¿Termina el sueño americano para los latinos con el fin del daca?

¿Termina el sueño americano para los latinos con el fin del daca?

Foto: Pax Ahimsa Gethen (Own work) [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons

Foto: Pax Ahimsa Gethen (Own work) [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons

¿Termina el sueño americano para los latinos con el fin del daca?

Arturo Olmedo Díaz- En junio de 2012, cuando el expresidente estadounidense Barack Obama planteó la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, más conocida como daca, por sus siglas en inglés, fue porque sabía que en el Congreso estaba condenado al fracaso el dream Act (Development, Relief, and Education for Alien Minors Act), proyecto bipartidista para el que se ha trabajado desde 2001, sin que hasta ahora haya podido alcanzar los votos necesarios para su aprobación en el Senado y en la Cámara de Representantes.

Cinco años después, la eliminación gradual del daca, anunciada el 5 de septiembre de 2017 por el fiscal general Jeff Sessions, no es únicamente una decisión insensible de la administración Trump hacia los dreamers (llamados así en referencia al dream Act, pero también a la búsqueda del sueño americano), sino la confirmación de lo endeble y efímera que resulta una orden ejecutiva, pues nunca representó una certeza para el estatus legal de los casi 800,000 migrantes que cumplieron con los requisitos de dicho instrumento administrativo, entre ellos, haber tenido menos de 16 años de edad cuando ingresaron a Estados Unidos; ser menores de 31 años de edad al 15 de junio de 2012; y no haber sido condenados por la comisión de un delito grave ni haber cometido tres o más delitos menores.  

Aunque la decisión del presidente Donald Trump vino acompañada de la posibilidad de renovación del daca para 154,200 indocumentados a quienes se les vence la protección o amparo de deportación entre el 5 de septiembre de 2017 y el 5 de marzo de 2018, así como de un llamado urgente al Congreso para legislar con “corazón y compasión” durante ese mismo plazo, lo cierto es que su advertencia fue clara cuando expresó que la reforma que llegue a adoptarse deberá otorgar beneficios permanentes para los ciudadanos estadounidenses, que son quienes lo eligieron para servirlos, de manera que es difícil imaginar, a corto y mediano plazos, una ley que favorezca a los migrantes o, mínimamente, a los dreamers, quienes para el año 2020 habrán perdido (tomando en cuenta la extensión por dos años para quienes se les vence el daca en marzo de 2018) los derechos de trabajar, estudiar y acceder a la seguridad social y, de no haber una ley que los proteja, podrán ser deportados.

Para el martes 3 de octubre, según reporte de la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (uscis), todavía faltaba que más del 30% de los dreamers acudieran a solicitar la renovación del daca. Ante tal situación, legisladores y líderes demócratas —como el senador por Connecticut, Richard Blumenthal, y la senadora por California, Kamala Harris—, le pidieron al Gobierno de Donald Trump que extendiera la fecha límite —hasta el 5 de enero de 2018— para la renovación de los permisos; sin embargo, la uscis reiteró que solo se procesarían las peticiones de renovación que hubieran sido recibidas, físicamente, a más tardar el jueves 5 de octubre de 2017.

Así, a la brevedad del plazo que se les brindó a los migrantes para realizar su trámite (solo un mes) y a la dificultad para conseguir el dinero necesario (495 dólares por una extensión de dos años), debe sumársele el temor, para comprender las razones por las que más del 30% de los jóvenes que califican para solicitarlo, no habían acudido a renovar el daca. Pero ¿a qué parte de este proceso es a la que le temen muchos jóvenes? A que entienden que su renovación, por muy reciente que sea, tiene un plazo perentorio y, después de este, temen ser localizarlos con facilidad y deportados a sus países de origen, que, además de que casi no los conocen, es casi seguro que no les ofrecerán las oportunidades de estudio y empleo que —aun en el ambiente hostil propiciado por la administración Trump— les brinda Estados Unidos.

Entonces, ¿qué es lo que hace prever la situación anterior? Hay varios escenarios que pudieran presentarse:

a) Que de último minuto o de manera extemporánea la uscis conceda una extensión del plazo, de modo que la cifra de solicitantes de renovación se aproxime al 90% de los que califican.

b) Que, en cuanto se aproxime el fin de sus permisos, los inmigrantes traten de borrar su rastro y busquen trasladarse hacia aquellas ciudades o estados en los que tradicionalmente se respeta más a los inmigrantes, como son California, Virginia, Nueva York y Florida, entre otros.

c) Que a los dreamers se les sigan concediendo permisos de trabajo, estudio y seguridad social, pero bajo condiciones aún más desfavorables a las presentes, con el propósito de mantener contentos a los sectores y grupos ultraconservadores.

d) Que en seis meses el Congreso saque una reforma legislativa, de la que cabría esperar que fuera aún más selectiva que los requisitos del daca, pero que les daría seguridad a algunos millares de soñadores.

e) Que al paso del tiempo y como lo han previsto muchas voces, se tome conciencia de los aportes que realizan los migrantes a la sociedad estadounidense y, por fin, se legisle a su favor.   

De esta manera, queda claro que, pase lo que pase, los migrantes (en particular los dreamers) no están dispuestos a terminar con el sueño americano que les prometieron sus padres cuando los llevaron a vivir a EE. UU., y que harán lo que tengan que hacer dentro de un país que sí conocen, para no ser deportados y volver a los países de origen de sus padres que no conocen. Así, con las habilidades que hace surgir el instinto de supervivencia, sabrán cómo moverse y sabrán esperar el cambio del tiempo, hasta que, quizás, los veleidosos vientos electorales vuelvan a soplar a su favor.

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