A diferencia de Estados Unidos, las políticas migratorias se vuelven más abiertas en Latinoamérica

A diferencia de Estados Unidos, las políticas migratorias se vuelven más abiertas en Latinoamérica

Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, 21 de septiembre de 2011 por Creative Commons (dominio público)

Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, 21 de septiembre de 2011 por Creative Commons (dominio público)

Cristina Jácome- Mientras en Estados Unidos se firma una de las políticas migratorias más duras de los últimos tiempos, los flujos migratorios de algunos de los países latinoamericanos se abren, y muestran una creciente importancia cultural, social y económica.

El presidente Trump dio un arriesgado paso al firmar su primera orden ejecutiva el 27 de enero de este año, para limitar drásticamente la entrada a ciudadanos de algunos países de Oriente Medio que estaban viajando o emigrando a los Estados Unidos. La reacción de la ciudadanía fue visceral. La gente salió a protestar en varios aeropuertos de la nación para apoyar a familiares y amigos que estaban detenidos por los oficiales de inmigración, quienes a su vez todavía no entendían bien las nuevas leyes impuestas por la inexperta Administración. Las protestas tuvieron lugar a nivel nacional en Nueva York, Filadelfia o Los Ángeles, y a nivel internacional en Londres, París, Berlín, Hong Kong y muchas ciudades más. Esa orden fue finalmente bloqueada por el juez federal James Robart, que puso en duda su constitucionalidad. Días más tarde, el presidente Trump despidió a la fiscal general, Sally Yates, por negarse esta a aplicar la orden, lo mismo que al director de Aduanas, Daniel Ragsdale.

Después de ese primer intento, el presidente Trump decidió revisar e implementar nuevamente una orden ejecutiva, que entraría en vigor el 16 de marzo, pero esta también fue detenida por un juez federal, Derrick Watson de Hawái. Su objetivo era proteger a la nación de terroristas que entran al país del extranjero. Así como en la primera versión, la orden imponía noventa días de prohibición de entrada a viajeros nacionales de Irán, Somalia, Sudán, Yemen, Siria, Libia, y a refugiados hasta que el Gobierno analizara cómo fortalecer los procesos de entrada de extranjeros al país. A diferencia de la orden ejecutiva anterior, esta vez estaban exentos los ciudadanos de Iraq y, en general, los que tenían residencia permanente en los Estados Unidos, es decir, los que poseían una tarjeta verde o Green Card. Estas últimas decisiones, además de una aceleración en las deportaciones, han creado mucha inseguridad y miedo en las personas que antes no tenían este tipo de preocupaciones.

En cambio, en América Latina, se viaja libremente y se goza de políticas migratorias con muchas menos trabas que permiten a sus ciudadanos tomar decisiones con facilidad. Específicamente en América del Sur, se está pasando por una era migratoria bastante más fluida. Si bien es cierto que históricamente los ciudadanos de estos países tienden a salir a vivir en otros lados, también existe mucha migración hacia estos países, dependiendo de la situación política o económica en la que encuentren. En otras palabras, algunos países han pasado de ser mayormente emisores a ser principalmente receptores de emigrantes.

Por ejemplo, Argentina, pese a sus altibajos económicos, es el país sudamericano que más inmigrantes interregionales recibe. De acuerdo con las últimas cifras de la ONU, este país acoge a más de dos millones de personas, más o menos el 4.5% de su población total. De esos dos millones, hay nacionales chilenos y uruguayos, debido a una fuerte corriente migratoria que tuvo lugar hace algunos años, aunque en este momento la mayoría de inmigrantes proviene de Bolivia, Paraguay y Perú.

Muchos argentinos piensan que estos recién llegados pueden quitarles el trabajo, pero un estudio realizado por la Organización Internacional de Migraciones (OIM) concluyó que el incremento de inmigrantes “no incide en el nivel de desocupación de los nativos”. Los inmigrantes “complementan y no sustituyen a los trabajadores locales, generando un impacto positivo en la sociedad argentina”. 

Al contrario de Argentina, Venezuela ha pasado de ser un país receptor a un país emisor. Antes un país próspero, ha visto cómo se desmoronan sus estándares económicos y sociales, lo que ha llevado a sus ciudadanos a emigrar a prácticamente cualquier país disponible. Panamá, por citar un caso, es un país al que se han trasladado más de 35,000 venezolanos y donde gozan de una mejor calidad de vida. Otro ejemplo es Chile, un país que se ha convertido en un imán migratorio por su gran crecimiento económico y su aspecto “primermundista”. De hecho, en este momento está sufriendo una verdadera invasión de venezolanos.

Brasil, por su lado, aunque es el país más poblado de la región, con más de 200 millones de personas, se ubica detrás de Argentina y México en cuanto al número de extranjeros que acoge; según la ONU, 713,000. Los principales países de procedencia de sus inmigrantes son Portugal, Japón, Paraguay y Bolivia. Este país, adicionalmente, da residencia temporal por razón de nacionalidad a los ciudadanos de Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú por ser parte de Mercosur.

Mercosur es El Mercado Común del Sur, un proceso de integración regional instituido inicialmente por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Este grupo de países tiene un acuerdo sobre residencia que ofrece las oportunidades más amplias de la región. Uno de los beneficios es que los nacionales de los países integrantes pueden solicitar un permiso de residencia temporal por dos años con derecho a trabajo. Además, este permiso puede convertirse en permanente, y para obtenerlo se exige que los solicitantes confirmen que no tienen antecedentes penales.

El Ecuador, por otro lado, tiene su política migratoria aún más abierta. Aunque está asociado al acuerdo de residencias de Mercosur, este país solo exige visa de turista a los cubanos entre los países latinoamericanos. Una vez dentro del Ecuador, se puede solicitar un permiso temporal de residencia que, en el caso de los miembros de Mercosur, permite residir en el país de forma temporal, pero con el requisito de no tener antecedentes penales. Más allá del acuerdo de Mercosur para otorgar permisos de residencia temporal, tiene junto a Colombia y Perú un acuerdo que da beneficios similares en el marco de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Aunque la migración es relativamente abierta en América del Sur, no es así en toda América Latina. En Panamá, por ejemplo, existe un tratamiento preferencial para los extranjeros que pertenezcan a “países que mantienen relaciones amistosas, profesionales, económicas y de inversión”, como por ejemplo Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México, Paraguay y Uruguay. Esos países pueden recibir un permiso de residencia permanente, pero deben contar con una carta de referencia bancaria. Asimismo, pueden solicitar un permiso de trabajo aparte, lo cual es bastante costoso (un promedio de 2,300 dólares). Cabe destacar, sin embargo, que cualquier opción de emigración a Panamá es limitada, porque hay una lista de veintisiete profesiones que están reservadas por ley a los ciudadanos panameños, como barbería, ingeniería, medicina, derecho, periodismo y cosmetología, entre otras.

América del Norte, América del Sur y América Central tienen una gran variedad de políticas migratorias que van cambiando con el tiempo y que afectan o benefician a ciertos grupos de personas y a sus familias. Estados Unidos está cerrando sus puertas al inmigrante, mientras que más al sur se están abriendo. Lo que sabemos con certeza es que todos los países de este continente se cimientan en una historia de inmigrantes, quienes lucharon por tener una vida mejor y que en el camino han enriquecido a la sociedad, la cultura y la economía de esos mismos países. El respeto a los inmigrantes es tan básico como el respeto a uno mismo.

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