, observar el mundo que los rodea. Eso alimenta la imaginación, mientras que las pantallas provocan todo lo contrario.

Puede sonar raro que los niños deban aburrirse, pero si dejamos que disfruten de esos momentos, van a lograr tener sus mejores ideas o que, con cosas simples, como una botella de plástico o una caja, puedan crear un mundo nuevo. Lo ideal es reservar tiempo para dedicarnos exclusivamente a jugar con ellos; apagar los celulares y que lo único importante sea compartir tiempo de calidad. Sé que es difícil, que a veces estamos cansados y lo más fácil es acercarles un iPad y que no nos pidan más nada. Pero ¿qué recuerdos les van a quedar a nuestros hijos?

Hay modas constantemente; distintos juguetes y electrónica que todos tienen e invaden las casas y los colegios con rapidez. La última moda son los spinner, ruedas giratorias de dos y tres brazos que ya han llenado los colegios de Estados Unidos y de Europa. Vienen con el eslogan de que “ayuda a desestresar a los chicos”. La pregunta sería: ¿desestresarlos de qué? Los profesores se quejan porque dicen que, en vez de calmarlos, los distraen en clase. Para los padres es un negocio redondo: cuestan pocos dólares y se juegan en silencio. Es una de las tantas novedades que duran un tiempo y a los pocos meses ya nadie se acuerda de ellas.

En conclusión, cada vez hay más distracciones para nuestros hijos, pero es tarea de los padres encontrar el equilibrio. Personalmente, creo que todos los extremos son malos; no hay que prohibir, ni tampoco dejar que ellos elijan todo. Lo difícil está en encontrar el punto medio. Que formen parte de lo que los rodea, pero que nunca se olviden de lo realmente importante. Y es complicado, pero ¿quién dijo que ser padres fuera una tarea fácil? Lo mejor de la vida conlleva esfuerzo, y sentir que estamos haciendo las cosas medianamente bien con nuestros hijos es de lo mejor que tenemos.

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