El TLCAN, en el limbo

El TLCAN, en el limbo

Keepscases, 8 de octubre de 2009 por Creative Commons (CC BY-SA 3.0)

Keepscases, 8 de octubre de 2009 por Creative Commons (CC BY-SA 3.0)

Cristina Jácome- El presidente Donald Trump anunció en enero su intención de comenzar la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Las discusiones, que se estima comenzarán en junio de este año, estarán enfocadas principalmente en las tarifas o impuestos de los países integrantes, ya que el nuevo Gobierno ha dado la pauta de que se presione severamente para traerlas de vuelta. Este posible cambio podría afectar a toda la dinámica del comercio entre los países de América del Norte. De igual manera, podría causar un desbalance significativo en el comercio del mundo entero.

Este gran paso ha estado en la mira de muchos, ya que el presidente Trump, durante su campaña electoral, definió el TLCAN como “el peor tratado de comercio de la historia”. ¿Pero qué es el TLCAN exactamente? Es un acuerdo comercial que está conformado por Canadá, México y Estados Unidos, cuyo objetivo inicial era crear una zona de libre comercio, con un costo reducido para el intercambio de bienes entre los tres países. El tratado entró en vigor en enero de 1994 y su enfoque está en el libre intercambio de textiles, agricultura y manufactura de automóviles; busca también proteger la propiedad intelectual, establecer mecanismos de resolución de disputas y, por medio de acuerdos colaterales, la implementación de salvaguardias laborales y del medio ambiente.

Inicialmente, el TLCAN gozó del apoyo de los dos principales partidos políticos estadounidenses. El pacto fue negociado por el presidente republicano George H.W. Bush, en 1992, y más tarde, en 1993, fue aprobado por el Congreso con una mayoría republicana, e implementado por el Gobierno del presidente demócrata Bill Clinton. Los dos presidentes pensaban que este tratado crearía cientos de miles de trabajos nuevos al año. Además, la esperanza era que a través del libre comercio se lograra un mayor crecimiento económico para México, con nuevos empleos, oportunidades para la creciente fuerza de trabajo y, al mismo tiempo, desalentar la migración ilegal del país vecino.

Aunque se comenzó con mucho optimismo, el TLCAN se ha mantenido en el centro del debate sobre libre comercio, ya que desde un principio hubo quienes no lo vieron con buenos ojos. Una de las críticas que recibió fue sobre la marcada diferencia entre el nivel socioeconómico de los ciudadanos de los países implicados, con Estados Unidos y Canadá, por un lado, y México, por otro. El argumento utilizado fue que dichas diferencias plasmadas, entre otros, en los salarios de estos países causarían una salida de trabajos, especialmente desde los Estados Unidos al otro lado de la frontera del sur.

Esa misma crítica ha sido utilizada por el presidente Trump, quien mantiene que el TLCAN es un tratado injusto y que la pérdida de trabajos, así como el estancamiento de los sueldos en los Estados Unidos lo causa la competencia de salarios bajos, las compañías que se van a México para producir a costos más bajos y el aumento del déficit comercial. El presidente Trump advirtió que su administración quiere renegociar el tratado o abandonarlo.

Las declaraciones del presidente señalan a México como el núcleo de los problemas del tratado, pero bien es cierto que la relación comercial entre Estados Unidos y Canadá no ha sido tan exitosa como se cree. Desde el comienzo, ha habido treinta y nueve quejas en contra de Canadá, la mayoría hechas por los Estados Unidos. En cambio, México solo tiene veintitrés quejas en contra y los Estados Unidos, veintiuna. Sin embargo, la nueva relación entre el presidente Trump y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, después de haberse conocido, nos muestra que todavía existe una alianza especial entre los dos países.  

Pasado el tiempo, y a pesar de los altibajos entre los países integrantes, los economistas, en su mayoría, están de acuerdo en que el tratado ha traído muchos beneficios para la economía. De acuerdo al reporte del Servicio de Investigación del Congreso, los tratados de libre comercio aumentaron drásticamente durante las dos primeras décadas del convenio, de 290,000 millones de dólares en 1993 a 1.1 billones en 2016.

Sin embargo, el impacto económico del TLCAN es, en general, complicado de medir. Los mismos expertos también apuntan que ha sido difícil extrapolar los efectos directos de otros factores, como el rápido cambio tecnológico, el intercambio comercial con países como China y las afectaciones a industrias, que han recibido fuertes irrupciones al perder su segmento de mercado por la nueva competencia. Es complejo también saber cómo las tendencias de inversión y comercio tuvieron influencia en variables como el crecimiento de la economía, la inflación y la fluctuación en las monedas.

Lo cierto es que el tratado aceleró, y también bloqueó, el comercio que ya estaba en proceso desde antes de este. Sin embargo, lo importante del TLCAN es que se convirtió en el pacto de comercio más completo de ese entonces, además de que introdujo provisiones innovadoras. El reporte del Servicio de Investigación del Congreso afirma que el legado que deja el TLCAN es el de haber servido como modelo para la nueva generación de tratados de libre comercio que los Estados Unidos negoció más tarde.

A pesar de todas estas disputas, según los expertos, las relaciones de comercio en este convenio todavía están entre las mejores del mundo, y por esa misma razón el presidente Trump tendrá dificultades para renegociarlo. En cuanto a la idea de romper el TLCAN, muchos especialistas canadienses y estadounidenses dicen que no valdría la pena. Los tres países están tan entrelazados los unos con los otros que destruir toda esa integración no sería beneficioso para el comercio ni para su propio crecimiento económico.

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