Fidel Castro muerto a los 90 años: una vida polémica

Fidel Castro muerto a los 90 años: una vida polémica

Marcelo Montecino, 31 de diciembre de 1977 por Flickr (CC BY-SA 2.0)

Marcelo Montecino, 31 de diciembre de 1977 por Flickr (CC BY-SA 2.0)

Ana Stollavagli- Tanto peso tiene en la historia que la sola mención de su nombre de pila es suficiente para saber de quién se trata. El hombre cuya muerte fue tantas veces sospechada murió a los 90 años, este 25 de noviembre, a las 10:29 de la noche, según anunció su hermano Raúl, presidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba.

A los 26 años, Fidel Castro Ruz había hecho su primer intento para derrocar al dictador Fulgencio Batista, aunque cayó preso, lo condenaron y más tarde recibió amnistía. Pero la Revolución ya estaba en marcha. En 1959, y con la ayuda de otros rebeldes como el guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara, el Comandante llegó al poder y lo asumió con todas las de (su propia) ley: detenciones masivas, torturas y largas condenas para los opositores, control de la prensa y de la vida privada de los cubanos.

En 1961 declaró a la isla como Estado Socialista, con acceso a la salud y a la educación para toda la población, poco después de que Estados Unidos iniciara un embargo comercial –primero parcial y luego, total– y cortara las relaciones diplomáticas.

Rápidamente los Estados Unidos se convirtieron en refugio de los exiliados, un grupo de los cuales, apoyado por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), intentó derrocar a Fidel Castro en la fallida Invasión de la Bahía de los Cochinos, en 1961. Eran tiempos de la Guerra Fría entre Occidente y el bloque comunista, y Cuba fue un escenario de batalla con la crisis por la instalación de misiles soviéticos; la Unión Soviética había amenazado con desatar un tercer conflicto mundial. Mientras tanto, la isla se debatía entre los partidarios del régimen, los temerosos obedientes y los que lo resistían a riesgo de su propia vida.

En 1980, con la salida de 125,000 cubanos desde el Puerto de Mariel, se inició el éxodo continuo de un millón y medio de isleños, regularizado una década después. Muchos llegaron –y siguen haciéndolo– a tierras de Florida a través de balsas precarias o con pasaportes falsos, y muchos, también, han muerto en el intento. Quienes lo lograron y están aquí acusaron impacto apenas conocida la noticia del deceso de Castro. 

En el Café Versailles de Miami, tradicional bastión de la resistencia cubana en el exilio, se congregó una multitud. Algunos lloraban de emoción. Otros celebraban lo que esperan que sea el fin de la dictadura en Cuba. Hubo, incluso, quienes festejaban “la muerte del tirano” y brindaban con champaña.

Desde 2006, los graves problemas de salud del Comandante llevaron a especular una y otra vez sobre su muerte. En 2008, tras 47 años al mando, resignó el poder en favor de su hermano Raúl, con quien se inició una tibia apertura. En los últimos tiempos, la actividad de Fidel se limitó a unas pocas apariciones televisadas y algunas publicaciones periodísticas, como la que salió tras la reciente visita a Cuba del presidente de Estados Unidos, Barack Obama: “No necesitamos que el imperio nos regale nada”, escribió. Bastante más suave que aquel apelativo de “trastornado” que le había dedicado a George Bush.

Entre los Gobiernos de Latinoamérica que entronizaron su figura –y a los que Castro apoyó con tácticas y fondos–, destaca Venezuela, cuyo fallecido líder Hugo Chávez alguna vez proclamó: “Fidel: usted nunca morirá”.

Pero la muerte alcanza a todos. El tiempo dirá qué pasará con los ideales de Castro, y qué ocurrirá con Cuba y su gente pobre y oprimida.

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