ONU 2016: terrorismo, crisis humanitaria y cambio climático

ONU 2016: terrorismo, crisis humanitaria y cambio climático

David Guzmán Fonseca- La septuagésimo primera reunión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (AGONU) que se celebró entre los días 20 y 26 de septiembre en la ciudad de Nueva York en los Estados Unidos, giró en torno a los temas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Dichos objetivos constituyen una serie de metas y objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. No obstante, la reunión se encuentra enmarcada por problemas graves que afectan la estabilidad política, social y económica del planeta. Entre estos grandes problemas que han capturado la agenda de la cumbres se encuentran la grave y preocupante crisis de refugiados que llegan a Europa por la violencia en Siria, Irak y Afganistán, los conflictos que aún persisten en algunas partes del mundo, los crecientes actos terroristas en diferentes partes de mundo –aunque últimamente con un mayor impacto en Europa y Estados Unidos– por parte de grupos como el Estado Islámico, y finalmente, los innegables efectos del cambio climático.

La Asamblea General es el órgano principal de esta organización; cada año congrega a los líderes y dirigentes de 193 estados miembro y tres miembros en calidad de observadores –el estado de la ciudad del Vaticano, la soberana orden militar de Malta y el Estado de Palestina–. En este organismo, todos los estados miembro tienen la capacidad y el derecho de votar, con lo que toman decisiones importantes en materias como la paz, la seguridad, los temas presupuestales y el ingreso de nuevos miembros.

Sin embargo, la explosión de un artefacto en el barrio Chelsea en Nueva York el 17 de septiembre, ubicado cerca de dos millas de donde se llevaron a cabo las reuniones, y el hallazgo de un segundo explosivo que fue encontrado sin detonar a dos días de la AGONU, han dado un tono aún más gris a un año marcado por diversos ataques terroristas en diferentes sitios del orbe (París y Niza en Francia, Bruselas en Bélgica, algunas ciudades de Alemania, explosiones en el aeropuerto de Estambul en Turquía, y los asesinatos en Orlando y San Bernandino en los Estados Unidos, entre otros).

En este sentido, la solución a la creciente amenaza del terrorismo, sus efectos sobre la estabilidad política en el Oriente Medio y las consecuencias que han tenido sobre la población civil –en particular, la ausencia de una estrategia para resolver la crisis de refugiados– es una deuda que los países miembro de la ONU aún tienen pendiente. De acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados, tan sólo en Siria hay 6.6 millones de personas desplazadas internas y otros 4.8 millones de personas que se han ido a países vecinos como Turquía, Jordania, Líbano, Egipto e Irak; adicionalmente, alrededor de un millón de sirios han pedido asilo en Europa.

Por otro lado, el tema ambiental ha cobrado un rol importante dentro de la reunión de los miembros de la ONU, en gran medida como resultado de que algunos países aceptaron un acuerdo para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, conocido como el Acuerdo de París, que debería entrar en vigor antes de finalizar al año. De ser aprobado por los 55 países que representan 55% de las emisiones de gases en el mundo (60 naciones que representan 47% de la emisiones ya lo aprobaron), países como China y los Estados Unidos estarían obligados a disminuir su contaminación, la cual ha propiciado el cambio climático y desastres ecológicos en los últimos años (por ejemplo, en los Estados Unidos el verano que acaba de terminar se caracterizó por un número sin comparación de inundaciones).

Pero para América Latina, sin lugar a dudas, uno de los discursos más importantes tiene que ser el del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien en la Asamblea habló sobre el acuerdo de paz conseguido entre su Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Con el acuerdo de paz se pretende dar fin a 52 años de guerra, que han dejado más de 200,000 muertos y cerca de siete millones de víctimas (entre ellos, seis millones de desplazados). En este proceso, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, jugó un papel fundamental, ya que medió entre las partes, y así mismo se prestó para ser garante del proceso de desarme, desmovilización y reintegración de aquellos que salgan de las filas de las FARC.

Igualmente, la Asamblea General sirvió de antesala para la elección de un nuevo Secretario General de la Organización. Se espera que por primera vez resulte elegida una mujer que dirija la Organización. Entre las favoritas se encuentran la ministra de relaciones internacionales de Argentina, Susana Malcorra, la actual directora de la Unesco, Irina Bokova, de Bulgaria, y también se habla de un favorito, el exprimer ministro de Portugal y exdirector de la agencia de refugiados de la ONU, António Guterres.

Si bien la elección del Secretario General se da mediante la votación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad –China, Francia, Rusia, el Reino Unido y los Estados Unidos–, y los 10 miembros temporales, desde la Asamblea se buscará el apoyo de regiones o bloques que puedan influir la votación de quienes componen el Consejo de Seguridad. Sin embargo, ya se prevé que la elección del nuevo Secretario General de la Naciones Unidas se convierta en una muestra más de la confrontación entre Rusia y Estados Unidos, quienes apoyan a Bokova y Malcorra respectivamente. De este modo, la pugna por el cargo podría convertirse en un escenario más en el que ambas potencias busquen imponer su dominio e intereses.

Así, aunque la septuagésimo primera Asamblea General de la ONU tiene como objetivo principal el asunto de los ODS, se espera que las discusiones giren alrededor de los retos que enfrenta la organización y sus países miembro para afrontar el terrorismo, la violencia y las crisis humanitarias.

Foto: Basil D Soufi (CC BY-SA 3.0)

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