Una primavera trágica para el periodismo mexicano

Una primavera trágica para el periodismo mexicano

Homenaje a Miroslava Breach Velducea días después de su asesinato, en la Cruz de Clavos en Chihuahua. Laura Carrasco, 24 de marzo de 2017 por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

Homenaje a Miroslava Breach Velducea días después de su asesinato, en la Cruz de Clavos en Chihuahua. Laura Carrasco, 24 de marzo de 2017 por Creative Commons (CC BY-SA 4.0)

Camila Ogallar- Solo en el mes de marzo, tres periodistas fueron asesinados en México. En el último año, hubo once víctimas mortales, y desde el 2000, el número asciende a 103, según datos de la Procuraduría General de la República de México.

Miroslava Breach, periodista corresponsal de los periódicos mexicanos La Jornada y Norte de Juárez, tenía cincuenta y cuatro años y veintidós de profesión. Fue acribillada a tiros cuando salía de su casa a las 6:53 a.m., en la colonia de Las Granjas, en el estado de Chihuahua. Como cualquier otra mañana, llevaba a su hijo al colegio; nada hacía presagiar este trágico final. Javier Corral, gobernador de Chihuahua, reconoció que el motivo del asesinato fue su trabajo periodístico de “ahora y de antes”, a través del cual pretendía sacar a la luz los supuestos vínculos del narcotráfico y la política estatal. La propia Fiscalía podría haber identificado a uno de los asesinos de la periodista.

Miroslava era conocida por ser crítica y por no tener miedo a la hora de decir nada, de hecho, había recibido varias amenazas, que ignoró y que jamás impidieron que siguiera realizando su trabajo. Uno de los últimos temas que denunció fue cómo centenares de familias campesinas habían sido desplazadas de sus comunidades, perdiéndolo así todo, a manos de narcotraficantes, que las dejaron sin salida, custodiándolas día y noche para que no pudieran volver a sus hogares. En su artículo, la valiente periodista especificaba que habían pedido ayuda al presidente Enrique Peña Nieto, sin recibir respuesta. Pero no se detuvo ahí y publicó un artículo, en el que daba incluso nombres, estableciendo relaciones entre crímenes organizados y los partidos políticos.

Otra de las víctimas fue Cecilio Pinedo, asesinado el 2 de marzo en un municipio de la Tierra Caliente de Guerrero, una de las zonas más pobres de México, donde vivía y donde generalmente cubría las noticias. Vale destacar que es una región donde es común la siembra de marihuana, opio y donde habitualmente se producen secuestros. Cecilio trabajaba en su propia cuenta de Facebook, donde siempre decía lo que creía, sin callarse nada. El mismo día de su asesinato denunció, en un vídeo en vivo, a unos sicarios de “los tequileros”, acusando también a la policía de tener un arreglo con ellos.

Cecilio no solo era periodista, sino que, gracias a su trabajo, logró también convertirse en un líder de opinión. Las autoridades declararon que saben quiénes ordenaron su asesinato, pero no quién lo ejecutó.

Para Ricardo Monlui, el 19 de marzo era una día normal en el se había juntado a desayunar con amigos y familiares, pero al salir del restaurante le dispararon y murió allí mismo. Era director del diario El Político, de Córdoba, y colaboraba en diversos diarios locales. Irina Bokova, directora general de la Unesco, condenó este trágico suceso.

Monlui no contaba con ninguna medida cautelar de vigilancia, ya que no se consideraba que tenía riesgo (no estaba incluido en el esquema de protección estatal de reporteros). Se cree que no lo mataron por lo que dijo sino por lo que sabía. Por supuestas amistades y por haber sido jefe de prensa de la unión nacional de productores de caña de azúcar, tenía un gran conocimiento sobre esta industria que, lamentablemente, es muy castigada por el crimen y las mafias. El municipio donde se produjo el crimen, Yanga, es el epicentro de la industria azucarera y era un punto fundamental de su diario.

El pasado 29 de marzo, también fue atacado a balazos en Veracruz, en la puerta de su casa, el periodista Armando Arrieta. Afortunadamente no murió, pero hubo de ser intervenido de urgencia. Y de nuevo, en abril, un cuarto periodista fue asesinado a balazos, Max Rodríguez, en el estado de Baja California Sur, donde cubría asuntos policiales para el medio Colectivo Pericú. Después de esta temporada trágica, México es el país de Latinoamérica más peligroso para ser periodista y donde esta profesión pasó a ser de alto riesgo.

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