Permiso para matar: las armas legales de las masacres

Permiso para matar: las armas legales de las masacres

Foto: Marcin Wichary from San Francisco, U.S.A. (Welcome to America) [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Foto: Marcin Wichary from San Francisco, U.S.A. (Welcome to America) [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Ana Stollavagli- En los 17 tiroteos masivos ocurridos en Estados Unidos en los últimos ocho años se usaron poderosas armas adquiridas legalmente, pese a que era claro que muchos de los tiradores no estaban en condiciones de portarlas por sus antecedentes policiales, sus problemas psicológicos o sus presuntos vínculos con extremistas. El periódico The New York Times hizo un completo relevamiento de las matanzas ocurridas en escuelas, iglesias, bases militares, oficinas y espectáculos, que culmina con la peor masacre de la historia, registrada hace pocos días en Las Vegas, y comienza en 2009.

El 3 de abril de ese año, el vietnamita naturalizado estadounidense Jiverly Wong, de 41 años, mató a 13 personas, entre las que estaban algunos de sus compañeros de una clase de inglés y los empleados de una oficina de servicios para inmigrantes de Binghamton, Nueva York. Desde 2009, había tenido al menos cinco arrestos o citaciones judiciales, pero eso no le impidió obtener legalmente un arma en 2008. En 2009, cuando quiso adquirir la segunda, no lo aprobaron de inmediato, pero como transcurrieron tres días laborales sin respuesta a su reclamo, se la entregaron, en cumplimiento de una ley federal. Con esas armas disparó 98 veces en el inicio de esta saga de terror, que continuó siete meses después cuando el militar y psiquiatra Nidal Malik Hasan, de 39 años, que había estado enAfganistán, también ultimó a 13 personas, todos soldados de la base de Fort Hood, en Texas. En junio, agencias de inteligencia habían interceptado entre diez y veinte mensajes entre él y un clérigo antiamericano de Yemen, pero en julio Hasan pudo comprar una pistola legalmente pagando 1,100 dólares.

El 8 de enero de 2011, el joven de 22 años Jared L. Loughner asesinó a seis asistentes a un acto demócrata en Tucson, Arizona. Un mes y medio antes, había comprado el arma homicida, pese a sus antecedentes: un arresto por posesión de drogas en 2007 —que le impidió entrar en la Armada al año siguiente— y su expulsión de la universidad por la seguridad de docentes y estudiantes.

El 2 de abril de 2012, One L. Goh, de 43 años, volvió a la que había sido su escuela religiosa en Oakland, California, y mató a siete estudiantes. Aunque había comprado el arma legalmente y nunca había dado señales de trastornos mentales, un juez determinó que no debía ser juzgado por la masacre, ya que padecía esquizofrenia paranoide.

A los tres meses, James E. Holmes, de 24 años, acabó con 12 vidas y lesionó a 70 personas en un teatro de Colorado. En abril había comprado más de seis mil municiones por internet y en mayo, cuatro armas legales, entre ellas un rifle y una pistola semiautomáticas, pese a que estaba en tratamiento psiquiátrico.

Luego de esa masacre, Wade M. Page, de 40 años, adquirió un arma con la que, en la puerta de una iglesia de Wisconsin, asesinó a seis fieles. A los 18 años había tenido problemas en el Ejército y, a los 24, se había unido a un grupo supremacista.

A fines de 2012, Adam Lanza, de 20 años, mató a la mujer que le había enseñado “el amor” por las armas, su madre, y lo hizo con una de su propia colección. Después, fue a la escuela Sandy Hook, de Newton, Connecticut, y con dos rifles terminó con la vida de 26 alumnos.

Doce fueron las víctimas de Aaron Alexis, de 34 años, no mucho después. Expulsado de la Marina por mal comportamiento a los 32, en agosto de 2013 se presentó en el Departamento de Veteranos para denunciar que “lo perseguían”. Al mes, quiso comprar un rifle de asalto en una tienda de Virginia, pero solo pudo llevarse una escopeta. Pasó todas las verificaciones locales y estatales, y el 16 de septiembre sembró el terror.

El 2 de abril de 2014, Iván Antonio López mató a tres soldados e hirió a 16 con una pistola semiautomática que le vendieron en la misma tienda donde compró su arma el autor de la masacre de Fort Hood. Aunque López no había combatido en Afganistán, su presencia en aquel país requirió su evaluación por un posible estrés postraumático. Además, un mes antes de la matanza, había acudido a un psiquiatra, que le diagnosticó depresión y ansiedad y le recetó una medicación para dormir.

En octubre, Jaylen Ray Fryberg, de 15 años, citó a cinco de sus compañeros en la cafetería de la escuela y usó una pistola de su padre, quien una década antes había tenido una restricción domiciliaria por violencia doméstica. El saldo de esta matanza fue de cuatro estudiantes muertos.

El 17 de junio de 2015, Dylann Roof, de 21 años y con cargos por posesión de drogas, mató a nueve individuos en una iglesia de Charleston, en Carolina del Sur. Y al mes siguiente, John Houser, ultimó a dos personas e hirió a nueve en un cine de Lafayette con un arma que había comprado el año anterior, pese a que en el 2006 le habían negado el permiso por sus antecedentes de violencia doméstica e incendio intencional y a que en 2008 un juez había ordenado su internación psiquiátrica.

En agosto, Vester Lee Flanagan, quien había sido despedido de dos empleos en medios de comunicación por su carácter violento, asesinó a un periodista y a un camarógrafo e hirió a la entrevistada durante una transmisión en vivo antes de suicidarse con el arma que había comprado legalmente.

El 1 de octubre, también de 2015, Christopher Harper-Mercer, de 26 años, acabó con la vida de nueve personas de la institución comunitaria de Oregón donde estudiaba. Se había graduado en una escuela para personas con problemas emocionales y había sido desplazado del Ejército tras un mes de entrenamiento básico, pero entre él y su familia compraron 14 armas legalmente. Seis de ellas, entre las que había un rifle de asalto, las usó en la masacre.

A fines de ese mismo año, el matrimonio formado por Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malik, quienes se habían radicalizado en el islamismo, asesinaron a 14 personas que asistían a una fiesta en una oficina de San Bernardino, California. Él había comprado dos de las cuatro armas legalmente y ella le había jurado fidelidad al Estado Islámico a través de Facebook.

Omar Mateen también se había unido al grupo terrorista antes de matar a 49 personas en la discoteca Pulse, de Orlando, en junio de 2014, con dos armas que había adquirido por la vía legal poco antes.

Stephen Paddock superó todos los récords cuando disparó a mansalva contra 22,000 personas en un recital de Las Vegas. En el cuarto de hotel desde el que perpetró la masacre tenía 23 armas, incluidos 15 rifles, y en sus dos casas de Nevada, otras 24, todas compradas en ese estado, Utah, California y Texas; en el último año, había adquirido 33, mayormente rifles, porque ninguna ley federal requiere que el vendedor alerte cuando una persona hace una compra masiva de ese estilo. La ley tampoco impide la utilización del accesorio bump stock (convierte un arma semiautomática en automática), que Paddock usó en, al menos, una de sus armas para conseguir un mayor número de disparos con los que finalmente acabó con 58 vidas.

A la espera de diálogo en España

A la espera de diálogo en España

¿Qué hace Miami Beach para no hundirse en el agua?

¿Qué hace Miami Beach para no hundirse en el agua?