S.O.S. por Matthew. La respuesta al feroz paso del huracán

S.O.S. por Matthew. La respuesta al feroz paso del huracán

Ana Stollavagli- “Lo poco que teníamos ya no está”, dice entre lágrimas un joven haitiano, junto a los escombros de lo que fue su casa hasta el pasado 3 de octubre. Y este mismo relato se repite cientos de miles de veces en otros rostros y otras voces. Todos y cada uno de ellos dependen de la ayuda internacional que empezaron a recibir casi de inmediato, pero que nunca es suficiente en una nación siempre en ruinas. Mientras los Gobiernos locales, estatales y federal de Estados Unidos se preparaban para hacer frente a los posibles embates de Matthew en la costa este, también ponían su mirada y acción en la castigada isla. La guardia costera norteamericana la sobrevoló para evaluar los daños en viviendas, edificios públicos y carreteras, y la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) envió sus primeros aviones a Haití con cuatrocientas ochenta toneladas cúbicas de mantas, equipos de higiene, elementos de cocina y rollos plásticos para armar toldos impermeables.

Con el recuerdo cercano del terremoto de enero de 2010, en el que murieron doscientas mil personas —y poco después, otras diez mil a causa del cólera—, el Gobierno de Puerto Príncipe pidió centralizar el reparto de donaciones, ya que seis años atrás, muchos envíos de alimentos y medicinas habían quedado retenidos en la aduana local y se desperdiciaron o tardaron demasiado en llegar a sus destinatarios. Y numerosas organizaciones no gubernamentales, además, habían trabajado por su cuenta, sin participar a las autoridades nacionales.

Por eso, después de que pasó el peligro en el condado de Miami-Dade, al sur del estado de Florida, el alcalde Carlos Giménez viajó a Haití junto al jefe de la Junta de Comisionados, Jean Monestime, nacido en aquel país, para conocer de primera mano las necesidades de la isla. Allí, donde los muertos podrían alcanzar el millar, Giménez dijo que lo que más se necesita es una inyección de dinero y materiales de construcción.

Previsiones y acciones en Estados Unidos

Al tiempo que Matthew descargaba su furia en Haití y en Cuba, los alcaldes del área metropolitana del sur de Florida ofrecían conferencias de prensa diarias para advertir a la población de la necesidad de permanecer en lugares seguros, con provisiones de agua y comida no perecedera. Ciudades como El Doral entregaron miles de bolsas de arena para colocar en las puertas de las viviendas en caso de inundación.

El gobernador de Florida también fue dando varios partes de prensa al día, en los que instó a evacuar las áreas más sensibles, ofreciendo la posibilidad de circular por autopistas sin pagar peajes y alistando a unos cuatro mil guardias. “Puede morir mucha gente”, repitió varias veces Rick Scott. El cambio de rumbo del huracán, su pérdida de intensidad y la movilización de unos dos millones de personas contribuyeron a que el grave vaticinio no se cumpliera en ese estado, aunque la cantidad de víctimas fatales en Estados Unidos superó la treintena. Los gobernadores de Georgia, Carolina del Sur y Carolina del Norte también habían hecho previsiones desde la primera hora y declararon la emergencia en muchos de sus respectivos condados.

Todos estos estados, que sufrieron el impacto de Matthew, habilitaron refugios para decenas de miles de evacuados; dispusieron líneas de asistencia para las afectados; ordenaron el monitoreo permanente de ríos, lagos y carreteras para garantizar un retorno seguro a los hogares, y para evitar la contaminación de las aguas; afectaron empleados públicos para trabajos comunitarios, y dispusieron medidas de seguridad para evitar robos y maniobras deshonestas, como la suba especulativa de los precios del agua, alimentos básicos y gasolina.

Florida también activó un fondo de ayuda para damnificados, un programa de asistencia para negocios de hasta cien empleados y uno de asesoramiento para que las víctimas sepan qué pueden reclamar a las compañías de seguros o denuncien fraudes. Se estima que el huracán pudo haber causado diez mil millones de dólares en daños, cinco veces menos que Sandy, en 2012, y de ese monto, las aseguradoras serían responsables del pago de cuatro mil a seis mil millones de dólares.

Inundaciones históricas en Carolina del Norte

Las secuelas de Matthew fueron particularmente intensas en el Viejo Estado del Norte. Allí se concentró la mayoría de las víctimas fatales en territorio norteamericano (casi todas murieron ahogadas o arrastradas por la corriente). Solo en la noche del martes fueron rescatadas cincuenta personas, algunas de ellas, en helicópteros.

En los primeros cinco días, catorce mil residentes ya se habían inscripto para recibir ayuda federal y el Gobierno nacional había entregado 2,6 millones de dólares para los damnificados y 5 millones de dólares para reparar carreteras, mientras los ríos seguían subiendo de nivel y se esperaban nuevas lluvias.

El apocalipsis en Haití

Las ciudades estadounidenses alcanzadas por Matthew volverán lentamente a la normalidad. En Haití, en cambio, el futuro es incierto. El presidente interino, Jocelerme Privert, dijo: “Fueron tres días de terror, en los que la naturaleza desató toda su furia… y ahora la situación es apocalíptica”.

Oficialmente, hay dos millones de damnificados y, según el Programa Mundial de Alimentos, el huracán destruyó el cien por cien de los cultivos en las zonas afectadas.

A la isla la acechan el hambre y el cólera. Un hospital atiende sin descanso, con sus pisos inundados y el techo arrancado, y grupos de pobladores, al borde de la inanición, cortan el paso de los vehículos que transportan ayuda internacional. Enviados de Gobiernos extranjeros, la ONU, la Cruz Roja Internacional y misiones pastorales trabajan allí, junto a médicos, militares y voluntarios locales. Con prisa, sin pausa. Haití lo necesita.

Foto: Les Cayes, Haití. Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (CC BY 2.0)

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