Si Trump construye el muro, ¿qué pasará en la frontera?

Si Trump construye el muro, ¿qué pasará en la frontera?

Sección del muro existente entre Tijuana y El Paso. Marcela Barroso, 5 de septiembre de 2014 por Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0), imagen modificada

Sección del muro existente entre Tijuana y El Paso. Marcela Barroso, 5 de septiembre de 2014 por Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0), imagen modificada

Iralee Acosta- La frontera México-Estados Unidos, según la Comisión Internacional de Límites y Aguas, abarca alrededor de 3,180 kilómetros en total, de los cuales, dos tercios están conformados por cauces de agua. Sin embargo, y pese a que cerca de 1,000 kilómetros del límite divisorio cuentan ya con un muro metálico de seguridad, el plan del presidente Donald Trump de ampliar dicha valla para bloquear completamente la frontera causó probablemente más conmoción que cuando el expresidente Bill Clinton comenzara su construcción en 1994 (como parte del programa antinmigrante Operación Guardián).

El magnate culpa en gran parte a los inmigrantes por los miles de millones de dólares que los ciudadanos estadounidenses tienen que pagar para subsidiar los gastos del Gobierno en servicios de educación, salud, seguridad social y vivienda. Al mismo tiempo, los refugios para indocumentados están saturados y los gastos que estos generan difícilmente pueden sufragarse. Es una de las razones por las que Trump ha amenazado con recortar o hasta bloquear los fondos federales a las ciudades que dan cobijo a los inmigrantes y que, por ende, son consideradas un “santuario” para ellos.

Evidentemente, al presidente parece no importarle que el levantamiento de una barrera a lo largo de toda la frontera implique no solamente el estancamiento de miles de inmigrantes en las ciudades que están cerca de esta —y que a su vez acarrearía otro tipo de problemas, como inseguridad—, sino la muerte de miles de indocumentados más de los que se han registrado hasta hoy.

Desde la construcción del muro en los estados de California, Arizona y Nuevo México, el número de inmigrantes que pierden la vida en su intento por cruzar la frontera de manera ilegal se ha duplicado. Solo de 1994 hasta la fecha, más de 6,500 cuerpos han sido hallados cerca de la orilla (sin tomar en cuenta los que se han recuperado) y una tercera parte de estos decesos ha tenido lugar en la frontera de Arizona.

El Centro Colibrí para los Derechos Humanos asegura que las medidas de vigilancia y de seguridad implementadas por Estados Unidos desde entonces no han sido impedimento para que los inmigrantes desistan de cruzar la frontera, sino que los han llevado a buscar rutas más alejadas y peligrosas para conseguir su objetivo. “Si antes caminaban dos días por el desierto de Sonora, cerca de Mexicali, ahora van hasta Yuma (80 kilómetros más al este) y caminan hasta seis días”, señala Isidro Pedroza, miembro del refugio para migrantes Frontera Diga. Ahora, quienes buscan el sueño americano tienen que andar hasta tres veces más de que lo hacían anteriormente, pues se ven en la necesidad de buscar lugares alejados, exponiéndose a quedarse sin alimento y a otros peligros, como las temperaturas extremas, los animales salvajes, etc. Por consiguiente, en caso de extenderse el muro fronterizo, en Texas el riesgo se incrementaría también, pues cruzar el Río Bravo, que es uno de los más caudalosos, es sumamente arriesgado y muchos inmigrantes se ahogan en su intento por atravesarlo.

A pesar de esto, Donald Trump defiende su postura respecto al plan de separar a Estados Unidos de México marcadamente. Asimismo, ha dejado claro que su objetivo no es únicamente mantener alejados a los inmigrantes ilegales; con ello busca, además, ponerle una zancadilla al narcotráfico. No obstante, Francisco Lara-Valencia, investigador de la Escuela Transnacional de Estudios Fronterizos, de la Universidad Estatal de Arizona, asegura que esta medida no sería suficiente para acabar ni con los inmigrantes ni con el narcotráfico, y que únicamente haría más difícil la tarea: “La historia nos ha dicho insistentemente que, cuando se crean ese tipo de barreras, lo único que pasa es que es más costoso cruzarlas, pero si los incentivos para cruzarlas siguen excediendo ese costo, va a seguir ocurriendo”.

A decir verdad, las declaraciones del investigador son sumamente acertadas, pues, mientras que en las últimas décadas el Gobierno se ha preocupado por frenar la inmigración ilegal, así como el tráfico de drogas y de otros productos ilegales, los interesados se han ocupado de buscar diferentes maneras de llegar a Estados Unidos, a través de túneles, rampas y hasta cañones, además de hacer uso de drones que los ayudan a explorar el terreno.

En realidad, un muro sellado “es una contradicción frente a la intención de crear una frontera más segura”, afirma Paulina Ochoa, investigadora de la universidad privada Haverford College, en Pensilvania. Para solucionar la problemática que Trump señala, se requiere de coordinación y de comunicación, no de exclusión y división. Las ciudades fronterizas han crecido siendo hermanas y ambos lados respaldan la economía del otro. Alrededor de 300,000 vehículos y más un millón de individuos cruzan diariamente la frontera. Existen personas que trabajan o estudian del otro lado, en ambas direcciones, y, al mismo tiempo, los pequeños comerciantes suelen surtir parte de su negocio con productos extranjeros. De acuerdo con el Departamento de Estado estadounidense, el intercambio comercial diario en la frontera es de aproximadamente 1,400 millones de dólares, lo que la convierte en el cruce más valioso. Sin embargo, esta situación podría cambiar si la nueva administración se empeña en seguir colocando obstáculos.

