Tener un hijo es algo de a dos

Tener un hijo es algo de a dos

Vera Kratochvil (dominio público)

Vera Kratochvil (dominio público)

Camila Ogallar- El título es bastante obvio, y sí, se necesitan dos personas para tener un hijo. Pero me refiero a criarlo. Criarlo es algo muy diferente a concebirlo. Es algo que debe ser entre dos, debe ser en equipo. Un equipo de dos, un equipo equitativo, no donde uno hace todo y el otro observa. Un equipo donde los dos pueden cambiar pañales, preparar comidas, dormir al bebé, calmarlo cuando llora, poner límites, etc.

Unos años atrás, una familia normal era aquella en la que el padre se iba a trabajar, volvía tarde a la noche, se lo esperaba con la comida lista y retaba a alguno de sus hijos si así lo tenía que hacer. El fin de semana capaz tenían más relación. La madre, por otro lado, se quedaba en la casa ocupándose de los hijos y de la organización del hogar. En general dejaba su profesión de lado, aunque fuera los años de niñez de los hijos, y se ocupaba exclusivamente de su familia. Un trabajo nada fácil.

Los hombres no cambiaban pañales ni se despertaban a la noche. No se ocupaban de los baños diarios, de llevar al parque a los niños o de buscarlos en el colegio. Esas eran responsabilidades casi exclusivas de la madre hasta no hace mucho tiempo. La función del padre, en cambio, era ocuparse de la parte financiera. Había roles muy marcados. Era como un acuerdo tácito, era lo normal, como todos lo hacían, como los habían educado a ellos mismos.

Pero todo cambia; la sociedad no es la misma que antes y tampoco la familia. Ya no hay esa segmentación de roles. Ahora el padre se implica de otra manera, con más presencia. Esta nueva estructura familiar donde el hombre se presenta con mayor responsabilidad y compromiso tiene varias causas. La principal es que las mujeres empezaron a trabajar a la par de los hombres; de a poco son incorporadas con más fuerza en el mercado laboral. Puede ser por necesidad económica o porque no quieren dejar de lado sus profesiones, sus sueños y metas profesionales, como tampoco el sueño de tener hijos y formar una familia. Puede ser difícil, pero no es imposible. Las tareas en relación a la familia se dividen. Ahora hay padres que juegan con los hijos, se preocupan por su educación y hasta prestan atención a su alimentación.

Es un cambio de vida para todos. Confieso que muchas veces me veo en la situación de querer controlar todo. Cuando dejo a mis hijos con mi marido, mando varios mensajes para ver cómo están, si comieron, si están bañados, si están abrigados… Y me doy cuenta que no solo la paternidad cambió, la maternidad también lo hizo. Tenemos que cambiar nuestra mentalidad y dejarlos ser. Ellos quieren a sus hijos tanto como nosotras, y también quieren lo mejor para ellos. Para dejar a los hombres manejarse en su nuevo rol con total libertad, nosotras tenemos que cambiar la forma de pensar y confiar en que ellos también lo pueden hacer tan bien y hasta mejor que nosotras.

Los hijos de esta nueva generación de educación compartida ven esto como algo normal. Saben que pueden contar de igual manera con el padre y con la madre, no importa el tema que sea. En cambio, los adultos, nuestros abuelos y hasta nuestros padres, creen que es raro que los hombres cambien pañales y demás. Todavía, lamentablemente, no se erradicó el machismo del todo. Pero sin duda, esta nueva generación de padres hizo un gran avance.

Personalmente, celebro este cambio. No digo que lo anterior haya sido malo; simplemente es diferente. Me emociono al ver a hombres jugando con niños, cocinando, preparando biberones. Madres y padres comparten la vida con sus hijos por igual; la crianza se volvió cosa de dos. Y está muy bueno poder compartirla.

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