Convención Republicana à-la-Trump: escándalos, drama y pocas propuestas

Convención Republicana à-la-Trump: escándalos, drama y pocas propuestas

David Guzmán Fonseca- La reciente Convención Republicana efectuada en Cleveland, Ohio, entre el 18 y el 21 de julio, estuvo marcada por el escándalo incluso antes de que iniciara. La figura de Donald Trump ha causado tanta polarización incluso dentro del Partido Republicano –también conocido como GOP–, que varios miembros ilustres decidieron no participar en el evento, incluidos los expresidentes George H. W. Bush y su hijo George W. Bush, los exaspirantes republicanos John McCain y Mitt Romney, así como otros candidatos del partido, congresistas y gobernadores.

Si el ambiente ya era tenso, las cosas se pusieron más interesantes una vez que comenzó la convención, pues en las primeras horas del evento, miembros del grupo de delegados conocido como Nunca Trump intentaron cambiar las reglas de la convención para que sus votos no estuvieran obligados por los resultados de las votaciones estatales, es decir, que no estuvieran obligados a apoyar a Trump, a pesar de haber ganado en sus estados. Sin embargo, los miembros del Comité Republicano decidieron que la propuesta había fracasado sin siquiera haber sido considerada.

No obstante los escándalos, el primer día no terminó ahí. En el momento más esperado de la noche, la esposa del candidato Donald Trump, Melania Trump, dio un discurso en el que plagió frases que la actual primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, había pronunciado durante la Convención Demócrata en 2008, cuando su esposo Barack Obama fue elegido candidato. El show mediático acababa de empezar.

El segundo día, aunque mucho más calmado, estuvo lleno de discursos en los que se llamó a encarcelar a Hillary Clinton –incluso Al Baldasaro, miembro del grupo asesor de Trump, mencionó la necesidad de asesinarla– y en el suyo, el excandidato republicano Ben Carson la comparó con el Diablo. Pero el tercer día de la convención se tornó casi en una novela. El 20 de julio se esperaba que el candidato vicepresidencial Mike Pence diera su primer discurso ante los delegados de su partido y fuera el centro de atención de la noche. Sin embargo, el senador de Texas, excandidato a la nominación por el Partido Republicano, Ted Cruz, decidió robarse el show.

Cuando todos esperaban que Cruz apoyara públicamente a Trump, decidió no hacerlo y por el contrario, llamó a un “voto de conciencia”, convocando a los republicanos a escoger un candidato que respetara la Constitución y promoviera la libertad, aunque nunca mencionó a Trump. Ante esto, delegados de varios estados lo abuchearon, principalmente los de Nueva York, mientras Trump observaba atónito desde las tribunas. Al siguiente día, en una reunión con delegados del estado de Texas, Cruz sostuvo que no pensaba apoyar a Trump hasta que no sintiera que este llevaba la bandera conservadora, a lo que añadió que para él era difícil avalar a alguien que había ofendido a su familia.

En el último día de la convención, Donald Trump se dirigió frente a miles de delegados para aceptar su nominación como candidato del partido. Durante su discurso, que se extendió por más de una hora, catalogado como el más largo de la historia reciente, Trump mostró un tono sombrío y desesperanzador sobre la situación en Estados Unidos; atacó a la candidata demócrata Hillary Clinton y al actual presidente Barack Obama, usando estadísticas y generalizaciones poco sólidas. Habló del futuro que observa para su país, en el cual la construcción del muro en la frontera con México parece ser la única solución política para conseguir sus metas. En general, el discurso se caracterizó por la abundancia de retórica apocalíptica y que infunde temor, así como por la ausencia de propuestas. El presidente Obama respondió el día siguiente, y rechazó la visión de Trump sobre un país completamente hundido en problemas catastróficos. Señaló además que las estadísticas muestran que tanto el crimen como la tasa de inmigración ilegal están más bajos que en años anteriores, y que lo que Trump describió “no se equipara con los hechos”.

La mañana siguiente al final de la Convención Republicana, Trump se volvió a pronunciar. En sus declaraciones retornó a su estilo más controversial, felicitó a su esposa por su discurso y retomó el escándalo con Cruz. Al respecto aseguró que nunca –al menos de forma directa– se burló de la esposa de Cruz, o sugirió que el padre de Cruz haya estado involucrado en el asesinato del presidente John F. Kennedy, o insinuó que el senador tejano le había sido infiel a su esposa. Así mismo sostuvo que, aunque Cruz le diera su aval en un futuro, él no lo aceptaría.

En una convención que terminó luego de cuatro días llenos de escándalos, las propuestas fueron muy pocas –más allá de la deportación de millones de inmigrantes, a los que se generalizó como asesinos y terroristas–. La reunión se centró en Hillary Clinton más que en Donald Trump. Abundaron los llamados a encarcelar a Clinton, e incluso se llegó a demonizarla, pero el nombre de Trump se escuchó mucho menos que el de la candidata demócrata.

El objetivo de unificar el partido después de la candidatura de Trump tampoco se consiguió. Por un lado, Cruz decidió no apoyar al candidato del partido, mostrando las divisiones profundas al interior del conservatismo. Por otro, la ausencia de miembros importantes, como los últimos presidentes y candidatos presidenciales republicanos, evidencia que una parte del partido no está preparada para entregarle las llaves a Trump.

En cuanto a la Convención Demócrata, que se celebra esta semana en la ciudad de Filadelfia, Pensilvania, se esperaba para empezar que fuera menos escandalosa. Por un lado, el contendiente de Hillary Clinton por la nominación de este partido, el senador Bernie Sanders, había declarado abiertamente que la apoyaría, y por ello se preveía que no sucedería algo como lo de Cruz. Sin embargo, justo antes de la convención, se filtraron varios correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata (filtración que fue rastreado al Gobierno ruso), por los que se pudo comprobar que varios oficiales del partido trataron de perjudicar la campaña de Sanders, y se veía claramente que estaban prejuiciados en su contra. Estas revelaciones llevaron a la renuncia de Debbie Wasserman Shultz, la presidenta del Comité, antes del comienzo de la convención. Algunos de los más fuertes seguidores de Sanders abuchearon durante algunos de los discursos del lunes, especialmente cuando se mencionaba el nombre de Clinton.

No obstante, el Partido Demócrata, en su gran mayoría, respalda a Clinton, incluida la mayoría de los simpatizantes de Sanders –90% de ellos, según una encuesta de Pew realizado en junio–. Adicionalmente, aunque muchos no son fanáticos de Trump dentro del Partido Demócrata, probablemente nadie llamará al asesinato del candidato o lo comparará con el demonio. En síntesis, en Filadelfia se augura una convención mucho más seria y con más propuestas, no tanto un espectáculo al gran estilo de los reality shows que tanto le agradan al candidato republicano.

Foto: Gage Skidmore (CC BY-SA 2.0)

 

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