Monopolio eléctrico: ¿algo demasiado oscuro en Carolina del Norte?

Monopolio eléctrico: ¿algo demasiado oscuro en Carolina del Norte?

Instalación de paneles solares en el techo de la iglesia Faith Community Church en Greensboro. Cortesía de NC WARN

Instalación de paneles solares en el techo de la iglesia Faith Community Church en Greensboro. Cortesía de NC WARN

Ana Stollavagli- A un año y medio de su inicio, la batalla por los paneles solares instalados en el techo de una iglesia de Greensboro se libra aún en la justicia. Por un lado, el grupo ambientalista NC WARN puja por seguir vendiendo electricidad directa y más económica a la institución religiosa; por otro, la empresa Duke Energy defiende el monopolio avalado por el Gobierno estatal, los organismos de control y las primeras instancias legales, en un presunto juego de intereses que algunos llaman corrupción.

En julio de 2015, la iglesia comunitaria Faith (‘fe’ en español) empezó a generar su propia electricidad (de 5.2 kilovatios) con los módulos de energía solar de NC WARN, y pagaba solo 0.05 dólares el kilovatio-hora, contra los 0.12 dólares que cobraba la compañía eléctrica; además NC WARN garantizaba la propiedad de los equipos cuando la iglesia hubiera pagado 20,000 dólares.

Pero Duke Energy no aceptó la incursión de otro proveedor en el negocio eléctrico y el caso llegó a los tribunales, donde, según la organización ecologista, la empresa manifestó: “El hecho de que NC WARN solo sirva a un cliente no oculta su mayor ambición de servir a una base de clientes en expansión […]. Este caso representa el intento de NC WARN de entrar en el mercado minorista de electricidad a pesar de la larga política de Carolina del Norte de tener un mercado regulado para asegurar la confiabilidad y la asequibilidad para el público”.

En abril de 2016, la Comisión de Servicios Públicos de Carolina del Norte (NCUC) también consideró ilegal la entrada de NC WARN y le ordenó devolver todos los ingresos por la venta de electricidad, más un 10% de interés. Para la comisión, la competencia redunda “en la duplicación de la inversión, el desperdicio económico y el servicio ineficiente”.

En tanto, el 19 de diciembre, el organismo de defensa de consumidores de servicios públicos, en sede judicial, sumó su rechazo a la organización ambientalista, la cual siempre ha afirmado: “Es crucial entender que NC WARN y Duke no están en competencia en absoluto […]. En el área de servicio de Greensboro, Duke no tiene un programa similar al ofrecido por NC WARN”.

Quién es quién en esta pelea

La iglesia Faith atiende a una comunidad mayormente afroamericana y de condición humilde, y lleva muchos años de lucha en la defensa de sus derechos.

NC WARN es una entidad sin fines de lucro que nació en 1988, con el objetivo de luchar contra los incineradores de residuos peligrosos. Luego se opuso a las centrales nucleares y eléctricas de carbón, y hoy se enfrenta a Duke Energy, otras empresas y reguladoras para propiciar el uso de energías limpias.

Duke Energy es, según su propia definición, “una de las mayores compañías eléctricas del país […], que suministra electricidad a 7.4 millones de clientes en las Carolinas, el Medio Oeste y Florida […], y distribuye gas natural a 1.5 millones de clientes en Ohio, Kentucky, Tennessee y las Carolinas”.

La revista Scalawag asegura que la empresa ha contribuido mucho al incremento del uso de energía solar en Carolina del Norte —que es el quinto estado con mayor desarrollo de esta fuente no contaminante—, pero también ha mantenido allí un monopolio energético, porque este es uno de los cuatro estados que no permiten la venta de terceros. La publicación cita las palabras del director estatal de Medio Ambiente, Dave Rogers: “Duke Energy tiene garantizada una tasa de retorno […]. Cuanto más dinero gastan, mayor es su nivel de ganancias”.

Pero el contrato entre la iglesia y los ambientalistas —agrega Rogers— es una amenaza para el gigante eléctrico: “Se puede producir energía en el propio techo, eso los asusta […]. Cuanto más descentralizada se vuelve nuestra red de energía, menos control tienen sobre ella”.

¿Sospechas de corrupción?

Algunos críticos señalan que Duke Energy no tiene controles debido a su influencia política. Scalawag recuerda que la compañía tuvo como empleado durante veintiocho años al gobernador saliente, Pat McCrory, que aportó 9.6 millones de dólares para sus campañas de 2008 y 2012, y que es uno de los donantes corporativos más grandes para los candidatos a la Asamblea General. Y sus analistas se preguntan: “¿Cómo no va a haber un conflicto de intereses cuando Duke Energy dona sumas significativas […] al encargado de regular la empresa?”.

La iglesia que puede cambiar la historia

Se estima que el conflicto por los paneles solares de Greensboro continuará ventilándose en tribunales hasta el 2018, ya que tanto NC WARN como Duke Energy podrían seguir apelando si se rechazan sus planteamientos.

La compañía eléctrica cuidará su enorme negocio y la organización ambientalista tratará de romper el viejo monopolio para que se reanude la venta directa de electricidad a la congregación religiosa y así, se sienta el precedente para abrir el mercado de energía solar de Carolina del Norte a otros proveedores.

A mediados de 2015, el reverendo de la iglesia, Nelson Johnson, se mostró feliz con la posibilidad de llevar energía limpia y más económica a otras comunidades. La batalla estaba por comenzar y haría falta mucha fe para librarla. 

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