A la espera de diálogo en España

A la espera de diálogo en España

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María González Chaves- La frase que más puede leerse y escucharse en la prensa española en relación a lo que está sucediendo ahora mismo entre el Gobierno catalán y el Gobierno central es la de “choque de trenes”, choque que parece, cada vez más, inevitable, y es que las cosas no han hecho más que empeorar en España una semana después de que se celebrara el referéndum ilegal independentista el pasado domingo 1 de octubre.

Ninguna de las partes parece estar dispuesta a sentarse a dialogar, a pesar de que cada vez son más las voces que piden sensatez y tranquilad; o Mariano Rajoy —presidente de España— y Carles Puigdemont —presidente de Cataluña— dejan de tensar la cuerda o esta se acabará rompiendo. Desde el Gobierno de Rajoy la negativa a sentarse a hablar es rotunda mientras no vean una renuncia a la independencia, se insiste en la unidad de España y se amenaza con la aplicación del capítulo 155 de la Constitución, que suspendería la autonomía catalana, como dicha independencia se declare de forma unilateral. La semana pasada, y tras la celebración del referéndum y la violencia policial de ese mismo día, la tensión se disparaba aún más cuando Carles Puigdemont, en declaraciones a la cadena inglesa BBC, aseguraba que tenía intención de declarar la independencia de forma unilateral (DUI) “en cuestión de días”. La CUP, partido independentista de izquierdas que forma parte del Govern catalán junto a Junts Pel SÍ (Juntos por el sí), había hecho una petición para que esta declaración se produjera en el Parlament mañana lunes 9 de octubre, pero la sesión del pleno ha sido suspendida por parte del Tribunal Constitucional; Puigdemont ha pedido, en tanto, comparecer el martes. Además, para añadir más leña al fuego, se ha aprobado un real decreto que facilita la salida de Cataluña de las grandes empresas —dos de los bancos más importantes catalanes ya han anunciado el traslado de sus sedes a Madrid—.

Por su parte, el rey Felipe VI, se dirigía el pasado martes a la nación en un discurso en el mostraba su preocupación por la gravedad de la situación en la que se encuentra España y acusaba al Gobierno catalán de violar la Constitución y su propio Estatuto de Autonomía, pero no hizo referencia a la violencia policial vivida en las votaciones del domingo, algo que ha gustado poco a las autoridades catalanas y a un sector de la población, que se han apresurado a señalar el partidismo del monarca y el hecho de que no tratara de mediar en el conflicto como se le presupone a un jefe de Estado.

Ayer, en varias ciudades españolas, con Madrid a la cabeza, pudimos ver a miles de ciudadanos con camisetas y banderas blancas, ni de España ni de Cataluña, blancas, concentrarse de forma pacífica bajo el lema, en español y en catalán, “Parlem, ¡hablemos!” y “¿Hablamos?” para pedir a los políticos que, por favor, se sienten, hablen y se escuchen. También muchas son las voces de intelectuales que llaman a la cordura, que reprochan a los políticos sus arengas y su forma de enfrentar a las masas. En palabras de la filósofa Victoria Camps: “La necesidad de la política tantas veces invocada no es otra cosa que la voluntad de negociación, de escuchar al otro sin condiciones, de estar dispuesto a aceptar nuevos planteamientos. Un cambio de actitud que rehúye el enfrentamiento y busca puntos de acuerdo, aunque sean mínimos”.

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