¿Quién miente? James Comey testifica sobre la extraña solicitud de “lealtad” por parte de Trump

¿Quién miente? James Comey testifica sobre la extraña solicitud de “lealtad” por parte de Trump

Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos, 13 de junio de 2016 por Creative Commons (CC0)

Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos, 13 de junio de 2016 por Creative Commons (CC0)

Ana Stollavagli- Este jueves, el exdirector del FBI, James Comey, declaró ante el Comité de Inteligencia del Senado, un día después de que envió un informe oficial sobre los encuentros que mantuvo con el presidente Donald Trump. Ante los miembros de la Cámara Alta, el exfuncionario se refirió públicamente a su despido por primera vez, y acusó a la Casa Blanca de mentir lisa y llanamente, difamándolo a él y a la institución: “Quiero que el pueblo estadounidense conozca esta verdad: el FBI es honesto, el FBI es fuerte, y el FBI es y siempre será independiente”.

Según Comey, en poco más de cuatro meses tuvo nueve contactos con Trump, y nunca por voluntad propia. La cifra contrasta con las dos reuniones que recuerda haber tenido con el expresidente Obama, la segunda de ellas, para despedirse de quien lo había nombrado al frente de la Oficina Federal de Investigaciones, en 2013.

Las características de los encuentros con el nuevo inquilino de la Casa Blanca inauguraron en Comey la costumbre de asentarlos en memorandos: “Honestamente, me preocupaba que pudiera mentir acerca de la naturaleza de nuestra (primera) reunión, así que pensé que era realmente importante documentarla”.

El exdirector dijo que el primer encuentro fue el 6 de enero en la Torre Trump de Nueva York. Allí, junto con los líderes de la Comunidad de Inteligencia (IC), le informó al mandatario electo sobre la investigación acerca de los esfuerzos de Rusia para interferir en los comicios nacionales, y le advirtió sobre la existencia de un “material lascivo y no comprobado” que la prensa estaba a punto de publicar. Se trataba del informe de un investigador británico que –en conjunto con un oficial ruso que apareció muerto en su auto–, entre otras afirmaciones, indica que existen fotos de supuestos encuentros sexuales de Trump con prostitutas en Moscú.

Dieciocho días después, volvieron a verse las caras en una cena a solas, cuya propuesta se endilgan el uno al otro. En esta ocasión –afirma Comey–, Trump le dijo: “Necesito lealtad”, a lo que el entonces director respondió: “Usted siempre recibirá mi honestidad”. El presidente, por su parte, retrucó: “Eso es lo que quiero, lealtad honesta”, una sentencia que ambos interpretarían de maneras muy diferentes.

En la misma cena, se supone que el presidente negó enfáticamente los hechos descritos en aquel “informe lascivo”, del mismo modo que en la llamada telefónica que le hizo a Comey al FBI el 30 de marzo, cuando le preguntó cómo despejar “la nube” de la investigación de esta agencia sobre una posible colusión entre miembros del equipo de la campaña de Trump y funcionarios rusos durante y después de las elecciones el pasado noviembre.

Un mes y medio antes, al final de una reunión sobre contraterrorismo en el Salón Oval –según la versión de Comey–, el mandatario se quedó a solas con él para referirse al asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, quien acababa de renunciar luego de haber negado sus conversaciones con el embajador ruso en diciembre, antes de la juramentación: “El presidente comenzó diciendo que Flynn no había hecho nada malo pero que (él) tuvo que dejarlo ir porque le mintió al vicepresidente (Mike Pence)… Yo espero que usted pueda ver la manera de dejar pasar esto de Flynn. Él es un buen tipo”.

Comey afirma que él entendió “que el presidente pedía que dejáramos de investigar a Flynn”, mientras que los defensores de Trump interpretan que el mandatario estaba expresando un deseo y no una orden. A través de su cuenta de Twitter, su hijo Donald Jr. expresó: “Esperar y decir son dos cosas muy diferentes. Uno esperaría que alguien como Comey sepa esto”. Comey también indicó que no denunció aquella supuesta orden porque era inminente el apartamiento del fiscal general Jeff Sessions de una investigación independiente sobre la injerencia rusa.

Comey no dio mayores precisiones sobre dicho entremetimiento, ni en el escrito ni en la audiencia, pero cuando se le preguntó si era cierto que hackers rusos intentaron interferir en los comicios estadounidenses con el conocimiento de “lo más alto” del Kremlin, respondió: “No tengo dudas”. Con el mismo énfasis contestó que “no”, cuando la interrogante fue si esas maniobras consiguieron alterar los votos.

Y ahora ¿qué?

Comey fue el funcionario en cuya gestión se investigó a la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, por el uso de un servidor privado para el envío de correos electrónicos con información confidencial. Una indagación que se reflotó a menos de dos semanas de las elecciones, y a la cual los demócratas culpan de la derrota electoral.

Comey fue también el funcionario más molesto para el presidente Trump, y terminó siendo echado a instancias del fiscal general Jeff Sessions, por deteriorar “la credibilidad y el prestigio” del FBI en aquella pesquisa. El exdirector sugirió ahora que su despido fue para cambiar el curso de la investigación sobre los vínculos entre Trump y Rusia, la única –dijo– sobre la que el presidente intervino. El senador demócrata Mark Warner le preguntó: “¿Alguna vez Trump le pidió actuar de alguna manera en cualquier otra investigación de las decenas de miles que tiene el FBI?” La respuesta tajante fue “no”.

El nuevo fiscal especial Robert Mueller dirige hoy esa pesquisa, ya que después de su nombramiento, Donald Trump tuiteó que estaba padeciendo “la mayor caza de brujas en la historia de Estados Unidos”. Comey rehusó contestar si el presidente había obstruído la Justicia y se limitó a decir que no le corresponde a él afirmarlo. Sin embargo, en su alocución, envió un mensaje llamativo al FBI: “Sigan actuando bien el tiempo que puedan”.

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