Clinton-Trump: la batalla por los inmigrantes

Clinton-Trump: la batalla por los inmigrantes

Ana Stollavagli- “Hay, al menos, 11 millones de personas que entraron a este país ilegalmente. Ellas se irán… tienen que irse… serán deportadas. Tenemos una nación o no la tenemos… construiré un gran muro. Lo llamaremos La Gran Muralla de Trump”. Estos son solo algunos de los fragmentos seleccionados en un nuevo video de la campaña de Hillary Clinton para recordar las advertencias más duras de su rival, ahora que el discurso de Donald Trump, por momentos, parece suavizarse.

Aludiendo a una “mancha de tinta” en la prédica del magnate, la candidata demócrata asegura que Trump está tratando de ocultar lo que ya ha dicho acerca de la inmigración.

La semana pasada, Trump –o alguno de sus voceros– dejó de afirmar que, en caso de llegar a la presidencia de Estados Unidos, iba a crear una “fuerza de deportación”. Aunque sí señaló que “no habrá camino a la legalización a menos que los indocumentados salgan del país”. Una posición menos radical, aunque aún lejana a la de su contrincante.

Hillary Clinton promueve una reforma migratoria que incluya la legalización de extranjeros sin papeles, atendiendo especialmente a las personas en situaciones extremas y a aquellas que han servido a la comunidad.

La exsecretaria de Estado también defiende los decretos DACA y DAPA del presidente Obama, el segundo de ellos frenado por 26 estados y luego por una Corte de Distrito y la Corte Suprema. La DACA (Acción diferida para los llegados en la infancia) protege a aquellos indocumentados que vinieron de niños, para que puedan vivir y trabajar en Estados Unidos, y la DAPA (Acción diferida para padres de estadounidenses y residentes legales) ampara a los adultos que han tenido hijos que nacieron aquí o que consiguieron sus papeles.

Trump ha prometido erradicar esas acciones ejecutivas en sus primeros cien días de gobierno, así como poner fin a la ciudadanía por nacimiento –amparada por la Constitución– de modo que los bebés dados a luz en suelo norteamericano por madres indocumentadas serán, como ellas, deportados.

El candidato republicano también ha amenazado con suspender los fondos federales para las “ciudades santuario”, denominadas así por tener un trato más amable con los inmigrantes. Según el Gobierno, estas son desde Portland hasta Miami, pasando por Los Ángeles y Nueva York.

Clinton, en cambio, se comprometió a cerrar los centros de detención de inmigrantes, virtuales cárceles donde familias con niños pasan días, semanas y hasta meses.

Los dos candidatos están de acuerdo en algo: reforzar el patrullaje en las fronteras. Y el republicano, además, ha señalado que propondrá que los estudiantes extranjeros puedan permanecer en el país después de finalizadas sus carreras.

Pero las coincidencias rápidamente se acaban; Trump no quiere permitir la entrada de musulmanes ni de ciudadanos originarios de países vinculados al terrorismo, como parte de lo que Clinton llama la “demonización” de los inmigrantes.

Los primeros blancos de la diatriba del empresario habían sido los mexicanos, a los que el republicano acusó de “estar trayendo drogas y crímenes” y de ser “violadores”. En su reciente visita a México, durante la que fue recibido por el presidente Enrique Peña Nieto, Trump no se retractó de sus agravios y ha insistido en la idea del muro que –ha dicho luego en Phoenix– pagará el país vecino.

Clinton, por su parte, ha sentenciado que “un viaje de unas horas no compensa un año de insultos”, y el empresario le ha echado en cara supuestos vínculos de un exlíder de su partido con el Ku Klux Klan, pese a que a él mismo lo apoya el grupo supremacista blanco.

Las idas y vueltas de Donald Trump en torno a la inmigración son entendidas por numerosos analistas políticos como un intento de seducir a votantes moderados, sin perder el apoyo de los más radicalizados, que lo habían proyectado como candidato.

Hillary Clinton parece aprovechar ese giro para poner en duda que su contrincante haya asumido, en verdad, una postura más equilibrada.

En sus horas más iracundas, aquellas de la promesa de una muralla con su nombre y las encuestas altas, Trump aseguraba que los demás dirán: “Él sí hace lo que dice [que va a hacer]". Una mancha que Clinton no le deja borrar.

¿Nada será como antes? El 8 de noviembre se sabrá.

Foto: Vector Open Stock (CC BY 3.0)

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