De inmigrante indocumentada a jueza: la vida ejemplarizante de Xiomara Torres

De inmigrante indocumentada a jueza: la vida ejemplarizante de Xiomara Torres

conviction-750x422.jpg

De inmigrante indocumentada a jueza: la vida ejemplarizante de Xiomara Torres

Francisco Machalskys- “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, recita el llamado poeta de la salsa Rubén Blades en Pedro Navaja, una de sus más icónicas composiciones, haciendo alusión a los avatares de la existencia, que con sus caprichosas vueltas pone a prueba las capacidades de cada persona para salir adelante de manera digna.

En mayor o menor grado, la vida no es fácil para nadie; hace falta trazarse metas y trabajar perseverantemente para conquistarlas. Paralelamente, empero —y aunque resulte paradójico— nunca falta una posibilidad de ayuda y una mano amiga para aquellas personas deseosas de salir adelante y de ser guiadas por las buenas intenciones. De ello bien pueden dar testimonio los millones de personas que han venido a Estados Unidos en busca de paz, facilidades de formación y oportunidades laborales para dar lo mejor de sí mismas.

Entre esa miríada de historias destaca la de Xiomara Torres, una mujer que llegó a este país en condiciones adversas, vivió temporalmente indocumentada, pero hoy se desarrolla como persona y como ente útil a su comunidad desde el estrado judicial del condado de Multnomah, donde ejerce el cargo de jueza titular. He aquí su historia, no muy diferente a la de tantos inmigrantes a los que hoy el Gobierno federal proyecta cerrar las puertas a través de leyes migratorias extremas.

Migrar sin ser consultada

Salvadoreña de origen, Xiomara aún recuerda ciertos pasajes plácidos de la que fue su infancia en Centroamérica: chapuzones en el río mientras su madre lavaba la ropa, lidias de toro en la plaza, paseos en motocicleta con su tío… Como hija de un traductor gubernamental, ella y sus hermanos, tres, disfrutaban de una vida bastante holgada.

Hasta que la guerra civil que estalló en 1970 se hizo un monstruo inasible que acabó con 75,000 ciudadanos y la puso a ella, junto a su madre y hermanos, rumbo a Tijuana, México, para cruzar el “roto” —como solían decirle los migrantes latinos al “agujero” fronterizo— en 1980. Tenía apenas nueve años cuando divisó las primeras luces de Los Ángeles. Tras reunirse con su padre, quien los esperaba previamente, se mudaron a un modesto apartamento, donde empezó su nueva, inconsulta vida.

De hogar en hogar por culpa del abuso

Xiomara asegura que el llegar a una comunidad de alta densidad latina le brindó apoyo afectivo, mientras que la asistencia escolar la ayudó a vencer el temido crossover: “Llegué cuando cursaba cuarto grado. No sabía inglés, y tuve que aprenderlo rápido. Aunque con mis compañeras hablaba español en el recreo, en el salón de clases todo era en inglés”, apunta.

Pese a demostrar gusto por su escuela, a sus trece años confesó a una amiga ser víctima de abuso por parte de un familiar. La amiga y su padre la animaron a hablar con el consejero de la escuela, “y un día, efectivos policiales me llevaron a un hogar de acogida —foster family— al igual que a mis hermanos. Desde entonces, no volvimos a vernos. Me sentí culpable de causar esta separación, pero no quería que mis hermanos vivieran el mismo infierno que yo”, aclara.

Así empezó su recorrido de hogar en hogar.

“Aunque, en general, todas las personas fueron amables conmigo, me tocó experimentar condiciones muy distintas a las acostumbradas en casa. Nadie hablaba en español, y perdí contacto con los platos típicos de mi país”, rememora Xiomara. “Me tocó vivir en hogares donde tenía que hacerme cargo de todas las tareas domésticas y hacerme cargo de mis hermanos adoptivos; pero siempre me sentí agradecida por el apoyo, y seguí adelante”.

Tras cinco años, al cumplir dieciocho, fue finalmente libre de elegir su propio rumbo.

Una mano amiga le señala el camino

“Su amor por los estudios y esa fuerza interna que la mueve a pesar de su apariencia frágil fueron los que la sacaron adelante”, subraya Jan Brice, defensora especial de corte que conoció a Xiomara en 1984, justo en la época en la que hizo la denuncia sobre abuso.

Así, Brice acompañó a Xiomara en su graduación como socióloga de la Universidad de Berkeley en 1997, y como abogada de la escuela de leyes Lewis & Clark en 2002. Por si fuera poco, fue testigo de su juramento como jueza del condado de Multnomah el pasado mes de junio. En la ceremonia, la gobernadora de Oregón, Kate Brown, la calificó de alegre, justa y temeraria, “justo el tipo de jueza que quiero para nuestro estrado”.

Desde los inicios de sus estudios legales, Xiomara se inclinó por la defensa infantil, como un deseo de ayudar a tantos niños a evitar que experimenten el dolor vivido en carne propia.

Con su presencia en la corte, además, Xiomara Torres contribuye a representar la diversidad que hoy distingue la composición demográfica de Estados Unidos. Aun cuando hay mucho por hacer en ese particular, toda vez que el 93% de los juzgados de Oregón lo componen magistrados de origen anglosajón, contra un 2% de magistrados de origen latino.

“Hoy miro atrás y no puedo estar más que agradecida”, comenta. “Hoy tengo dos hijos y les enseño el valor de sus raíces; hablamos en español, aunque igual dominamos perfectamente el inglés. Aun así, hace diez años viajé a El Salvador para reencontrarme con mi origen, y me dolió ver personas mutiladas producto de la guerra civil. Yo no sé qué habría sido de mí si me hubiera quedado, y por eso agradezco tanto la oportunidad que me brindó y me brinda esta, mi nación”.

Xiomara Torres insiste en dejar claro que desde su posición de jueza no pretende dar opiniones personales acerca de las políticas migratorias federales, aunque es proclive a que historias como la de ella tengan peso a la hora de dictar medidas sin cortapisa o que pretenden categorizar a toda la población migrante bajo características generalmente manidas.

“Mi mensaje a todos los migrantes, niños y adultos por igual, es que podemos hacer de Estados Unidos un mejor lugar, y que podemos contribuir para lograrlo. Y ustedes, niños migrantes, niños de hogares de acogida: quiero que sepan que sí pueden estudiar derecho si se lo proponen; sí pueden volverse abogados y sí pueden llegar a ser jueces”.

El presidente Trump desata un huracán de críticas en Puerto Rico

El presidente Trump desata un huracán de críticas en Puerto Rico

‘Dreamers’ a cambio de medidas migratorias extremas: chantaje como negociación política

‘Dreamers’ a cambio de medidas migratorias extremas: chantaje como negociación política