Cambio climático: ¿Florida será la Atlántida?

Cambio climático: ¿Florida será la Atlántida?

Ana Stollavagli- Está en el mar, como la isla que describió Platón, pero no se ubica más allá de las “columnas de Hércules”, sino en el sur de Estados Unidos. Sobre su existencia no hay dudas, dado que es uno de los destinos turísticos más elegidos en el mundo, pero como aquella probable alegoría de la Atlántida, Miami Beach corre el riesgo de desaparecer. No será en un día y una noche, como lo señaló el filósofo griego, pero tal vez no falta demasiado tiempo para que ocurra. La reciente aparición de un misterioso cartel sobre el abandonado South Shore Hospital, con la leyenda: “Sus casas de millones de dólares estarán bajo el agua”, despertó el fantasma del hundimiento de la ciudad en el mar por la despiadada acción humana. Pero el cambio climático y los malos pronósticos no solo amenazan a Miami Beach, ya acostumbrada a las inundaciones producto de las fuertes lluvias, sino también a gran parte del sudeste de la península de la Florida.

Destino siempre posible para huracanes, Florida tiene la costa más larga de Estados Unidos (más de 1,300 millas) y es el tercer estado con mayor densidad poblacional del país. De sus 21 millones de habitantes, aproximadamente la cuarta parte se concentra en el área metropolitana del sur de Miami, la región que integran los condados de Palm Beach, Broward y Miami-Dade, y de esos más de 5.5 millones de personas, 75 % vive en la costa. Los tres condados, junto al de Monroe, al que pertenecen los cayos, firmaron en 2009 un pacto regional para hacer frente a las consecuencias del calentamiento global.

¿400 ciudades bajo el agua?

Las mediciones científicas señalan que la altura del mar seguirá creciendo y que ese ascenso será alarmante ­–casi apocalíptico– para fines de siglo. Un estudio del ecologista Benjamin Strauss, de la Academia de Ciencias de Princeton, citado por el diario Miami Herald, ha predicho que para el año 2100, más de 400 ciudades estadounidenses estarán bajo el agua y que Florida podría perder la mayor parte de su territorio.

La península tiene una topografía plana en la que los Everglades, al oeste, han sufrido cambios producto de la actividad agrícola, y numerosas regiones costeras, al este, se levantan a pocos pies sobre el nivel del mar. Además, las elevaciones naturales son de piedra caliza, cuya porosidad hace que algunos estudiosos la comparen con un queso suizo con agujeros.

Aunque los canales de agua dulce están más altos que el mar, el fenómeno provocaría que el agua salada se filtrara, lo que pondría en riesgo, por ejemplo, al acuífero de Biscayne, vital para abastecer de agua potable a la población. Los 5.5 millones de habitantes del área metropolitana de Miami utilizan 3,000 millones de galones de agua para consumo humano, agrícola e industrial, y desechan 22 millones de galones, por día.

En la Bahía de Biscayne, además, el hidrólogo Henry Briceño, de la Universidad Internacional de Florida (FIU), ha encontrado altos niveles de contaminación por fósforo, nitrógeno y otros agentes utilizados como fertilizantes del suelo, que posiblemente fueron arrastrados por las aguas subterráneas.

Hacia el sur de la península, en la última década, el agua salada avanzó dos millas hacia los pozos, que son la única fuente de abastecimiento de agua dulce para los cayos, los cuales, además, han sufrido recientes inundaciones. Además, en mares y lagunas, cada vez más templadas y ahítas de agroquímicos, han aparecido algas que, al quitar el oxígeno, afectan la vida de la flora y fauna acuáticas.

El peligro nuclear

La presencia de esas algas también ha sido señalada como un peligro potencial para el enfriamiento de los reactores nucleares de la Bahía de Biscayne, que administra la compañía FPL. Desde hace años existen temores respecto al riesgo que podría representar para la planta nuclear un desborde marítimo o la llegada de un huracán. Los directivos dicen que Andrew, en 1992, pasó por allí sin ocasionar daños; pero grupos ecologistas recuerdan la experiencia de Fukushima, tras el tsunami de Japón en 2011.

El impacto inmobiliario

Cuando en 1920 se empezó a construir en Miami Beach, la altura del mar no representaba una preocupación. Sin embargo, en la actualidad la compañía inmobiliaria Zillow advierte que una de cada ocho propiedades de Florida está en riesgo, lo que representa 935,000 edificaciones valuadas en 413,000 millones de dólares. Y, sin embargo, el sueño de “la vista al mar” sigue motorizando la industria habitacional. Tras la aparición del cartel en el viejo hospital, el desarrollador inmobiliario Russell Galbut afirmó: “Mientras nos ocupemos del problema, Miami no estará bajo el agua”.

Los planes para hacer frente al avance del mar incluyen la instalación de más bombas de extracción durante los próximos años, aunque en la década pasada los recortes presupuestarios impidieron la reparación de algunas ya colocadas. También se proyecta el emplazamiento de muros de contención, pese a que muchos deberían erigirse en zonas de propiedad privada. La parte más ambiciosa del plan es “levantar” la ciudad 2.5 pies, como ya se hizo en una calle de Sunset Harbour, Miami Beach, lo que implicaría que durante los siguientes cinco o seis años habría que invertir unos 500 millones de dólares para la obra.

La directora de Planificación de aguas pluviales de Miami-Dade, Mariana Blanco-Pepe, ha reconocido al Miami Herald que las mayores inundaciones podrían darse en la costa y el extremo sur, que está deshabitado. Por su parte, Nicole Hefly, a cargo de la Oficina de sustentabilidad del Condado, ha indicado que los planes se irán cambiando con base en la nueva información de la que se disponga.

Durante la campaña electoral, además, 15 alcaldes han pedido a los precandidatos que comprendan la gravedad del cambio climático y la necesidad de resolver con rapidez sus consecuencias. Es innegable que ese cambio, expresado en sequías e inundaciones y combinado con más prácticas contaminantes, está afectando nuestro principal recurso, el agua. Chris Berght, director de Conservación de la Naturaleza del sur de Forida, ha afirmado que “está sucediendo en menos tiempo de lo que dura una vida, pero nos vamos a adaptar”. Lo que no sabemos es cuándo será y a qué precio.

Foto: Felipe Skroski (CC BY 2.0)

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