¿Punto de quiebre para los Gobiernos de izquierda en América Latina?

¿Punto de quiebre para los Gobiernos de izquierda en América Latina?

Cristina Jácome- La señal más reciente de una fuerte corriente política de izquierda en América Latina se produjo con la llegada al poder en 1999 de Hugo Chávez en Venezuela. Desde aquel momento, varios países se alinearon con nuevos Gobiernos de similar tendencia, tales son los casos de Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Esta corriente política con el tiempo ha sido definida por muchos como el socialismo del siglo XXI, que aunque tuvo mucho éxito en un principio, ahora muestra signos de un movimiento en declive. ¿Pero cuál es el origen? De acuerdo a varios analistas económicos, esta avalancha de movimientos de izquierda fue la respuesta a tanto sufrimiento causado por las reformas neoliberales de los noventa. Los ajustes estructurales llevaron a un aumento del desempleo, recortes en los servicios sociales y más inequidad. Mientras los ricos se beneficiaban de las privatizaciones, los estándares de vida bajaban para la mayoría.

Es por ese sentimiento de un pueblo descontento que estos nuevos Gobiernos entraron con tanta fuerza y con tanta aceptación. En Bolivia, por ejemplo, las elecciones presidenciales del 2005 las ganó por mayoría absoluta Evo Morales, líder del partido MAS (Movimiento al Socialismo). En el 2007, Rafael Correa asumió por primera vez la presidencia del Ecuador, revalidando su cargo en dos ocasiones, en el 2009 y 2013. En la última elección, el presidente Correa obtuvo el 57.17 % de los votos, lo que lo mantendrá en el poder hasta el 2017. En el caso de Brasil, Lula da Silva fue elegido presidente con más de 50 millones de votos (61.27 %), convirtiéndose en el candidato más votado en la historia de esa nación.

Sin duda, muchos países salieron adelante gracias al trabajo de estos Gobiernos, especialmente, en lo que se refiere a la lucha contra la pobreza. Por ejemplo, en Bolivia, según cifras oficiales, en el 2012 el indicador de pobreza se redujo en un 10 % en el área urbana y en un 20 % en el área rural. También hubo mejoras en la educación, como en Brasil, con el programa Beca Familia, que logró mejorar la situación de los núcleos familiares con bajos recursos económicos, al ofrecerles ayuda con la condición de que enviaran a sus hijos a las escuelas.

Muchos de estos logros sociales se sostenían con la subida de los precios de los hidrocarburos; además, esta bonanza ayudó al crecimiento de Latinoamérica y generó mucha inversión en los sectores de industrias petroleras, madereras y mineras, entre otras. En el 2012, en el Ecuador, el desempleo cayó a un 4.2 %, la tasa más baja en la historia del país, y se logró disminuir la pobreza mediante una política de generación de empleos de calidad, entre otros factores.

Pero el fin del boom de las materias primas, combinado con errores en procedimientos establecidos para la ejecución de los presupuestos de ingresos y gastos, ha sido uno de los factores para que el decrecimiento y la desconfianza en la inversión sean pronunciados.

Michael Reid, editor de The Economist sobre América Latina, dice que varios países de la región cometieron el error de pensar que el boom iba a durar siempre. Si se hubiera ahorrado en años de vacas gordas y en los momentos de desaceleración se hubiera ayudado con políticas contracíclicas, es decir, con medidas para afrontar ciclos económicos decrecientes, la situación no hubiera sido tan grave.

El manejo desmedido de la economía contribuyó también a esta baja económica. En Argentina, la sobrerregulación del sector privado y el sobregasto dejaron al país con el mayor déficit fiscal en décadas. El caso de Venezuela es aún más dramático, el país está sufriendo la peor depresión económica en más de doscientos años. En el 2015, su tasa de inflación era la más alta del mundo. Se espera que este año suba a más de un 700 %, lo que puede dejar al Gobierno sin poder pagar para imprimir su moneda. Además, hay escasez de bienes básicos, la violencia está en aumento y las sequías están causando cortes eléctricos en muchas partes del país. El primero de septiembre de 2016, la oposición organizó la llamada Toma de Caracas, a la que asistieron 1.1 millones de manifestantes para demandar que el presidente Maduro dejara el poder.

Otro revés para el progresismo tuvo lugar en Argentina, donde Mauricio Macri, de centro derecha, ganó en el 2015 las elecciones contra Daniel Scioli, candidato de la presidenta de izquierda, Cristina Fernández de Kirchner. Más al norte del continente, el presidente de Bolivia, Evo Morales, perdió una batalla electoral por primera vez en diez años. Se confirmó la victoria del no en el referendo con el que buscaba habilitarse para un cuarto mandato.

Y para confirmar el punto de quiebre de los Gobiernos populistas, la presidenta Dilma Rousseff ha sido recientemente condenada por maquillar las cuentas públicas y, como consecuencia, obligada a dejar la presidencia de forma definitiva. Michel Termer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), un partido más centrista, ha tomado el mando.

En varios casos, no se han podido mantener estos modelos económicos a largo plazo, y muchas veces se ha perjudicando el objetivo por mantener la ideología. En muchos de estos países las políticas económicas ahogaron las iniciativas del sector privado y hubo tendencias marcadas de concentrar el poder por parte de los Gobiernos.

Pero uno de los mayores problemas es, sin duda, el de la corrupción, que lo único que ha provocado en el pueblo ha sido desconfianza, además de hacerlo en otros Gobiernos y en el sector privado externo, alejando a este último de posibles inversiones. Podrían mencionarse como ejemplos de presuntos actos de corrupción los del hijo de la presidenta chilena Michelle Bachelet, las denuncias de Petrobras en Brasil y el enriquecimiento de la familia Kirchner en Argentina, por nombrar solo algunos.

A pesar de las buenas intenciones y del progreso obtenido, la ética en la política debería haber sido un pilar para estos Gobiernos. La transparencia absoluta de los recursos públicos tiene que ser la base de la confianza que los gobernantes deben proporcionar a sus contribuyentes. El no haber actuado siempre así, hace que los Gobiernos y sus pueblos paguen un precio muy alto y es un factor determinante que pone en riesgo la continuidad de sus mandatos.

Foto: Fabio Pozzebom/Agência Brasil (CC BY 3.0 br)

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