La inestabilidad en Venezuela y el papel de la comunidad internacional en 2017

La inestabilidad en Venezuela y el papel de la comunidad internacional en 2017

Gobierno de Rusia, 3 de septiembre 2015 (CC BY 4.0)

Gobierno de Rusia, 3 de septiembre 2015 (CC BY 4.0)

David Guzmán Fonseca- La situación política, económica y social en Venezuela ha sido complicada en el 2016, y si se considera lo que sucedió en los últimos meses, solo se puede esperar que el 2017 esté plagado de una mayor inestabilidad y de un recrudecimiento en la polarización en el país. 

Las luchas políticas por parte de los partidos de oposición en contra del Gobierno de Nicolás Maduro hasta el momento han sido infructuosas, pues se enfrentan a las limitaciones impuestas por los órganos judiciales y electorales controlados por el ejecutivo. En este sentido, a pesar de que los partidos de oposición controlan el Congreso de Venezuela, no se han podido fortalecer los balances de poder. Por ejemplo, el 12 del octubre pasado, aunque el Congreso no estuvo de acuerdo con el Presupuesto Nacional presentado por el Gobierno, el presidente Maduro decidió no consultar al Legislativo e hizo aprobarlo a través de la Corte Suprema, a la que controla. La situación marca un hito en la historia política de Venezuela porque es la primera vez que se aprueba una ley de presupuesto sin la deliberación y el consenso del órgano legislativo. 

Pero la lucha por el poder en Venezuela también ha llegado a las calles. El 20 de octubre, el Consejo Electoral declaró que, ante la decisión del Tribunal Supremo de Venezuela, había existido ilegalidad en la recolección de firmas y por lo tanto debía suspenderse el proceso para convocar el referendo revocatorio en contra del presidente Maduro. Así, el pasado 26 de octubre, miles de personas tomaron las calles de Caracas y otras ciudades del país en lo que se conoció como La toma de Venezuela. Las manifestaciones tenían como finalidad presionar para que se reanudara el proceso revocatorio contra Maduro, pero aun así, el proceso se encuentra suspendido.
 
La incapacidad de los partidos de oposición de generar un cambio implica el peligro de desencadenar más violencia, en un país que de por sí tiene unos niveles altísimos de homicidios a nivel mundial (119 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2015, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia), a lo que se suma la escasez de medicamentos y alimentos que afecta a gran parte de los venezolanos. 

Todo esto empeora si se consideran los prospectos económicos para el año que termina, ya que la inflación podría rondar el 700% anual y la economía podría contraerse alrededor de un 10%. Por otra parte, siguen los bajos precios del barril de petróleo, que no pasan de los cincuenta dólares (comparados con los más de cien dólares por barril durante la presidencia de Hugo Chávez), a pesar de que el Gobierno de Maduro ha emprendido giras por diferentes países del mundo para presionar el alza en el precio del crudo.

Ante la incapacidad del Gobierno y la oposición para dialogar, el papel que debería jugar la comunidad internacional es fundamental. En ese sentido, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, declaró que la situación en Venezuela está al borde de convertirse en una crisis humanitaria. Ante dicha declaración, los países que conforman la ONU deberían considerar el contexto de Venezuela como una crisis con ramificaciones geopolíticas y sociales que trasciende fronteras. 

Sin embargo, ante la reciente elección como presidente de Estados Unidos de Donald Trump, podría pensarse que el papel de los Estados Unidos en la crisis será menor, en parte como resultado de la posición “Estados Unidos Primero” del presidente electo, que parecería ignorar lo que acontece en el país sudamericano. 

Por su parte, los organismos internacionales deberían ir más allá de la simple condena de las acciones cada vez más autoritarias del Gobierno de Nicolás Maduro, y abogar por construir puentes entre la oposición y el oficialismo. Esto podría ayudar a que la situación no degenere en un conflicto aún más violento entre las partes, al mismo tiempo que a disminuir la represión en contra de todos aquellos que se oponen al Gobierno. Una muestra de los esfuerzos que ya comienzan a verse es la mesa de diálogo auspiciada por el Vaticano, que ha creado la oportunidad para que el oficialismo y la oposición dialoguen sobre el futuro de Venezuela. Entre algunos de los acuerdos a los que se han llegado —pero que aún no se sabe si se cumplirán—, está la liberación de los presos políticos.

Asimismo, los países vecinos y miembros de la Unasur y Mercosur deberían tomar un papel más activo en la situación que vive Venezuela, no solo por los lazos económicos y políticos que hay entre ellos, sino también por los efectos sociales que la crisis ha tenido sobre los más pobres. De frente a esta compleja situación, es necesario que en el 2017 la comunidad internacional genere espacios que ayuden a prevenir un mayor aumento de la violencia. En este sentido, hay que sostener la condena firme del autoritarismo gubernamental, pero también impulsar el diálogo y el proceso democrático. Lo fundamental es entonces apaciguar la violencia cada vez más creciente en Venezuela y abogar por una solución pacífica y que no siga causando más daños a los venezolanos.

Millones contra el zika

Millones contra el zika

Me dio positivo, ¿y ahora?

Me dio positivo, ¿y ahora?