Otro hecho que, probablemente, el nuevo presidente no ha tomado en cuenta (o se niega a reconocer) es que el efecto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte —NAFTA, por sus siglas en inglés—, aunque variable, ha conseguido que el lado estadounidense de la frontera prospere gracias a las ciudades hermanas que se encuentran en el lado mexicano, pues, a excepción de Tijuana, cuentan con un mayor índice de población que sus vecinas del norte.

“San Diego y Tijuana, en conjunto, han construido una economía que ronda los 230,000 millones de dólares”, afirma Paola Ávila, vicepresidenta de asuntos internacionales de la Cámara de Comercio de San Diego. De igual manera, desde que el desarrollo de Ciudad Juárez comenzara a mejorar en los últimos años, este se vio reflejado enormemente en El Paso, donde, debido al clima, no existe agricultura y gran parte del sector industrial ha desaparecido. En 2011, en un artículo para la revista de The New York Times, Tony Payan, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) señaló: “A veces me pregunto de qué vive El Paso. […] La respuesta es que subsiste de Ciudad Juárez”.

Aunque hay quienes apoyan el proyecto de Donald Trump, ambos lados de la frontera comparten el mismo nivel de preocupación, pues dependen mucho el uno del otro. En abril de 2016, la firma Baselice & Associates realizó una encuesta para Cronkite News, de la Universidad Estatal de Arizona, Dallas Morning News y Univision en la que preguntó a los residentes de catorce ciudades fronterizas (siete de cada lado) cuál era su posición respecto al muro. El resultado fue que el 86% de los habitantes del lado mexicano están en contra de que haya una barrera que divida ambos países, y, sorpresivamente, el 72% de las personas que viven del lado estadounidense se opone también a su creación (solamente el 22% de estas estuvieron de acuerdo con dicha división y el otro 6% dijo no saber si era necesaria).

“Eso no nos debe sorprender porque las personas que viven en la zona fronteriza trabajan al otro lado de la frontera, hacen negocios al otro lado de la frontera, van a la escuela al otro lado de la frontera, visitan a sus familias que viven al otro lado de la frontera. Tienen una vida binacional, con muchos enlaces. […] La gente que vive en la frontera se siente muy conectada con la gente del otro lado”, señaló Christoper Wilson, subdirector del Instituto México del Woodrow Wilson Center. En relación a las declaraciones del magnate sobre quién debe pagar por la valla fronteriza, únicamente el 2% de los estadounidenses encuestados que está a favor de esta opina que México debe costearla, según la misma encuesta.

De acuerdo con el cónsul general de México en El Paso, Marcos Bucio Mújica, “Estados Unidos no puede darse un balazo en el pie”, pues las entidades como Texas, que tiene frontera con México, representan una gran fortaleza para el país en general, y esto se debe, en gran parte, al trabajo que los latinos (principalmente los mexicanos) realizan. Asimismo, el cónsul agregó: “Juárez y El Paso son gemelas, y las gemelas no se pelean, se ayudan. [Estas] son [un] espejo [la] una de la otra, aun en tiempos en que suenan tambores de guerra”.

Por último, es fundamental señalar las consecuencias ambientales de la medida que Trump sugiere. Dos tercios de la frontera México-Estados Unidos están divididos de manera natural por el Río Bravo, y una barrera podría estropear el cauce original de este, así como perjudicar la migración natural y necesaria de alrededor de 60 especies que habitan en la orilla. Por su parte, el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de EE. UU. publicó en un informe que un muro de tal magnitud afectaría 13 hábitats en situación crítica y 108 aves migratorias, y que a la vez dañaría hasta 111 especies en peligro de extinción, criaderos de peces y un sinfín de pantanos (humedales) protegidos que sirven como refugios de vida silvestre. 

Del mismo modo, según Carlos De la Parra, investigador en el Centro de Estudios Fronterizos de la Frontera Norte: “Hay cuencas que están divididas por la frontera México-Estados Unidos [y] si se interrumpen, [esto] genera un impacto en el terreno natural, en las carreteras, en las edificaciones y en los sistemas de drenaje”. El experto además agregó que los costos pueden ser sumamente elevados. Solamente en 2011, la ciudad fronteriza de Nogales (México) se vio afectada por fuertes lluvias que ocasionaron severas inundaciones en varias zonas del lugar. La acumulación de agua se debió a que la valla que se instaló bajo la administración de Clinton semibloqueó un desagüe que cruza la frontera.

Resulta, hasta cierto punto, absurdo pensar que colocando un muro metálico las problemáticas existentes vayan a mejorar, y más ilógico aún es creer que el aislamiento será la solución para que estas desaparezcan en su totalidad. Desgraciadamente, como en todo, siempre terminan pagando, como suele decirse, justos por pecadores. Pocas veces los seres humanos, afectados o no, nos involucramos en la lucha por que se haga, si no lo políticamente correcto, sí lo mejor para todos, en lugar de luchar solamente por aquello que beneficie a unos cuantos.  

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