¿Qué pasa en Cataluña?

¿Qué pasa en Cataluña?

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María González Chaves- No nos engañemos, creer que había otra manera de plantear y llevar a cabo un referéndum sobre la independencia de Cataluña no es estar en absoluto de acuerdo con la forma de gestionar la crisis catalana del presidente del Gobierno central de España Mariano Rajoy.

Sin duda, tratar de explicar en unos pocos párrafos el problema que existe en el país del sur de Europa con el independentismo catalán es complicado, pero hay algo sencillo de entender: en los últimos años la brecha Cataluña-España se ha hecho cada vez mayor. Muchas son las lecturas de las posibles causas, desde una torpe gestión de los sucesivos Gobiernos centrales, con este último a la cabeza, hasta una crisis en un país que muchos jóvenes catalanes no sienten que les represente. Pero el problema está ahí, y obviarlo ha llevado al Govern catalán, que ha visto cómo se ignoraban sus solicitudes de diálogo, a montar un referéndum sin garantías y con cambios cuarenta y cinco minutos antes de que este comenzara (como la creación de un censo electrónico único o la posibilidad de que los ciudadanos acudieran con las papeletas impresas desde casa).

Esta mañana, antes de la apertura de los, en muchos casos, improvisados colegios electorales (la diputada independentista Mireia Boya ha llegado a montar uno en su casa rural), la Policía y la Guardia Civil entraban por la fuerza tratando de impedir su uso como lugares de voto; los Mossos (policía de la Generalitat catalana) levantaban acta de lo que ocurría, pero no desalojaban. Después han llegado las imágenes de votantes heridos —según las últimas noticias hay al menos 844—como consecuencia de la actuación de los cuerpos de seguridad del Estado.

Con las actuaciones policiales y las cargas contra ciudadanos catalanes que intentaban votar es difícil estar de acuerdo. Y, a pesar de que en la comparecencia que ha hecho el presidente Rajoy pasadas las 8, hora española, haya declarado: “Hoy no ha habido un referéndum de autodeterminación en Cataluña”, lo cierto es que sí, algo ha pasado, y no parece haber servido más que para que aumente la incertidumbre y la tensión en España y para que cada vez sea más improbable la imagen de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont (presidente del Parlament catalán) sentados en la misma mesa tratando de buscar una solución al problema.

Desde el día que se convocaron las elecciones para la independencia de Cataluña, de forma unilateral por parte del Gobierno catalán y fuera de las reglas de la Constitución, desde el Gobierno central se ha tratado por todos los medios de mostrar firmeza apoyándose en una constitución, para muchos caduca y necesitada de una renovación, y en la fuerza de la unidad del Estado. Las detenciones a altos cargos del Govern ordenadas por un juez de instrucción de Barcelona llevaron a elevar aún más la tensión. Ayer, en Madrid podíamos escuchar El cara al sol, himno de la falange española, acompañado de saludos fascistas, hoy, en cambio y a estas horas, en esta misma ciudad pueden oírse gritos en apoyo al pueblo catalán y a su derecho a decidir.

Con el recuento realizado hasta ahora parece claro el triunfo del independentismo. ¿Qué será lo que suceda a partir de mañana? ¿Una declaración unilateral de independencia? Por lo pronto, Puigdemont ya ha anunciado que propondrá al Parlament catalán que la declare.

Muchos son los líderes políticos internacionales que han pedido a España que busque una solución al problema — Jeremy Corbyn desde Reino Unido o Charles Michel desde Bélgica son solo algunos de ellos— y que han acusado a la de la Policía Nacional de una actuación desproporcionada. La prensa internacional está siendo también enérgica en sus afirmaciones, y así, por ejemplo, en la CNN puede leerse el titular: “La vergüenza de Europa” y el periódico Libération ya habla de “la derrota de Rajoy”. Desde luego España, en estos momentos es, de todo, menos “un ejemplo para el mundo”, en palabras de Rajoy, al que, sin duda, los acontecimientos de hoy le pasaran factura política.

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