Escuelas chárter en Carolina del Norte. Habrá más, ¿pero serán mejores?

Escuelas chárter en Carolina del Norte. Habrá más, ¿pero serán mejores?

Ana Stollavagli- En el momento de esta redacción, las autoridades educativas de Carolina del Norte analizan las solicitudes para la apertura de treinta y ocho nuevas escuelas chárter en agosto de 2018. Cada una de ellas pagó una tasa de mil dólares, presentó los antecedentes penales de sus responsables, que son también entrevistados, y dio a conocer un detalle de sus propuestas educativas para ser consideradas primero por la Oficina de Escuelas Chárter y luego, por el Consejo Asesor (CSAB). De las treinta y ocho escuelas, veinticuatro quieren instalarse en áreas urbanas y alrededores, siete en Wake, seis en Charlotte-Mecklenburg y una en Durham. De ser aprobadas, se sumarían a las ocho autorizadas a abrir en 2017, y a las 167 ya existentes en el estado, para dar cabida así a los quince mil alumnos que esperan incorporarse a ese sistema que cuenta ya con unos cuarenta mil estudiantes. Estos números representan el 4% de las casi cinco mil escuelas chárter que funcionan en treinta y nueve estados y en el Distrito de Columbia, con una población estudiantil de 1,6 millones.

Las escuelas chárter son escuelas públicas y, como tales, son gratuitas, no pueden discriminar a los alumnos por ninguna razón, reciben fondos oficiales y cumplen con los criterios de enseñanza impuestos por el estado. Pero se diferencian de las instituciones tradicionales en que son independientes, tienen fundadores y administradores privados y no exigen que los estudiantes vivan en un área determinada. Además, hacen énfasis en el mejoramiento académico por la innovación y la responsabilidad, y a veces cuentan con menos alumnos, lo que permite una enseñanza más personalizada.

En general, el sistema de escuelas chárter goza de prestigio, pese al temor de algunos padres de que los directivos decidan cerrar las instituciones por el bajo número de matrículas, que tengan propuestas más novedosas que académicamente efectivas o que puedan cometer actos de corrupción.

En la medición 2015-2016, las escuelas chárter del condado de Wake, por citar solo un ejemplo, obtuvieron mejores calificaciones que las públicas tradicionales. Alcanzaron A+, A y B el 77% de las dieciocho chárter, contra el 50% de las 167 instituciones convencionales. Y esa diferencia podría estar dada por las condiciones económicas de los alumnos.

Las siete chárter con A o A- tienen no más de un 9% de estudiantes con problemas monetarios. Las dieciocho escuelas comunes con la misma calificación llegan al 20% de niños y jóvenes con dichos problemas. Las dos chárter que obtuvieron D o F suman un 75% de alumnos en desventaja económica, casi los mismos que las quince escuelas tradicionales con peor calificación. Según el presidente de la Junta Escolar del Condado de Wake, Tom Benton, esto demuestra que las escuelas chárter tienen pocos estudiantes con bajos recursos. En cambio, el director ejecutivo de la Asociación que reúne a esas instituciones, Lee Teague, estimó que estas tienen más alumnos con dificultades económicas de los que reporta el estado, debido a que no están obligadas a participar en el programa de almuerzos escolares.

En otros estados, en cambio, la discusión presenta diferentes matices. El periodista y exprofesor universitario Emilio J. Sánchez sugiere que favorecen la segregación porque escogen a los alumnos con mejores calificaciones, y cita el caso de Raquel Regalado, la candidata a alcalde de Miami-Dade –donde el 15% de los estudiantes asiste a escuelas chárter–: su hija habría sido expulsada de una por ser autista.

Sánchez también alude al pronunciamiento de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), que pidió una moratoria en la expansión de las escuelas chárter: “La débil supervisión lesiona a estudiantes y comunidades, fomenta el despilfarro de los fondos públicos y erosiona el control sobre la educación”.

En la otra vereda, el reverendo Rubén Díaz, senador por el distrito 32 de Nueva York, que incluye el Bronx, asegura que estas escuelas dan mejor educación a los estudiantes afroamericanos e hispanos, los cuales constituyen la mayoría del alumnado en los 460 establecimientos chárter del estado: “El 50% de los niños aprende más inglés… y el 76%, más matemáticas que en las escuelas públicas”.

Cualquiera sea la postura, nadie duda de cuánto más difícil resulta la educación en contextos de pobreza, marginalidad y violencia, ni tampoco de que la escuela es el mejor camino para democratizar las oportunidades.

Hay ejemplos exitosos de escuelas chárter que lograron achicar la brecha entre la A y la F, y nivelar hacia arriba. Es lo que se espera para Carolina del Norte, donde el sistema chárter cumple veinte años desde que se aprobó la ley que lo regula, y donde hace cinco, se anuló el límite de cien escuelas con esa modalidad.

En el estado se proyectan cada vez más instituciones, que tienen como meta compartir sus mejores métodos de enseñanza con el sistema público, para que todos los estudiantes puedan sacar provecho de esas innovaciones. La comunidad local pudiera esperar que las escuelas chárter no solo sean más, sino también mejores. Y es lo que se anhela, además, en todas las escuelas públicas del país.

Foto: Woodley Wonder Works (CC BY 2.0)

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