Eventos deportivos masivos: Brasil tras la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos

Eventos deportivos masivos: Brasil tras la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos

Gabriel Heusi, 15 de mayo de 2016 por Creative Commons (CC BY 3.0 BR)

Gabriel Heusi, 15 de mayo de 2016 por Creative Commons (CC BY 3.0 BR)

Omar Pérez Morales- Brasil experimenta los mismos problemas que México, Grecia o Sudáfrica, naciones en vías de desarrollo que realizaron grandes eventos deportivos, como copas del mundo o juegos olímpicos, pero después no tuvieron los recursos económicos para mantener los grandes complejos deportivos construidos para dichas justas. Ya ciertos organismos internacionales han señalado los efectos en lo político y en lo social, como el saldo en materia de derechos humanos.

El Gobierno brasileño gastó alrededor de 12,000 millones de dólares en la organización de los Juegos Olímpicos de 2016, y alrededor de 13 millones de dólares en la Copa Mundial de 2014. Incluso 49 días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, el gobernador estatal interino de Río, Francisco Dornelles, declaró el “estado de calamidad pública”, debido a la crisis económica, la cual provocó el colapso de los servicios básicos de salud y movilidad, según reportó la cadena BBC. En el estado de Río de Janeiro, las autoridades han tardado meses en pagar a los maestros, a los trabajadores de hospitales y las pensiones.

Los estadios como el Espírito Santo y el Maracaná se encuentran actualmente abandonados, en un contexto de violencia en el que las desigualdades sociales se acentúan. En Espírito Santo se han declarado más de 100 personas muertas; se cierran escuelas y negocios, y el transporte público está en huelga. El Maracaná, sede de las ceremonias de apertura y cierre de los juegos de 2016, fue vandalizado tras quedar vacío; el Gobierno del estado de Río y los organizadores olímpicos pelearon más de un millón de cheques que no se pagaron. Además, la empresa Light cortó la energía al estadio, donde se jugó la final de la Copa del Mundo de 2014.

Algunas fotos del interior del estadio de Maracaná evidencian su deterioro: le faltan asientos, la pintura se desprende de las paredes interiores, y el campo de juego, que según se informa fue invadido por gusanos, se está tornando marrón debido a la falta de agua. Además, se robaron equipos caros y un busto del periodista Mario Filho, fundador del Jornal Dos Sports, quien dio el nombre al estadio desde 1964. También se reportan robos violentos en los alrededores.

Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Río aún deben a los acreedores cerca de 40 millones de dólares. El emblemático estadio brasileño no es el único lugar que está en el abandono; otros espacios deportivos, como los siguientes, también lo están:

·       Dos arenas: centro de tenis y velódromo construidos para los juegos en el principal Parque Olímpico; no ha atraído inversión privada y su propiedad se está transfiriendo al Gobierno federal.

·       Un nuevo campo de golf olímpico que costó 20 millones; tiene pocos visitantes y poco dinero para su mantenimiento.

·       En el noroeste de Río, el Parque Olímpico de Deodoro, sede del segundo grupo más grande de locales, también está cerrado y necesita una compañía de gestión que se haga cargo. Fue sede de eventos de equitación, rugby y hockey sobre césped. Se tenía previsto que el parque Deodoro se convirtiera en una zona de recreo después de los Juegos Olímpicos, pero el contrato de la empresa que lo operaba terminó a finales del 2016.

·       La Villa Olímpica está abierta, pero pocas personas pueden pagar el precio del alojamiento.

Cientos de familias de las favelas de Río fueron obligadas a abandonar la zona para dar paso al nuevo Parque Olímpico en los juegos del 2016, cuyo lema, por cierto, era “Un nuevo mundo”.

Amnistía Internacional señaló en el informe “La cara letal de las Olimpiadas de Río 2016”: “Por desgracia, el legado prometido de las Olimpiadas de lograr una ciudad segura para todas las personas no fue entregado, y en su lugar, un legado de violaciones de derechos humanos perdura. Decenas de miles de militares y agentes de seguridad fueron desplegados en Río de Janeiro. El número de personas muertas a manos de la policía en esa ciudad durante el periodo inmediatamente anterior a los juegos, entre abril y junio, aumentó 103% en relación con el mismo periodo de 2015 [...]. Río 2016 deja un legado sombrío de una ciudad arraigada con marginación y discriminación, con un enfoque profundamente militarizado de seguridad pública y un récord de violaciones de derechos humanos, donde la violencia sigue siendo parte del juego”.

Plan de rescate

La prensa local e internacional critica el abandono, pero el exalcalde Eduardo Paes pide calma: “Contratos y convenios están cerrados, pero no se desmontan estructuras que tardaron años en construirse en unos pocos meses. Por ejemplo Londres, sede de los juegos en 2012, también se tomó su tiempo en recuperar la actividad en el parque olímpico, exactamente 19 meses". Sin embargo, este paralelismo no conforta a los críticos. Londres tenía un plan, Brasil no.

“El principal legado de Londres fue la revitalización de áreas degradadas de la ciudad. Muy diferente de lo que ocurrió en Río, que invirtió principalmente en Barra de Tijuca, una de las áreas más caras de la ciudad”, lamenta Pedro Trengrouse, profesor de gestión deportiva de la Fundación Getúlio Vargas.

A menos de 20 km del Parque Olímpico permanece cerrado el Parque Radical Deodoro, la segunda instalación de los juegos y un oasis verde para el barrio del mismo nombre, que se ubica a casi una hora en coche de la playa de Ipanema. El recinto, donde compitieron piragüistas y deportistas de BMX, abrió sus puertas para los cariocas antes de los juegos, cuando el exalcalde se dio cuenta de que los vecinos se saltaban la valla para disfrutar de una piscina gratis; pero está cerrado desde diciembre. El complejo se construyó en terreno militar, y se supone que después de los Juegos Olímpicos se devolvería al ejército solo el área de competición BMX.

El contrato de gestión expiró y el nuevo alcalde, Marcelo Crivella (evangelista, de 59 años), que adoptó el lema “prohibido gastar”, aún estudia cómo reabrirlo. El Ayuntamiento promete hacerlo este mes, aunque el guardia responsable de su custodia advierte: “En esta ciudad nada ocurre hasta después del Carnaval”, según informó el diario El País.

Los conflictos entre el Gobierno federal y los municipales han derivado en que Brasil, potencia deportiva del continente, haya desaprovechado la oportunidad de elevar su infraestructura y nivel competitivo a tal punto que Río, ciudad emblemática en una nación donde el futbol es generador de talento, ni siquiera tenga un estadio para dicho deporte.

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