Cuba: un ‘boom’ informático por ahora bajo el control del régimen

Cuba: un ‘boom’ informático por ahora bajo el control del régimen

Pexels (CC0)

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David Guzmán Fonseca- Cuba ha sufrido múltiples cambios sociales en los últimos años, no solo por la muerte del líder de la Revolución Fidel Castro, sino también en términos de libertades económicas y por la apertura al contexto internacional. En este sentido, la flexibilización de las limitantes a la iniciativa privada, en una economía que durante décadas ha sido controlada de forma centralizada por el Gobierno, es uno de los avances más importantes que destaca en la prensa internacional.

Uno de los mercados que más ha crecido desde hace un par de años es el de la tecnología y la informática, en particular, en el ámbito de los programadores de videojuegos y computadoras. No, no está usted leyendo mal, Cuba tiene el potencial de ser uno de los centros tecnológicos e informáticos más importantes de la región. Paradójicamente, la gran ventaja inesperada de los cubanos se debe, entre otras razones, a la complicada situación mencionada previamente: la economía centralizada y controlada por el Gobierno comunista. En las décadas que siguieron a la Revolución cubana, el Gobierno de Fidel Castro se enfocó en mejorar la calidad y la productividad de los cultivos de azúcar con métodos productivos sistematizados y cibernéticos. En ese momento, empezaron a capacitarse más cubanos para trabajar por y para el Estado, así que, al aprender, ahora tienen el potencial de impulsar la industria tecnológica en la isla.

Desde el momento en que los Estados Unidos se acercaron a Cuba durante el Gobierno del presidente Obama, la isla se ha abierto a la posibilidad de establecer nuevas opciones de negocios que vengan desde las iniciativas de los ciudadanos. Por ejemplo, gigantes informáticos como Google han contratado programadores cubanos a los que les pagan 5 dólares la hora (lo que es muy inferior al salario mínimo federal en los Estados Unidos, que es de 7.5 dólares la hora, sin mencionar lo que gana un programador norteamericano promedio: 38.24 por hora, según datos de 2016 del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos). De la misma forma, a pesar de las serias limitaciones que aún persisten dentro de la isla, los cubanos no han sido ajenos al boom de las redes sociales y al uso masivo de internet.

Como otro ejemplo, los programadores cubanos que deben trabajar bajo la modalidad de “cuentapropistas” han tratado de implementar aplicaciones que permitan la compra de alimentos para las personas que viven en la isla desde cualquier parte del mundo, o que los turistas puedan buscar habitaciones para hospedarse durante su viaje por Cuba.

A pesar de los avances que se han conseguido, las restricciones impuestas por el régimen han sido múltiples y aún persisten. Si bien es un avance que el Gobierno haya implementado más de 100 hotspots de WiFi en la isla, que cobran alrededor de 1.50 dólares la hora, estos resultan insuficientes para montar una industria y también son sumamente costosos para una población que, según estadísticas oficiales, recibe un salario mensual que no sobrepasa los 25 dólares al mes (encuestas recientes reportan que los salarios pueden ser mayores, aunque no por mucho).

Adicionalmente, debido a que en gran medida estas iniciativas cuentan con el apoyo de fundaciones e inversores internacionales y necesitan de un acceso a internet continuo, el Gobierno cubano todavía busca ejercer el férreo control que ejerció durante décadas sobre sus ciudadanos: cómo y con quién se comunican. Por ejemplo, aunque ha aumentado el número de hotspots de WiFi en parques y sitios públicos —como la emblemática heladería Coppelia en La Habana y se ha implementado un piloto de internet en las casas (con poca cobertura), Cuba sigue siendo uno de los países con menor acceso a internet. De los más de 11 millones de habitantes de la isla, solo cerca de 100,000 pueden acceder de forma diaria al internet, es decir, menos de 1% de la población.

Por esta razón, a pesar del potencial que tiene Cuba para convertirse en cuna de la programación y fuente de nuevos aplicativos tecnológicos, muchos cubanos aún no encuentran la posibilidad de prosperar en su propio país y por el contrario, buscan irse a otros lugares donde puedan conseguir trabajos con salarios más altos. Si bien el Gobierno podría crear las oportunidades para que los ciudadanos exploten su potencial, prefiere preservar los vestigios de un régimen comunista y centralizado en el que no hay iniciativa privada, acceso libre a la información o acceso a tecnología extranjera de última punta, y mucho menos inversión extranjera (aún menos de los Estados Unidos).

Mientras el Gobierno cubano se resista a ver el potencial que tienen sus ciudadanos y siga empecinado en conservar vestigios de lo que alguna vez fue el régimen, cada vez más cubanos seguirán abandonando la isla, llevándose con ellos sus conocimientos, sus sueños y la posibilidad de generar un mejor futuro para todos. Por ahora los sueños de un boom informático siguen bajo el control del régimen, un control que cada vez se le sale más de las manos.

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