'Ciudadanos Unidos': una droga que debilita la democracia

'Ciudadanos Unidos': una droga que debilita la democracia

Cristina Jácome- Una de las afirmaciones que hemos escuchado repetidamente en estas campañas presidenciales es que el financiamiento electoral se ha vuelto corrupto y hay que desecharlo. Pero es un hecho que la mayoría de los candidatos se ha valido del financiamiento electoral externo, respaldados por la ley. Y aunque muchos de ellos dicen que quieren acabar con esa figura de respaldo, son parte del problema. ¿Es posible cambiar el sistema desde adentro? ¿Es posible rehabilitar a los que hacen uso de esta “droga” que debilita a nuestra democracia? Recordemos que el 21 de enero de 2010, la Corte Suprema de Estados Unidos dictó una sentencia histórica que permitió la participación de empresas y sindicatos en campañas políticas electorales. El caso de la organización conservadora Ciudadanos Unidos (Citizens United) contra la Comisión de Elecciones Federales sostuvo que la Primera Enmienda a la Constitución, la cual protege la libertad de expresión, prohíbe al Gobierno limitar las donaciones políticas. Es decir, se interpretó el acto de dar dinero como una forma de libertad de expresión.

Así respaldados, las corporaciones y los sindicatos se vieron libres de invertir sumas ilimitadas de dinero en propagandas y otras herramientas políticas electorales. Como consecuencia, los que dan más dinero llegan incluso a tener el poder decisivo sobre qué candidato va a ganar. Eso sí, es importante aclarar que, de acuerdo con la Corte, la decisión no afecta a las contribuciones, porque todavía es ilegal que las compañías y los sindicatos den dinero directamente a los candidatos.

Entonces, ¿cómo llegan dichas aportaciones a las campañas electorales? Pues por medio de los Super PAC (Comité de Acción Política, por las siglas en inglés), que son organizaciones creadas para recaudar fondos destinados a apoyar a un candidato. En este caso, sin embargo, como los fondos no se gastan en coordinación con una campaña electoral, entonces son completamente legales. La diferencia es que no hay límites en la cantidad que se dona y se gasta, lo que provoca que estas organizaciones sean un elemento determinante en las elecciones de este país.

Además de la posibilidad de donar ilimitadamente, ahora se puede hacer de manera anónima. La Corte Suprema acordó que los Super PAC deben reportar regularmente quiénes son sus donantes, pero, por otro lado, las organizaciones sin fines de lucro no están obligadas a revelar quiénes las sustentan. Por eso se dice que cada vez hay más “dinero turbio” inmerso en las campañas.

Para los sectores liberales, esta sentencia ha ido en contra de sus principios, pero la legalidad del asunto empujó incluso al candidato Bernie Sanders, quien se opone fuertemente a la decisión de Ciudadanos Unidos, a tener un Super PAC. Si bien es cierto que las organizaciones que apoyaron a Sanders estaban financiadas por pequeñas donaciones de miles de personas, y no por multimillonarios, también cumplen con la definición de Super PAC y existen legalmente gracias a la controversial decisión del caso de Ciudadanos Unidos.

Además de Sanders, Hillary Clinton también se ha beneficiado de los Super PAC. Sin embargo, recientemente Clinton anunció que en sus primeros días de presidencia introducirá una enmienda constitucional para anular la decisión de la Corte Suprema sobre el caso Ciudadanos Unidos. Si bien sus palabras tienen buenas intenciones, es en realidad un reto muy complicado, ya que los políticos han sido reticentes en el pasado a apoyar cualquier ley o enmienda que haga más difícil ganar las elecciones. En todo caso, el objetivo de Hillary Clinton es hacer que los políticos puedan rendir cuentas a sus votantes y que el sistema político esté libre de la influencia corrupta del “dinero turbio” y los Super PAC.

Aunque la idea de Ciudadanos Unidos era respaldar la libertad de expresión, muchos ven este dinero como una influencia corrupta. De acuerdo con la Comisión Federal de Elecciones (Federal Election Commission, o FEC), el monto total gastado en las elecciones de 2012 llegó a $7 mil millones. La FEC estima que los candidatos gastaron $3.2 mil millones, los partidos políticos $2 mil millones, y otros comités políticos externos (como los Super PAC) más de $2.1 mil millones.

Lo más decepcionante de estas cifras es que, como hemos presenciado en los últimos años, los miembros del Congreso se han visto tremendamente restringidos para tomar decisiones legislativas que estén a favor de lo que el pueblo quiere; ahora se ven forzados a representar los deseos de los contribuyentes que los financiaron. Como resultado, un grupo selecto de donantes millonarios ha obtenido más influencia, no solo durante las elecciones, sino una vez que sus candidatos están gobernando.

Hasta el candidato Donald Trump ha dicho que nuestros líderes electos se han vuelto “unas marionetas” de los donantes más ricos. Este candidato, aunque dice estar de acuerdo con una reforma financiera de la campañas políticas, no ha detallado un plan específico de cómo hacerlo, ni se ha escuchado de su parte una conversación constructiva que vislumbre soluciones al respecto.

Muchos defensores dicen que la Corte Suprema legisló de buena fe para promover la imparcialidad en la sentencia de Ciudadanos Unidos. La realidad que estamos viviendo nos dice que, en la práctica, esta nueva ley está propiciando un giro negativo a nuestra democracia. Necesitamos que el pueblo no deje que su voz se ahogue, sino que en esta nueva presidencia la voz de muchos se vea materializada en la labor que hacen nuestros líderes y gobernantes, libres de prebendas y compromisos económicos.

Nuestros gobernantes, además, deben darse cuenta de que la inyección de dinero en las campañas políticas actúa como una droga que, a sabiendas de ser peligrosa y debilitante de nuestra democracia, se sigue consumiendo para beneficio particular. Lo que necesitamos es una voluntad decidida por parte del nuevo presidente o presidenta, y el trabajo en equipo por parte del Senado, la Casa de Representantes y los estados de este país en aras de fortalecer un sistema democrático real, transparente y libre de influencias.

Foto: Tracy O (CC BY-SA 2.0)

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