¡Ellas pueden volar! Avances y deudas en los derechos de las mujeres del Mundo Árabe

¡Ellas pueden volar! Avances y deudas en los derechos de las mujeres del Mundo Árabe

Ana Stollavagli- El 23 de febrero de 2016, el estado de Brunéi celebró 32 años de independencia. Ese día, de su aeropuerto partió el primer avión de ese país tripulado por mujeres; después de recorrer 3,706 millas, aterrizó en Arabia Saudita, donde a las personas del género femenino se les impide conducir automóviles. Hacerlo y ser descubiertas por la policía religiosa ha costado a dos jóvenes 70 días de cárcel y la presentación ante una Corte como si se tratara de peligrosas terroristas. Y este es solo un caso reciente. En los últimos ocho años, el Consejo Consultivo de la Monarquía ha recomendado dos veces al rey levantar la prohibición a las mujeres de dirigir vehículos, aunque con ciertas restricciones: ser mayores de 30 años, estar autorizadas por sus maridos o tutores y el código de vestimenta. El monarca no contestó, pero sí lo hicieron algunos líderes religiosos: “Hay estudios científicos que demuestran que la posición de manejo afecta los ovarios y por eso los bebés nacen con taras clínicas”; “protegemos a la sociedad del mal, para que las mujeres no interactúen con hombres que no son sus maridos”, “en caso de avería del coche, las mujeres podrían ser violadas… así que es mejor que tengan chóferes extranjeros”.

En contrapartida, desde el 12 de diciembre pasado, las mujeres tienen permitido votar y postularse a cargos públicos por primera vez en los 85 años de historia de Arabia Saudita. Hubo comicios municipales, en los que 1,350,000 electores y 130,000 electoras pudieron elegir entre 5,938 candidatos y 978 candidatas. Las mujeres solo tuvieron autorización para hacer campaña detrás de tabiques o representadas por hombres, y tras el escrutinio, 14 de ellas obtuvieron cargos públicos referidos al suministro de agua o la recolección de residuos. En los demás aspectos de su vida, les caben las generalidades de la ley, o mejor dicho, de los edictos religiosos: no pueden salir solas a la calle ni viajar sin permiso.

No obstante lo limitado que parece este avance, las mujeres árabes comprometidas con la defensa de sus derechos lo consideran un hito y apuestan a que será el comienzo de una nueva era. A instancias del mismo monarca que en 2011 les había prometido ejercer el sufragio, las universidades entregaron un gran número de becas que las mujeres han sabido aprovechar. Actualmente, hay más estudiantes universitarios del género femenino que del masculino. Del mismo modo, las mujeres empiezan a ganar terreno en el mercado laboral, aunque solo 15 % de ellas trabaja fuera de casa.

Un gran motor para este fenómeno es Lubna Olayan, directora ejecutiva de Olayan Financing Company (UFC). La empresaria árabe de 60 años, que ha estudiado en dos universidades de Estados Unidos y trabajado en la banca Morgan, llegó en 2003 a la compañía fundada por su padre, cuando allí solo había hombres. Trece años después, en UFC hay 400 mujeres, 56 de ellas con poder de mando, y aunque solo representan 3 % del personal, Lubna espera alcanzar el millar de trabajadoras al finalizar el 2016.

Para sumar mujeres, la directora ejecutiva debió construir baños, comedores, salas de oración, espacios de trabajo y proveer servicios de transporte; pero ella está convencida de que “permitir a las mujeres con talento encontrar empleo es lo mejor para la economía”. La política de UFC sirvió de ejemplo para otras compañías en los últimos cinco años. Según el Gobierno de Arabia Saudita, en 2004 había 23,000 empleadas, y en la actualidad hay 400,000.

Pero en un país con 30 millones de habitantes, regido por una monarquía absoluta, aún queda mucho por hacer en materia de Derechos Humanos, y el ala más dura del clero islamita ejerce una gran influencia sobre el rey. Horas después de que el atentado terrorista en París acabara con la vida de 12 personas en la redacción de la revista Charlie Hebbo, Raif Badawi, el escritor y cofundador del blog Red Saudí Liberal (una plataforma para conversaciones y debates políticos y religiosos), recibió los primeros 50 latigazos de una serie de 1,000, que forman parte de su condena a 10 años de prisión por “insultar al Islam a través de canales electrónicos”.

Arabia Saudita y Brunéi son dos de los Estados miembros de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que hoy reúne a 57 naciones de cuatro continentes. En 1990, la OCI firmó la Declaración de los Derechos Humanos en el Islam –homóloga a la de las Naciones Unidas– que prohíbe la “discriminación por sexo” y proclama la “igualdad de la dignidad humana”. En 2007, el Secretario General de la entidad pronunció un discurso por el Día Internacional de la Mujer, en el que pidió “poner fin a la impunidad de la violencia contra las mujeres” y abogó por la “igualdad de género basada en las escrituras islámicas”. Esto significa que, al menos formalmente, los países islámicos se adhieren al cumplimiento de los derechos de la mujer en una concepción bastante parecida a la occidental. Y es que según prestigiosos estudiosos del Islam, con el advenimiento de esta religión, quince siglos atrás, la mujer dejó de ser considerada un objeto desechable y de estar expuesta a la humillación.

Como directora del Centro de Estudios Femeninos del Islam, la escritora y médica marroquí Asma Lamrabet, asegura que en el Corán consta que las mujeres tienen derechos civiles, sociopolíticos y económicos. Esto significa que pueden elegir a su marido y divorciarse, son dueñas de sus bienes, acceden a la educación y al trabajo, votan desde mucho antes que sus congéneres de Occidente y les corresponden cargos políticos y militares. “Así eran las mujeres formadas en la escuela del verdadero Islam –agrega Lamrabet–: cultas, orgullosas, creyentes, luchadoras y libres”. Entonces lo que conocemos hoy no es un mandato del Islam sino fruto de la misoginia sin fronteras ni credos.

El Islam tampoco ordena la mutilación genital femenina, ejercicio habitual en treinta naciones, muchas de las cuales profesan esta religión. A principios de agosto, el Parlamento de la Unión Africana avaló la prohibición de esa cruenta práctica, que cada año se aplica en tres millones de niñas de África y el Cercano Oriente, aún en países donde ya no está permitido hacerlo. Pero este organismo no es legislativo, sino consultivo, por lo que ahora los 25 delegados deben llevar dicha decisión a sus respectivos países.

Se trata de pequeños grandes avances en la reivindicación de los derechos de la mujer. Como dijo la primera editora de un diario de Arabia Saudita al ser nombrada en su cargo, en 2014: “Se abrió una grieta en el techo de cristal”. O, como señala el Corán en uno de sus versos: “Las mujeres son iguales a los hombres. Los mejores entre los dos son los más piadosos”.

Ellas están “levantando vuelo”, y no solo por pilotear aviones.

Foto: Walter Callens (CC BY 2.0)

 

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