Las consecuencias del cambio climático podrían incluir una crisis alimentaria

Las consecuencias del cambio climático podrían incluir una crisis alimentaria

Cristina Jácome- En un mundo cada vez más interdependiente no se pueden seguir ignorando los cambios climáticos extremos que, cada vez más, se están produciendo en nuestro planeta. Diversos estudios científicos indican que esas variaciones no solo tienen repercusiones en el país donde se producen, sino que afectan al resto del mundo. Esos cambios, en una zona de cultivos concreta, hacen vislumbrar una crisis alimenticia mundial y, por si fuera poco, abren la puerta a la inestabilidad de los pueblos, de sus Gobiernos y de sus economías. Los efectos del calentamiento global pueden tener devastadores resultados por las altas concentraciones de monocultivos en áreas específicas. De acuerdo con un estudio reciente, Crisis conectadas en el suministro de alimentos (Teleconnected Food Supply Shocks), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura muestra que los cultivos mundiales de maíz, arroz y trigo se centran en regiones estándares. Por ejemplo, el 82% de maíz se cultiva en cinco países diferentes, de los cuales solo Estados Unidos es responsable de un 50%. El 60% de trigo se siembra en cinco países diferentes; de estos, Estados Unidos y Canadá proveen el 34%.

Dichas estadísticas reflejan que una única manifestación de evento climático extremo en una zona determinada basta para provocar una caída en la producción agrícola de un rubro mundialmente. Algo así sucedió en 2012, cuando la peor sequía registrada en el Medio Oeste de Estados Unidos en cincuenta años hizo que se dispararan los precios internacionales del maíz y la soja a niveles récord. Semejante subida de precios hace que se reduzca el acceso a una alimentación adecuada en comunidades pobres, puede causar protestas internas y hasta crear conflictos en países con Gobiernos frágiles.

Las regiones del Medio Oriente y de África del Norte son extremadamente vulnerables a fluctuaciones en suministros de comida y precios. Un reporte del Centro para el Progreso Estadounidense, el Centro para el Clima y la Seguridad y el Centro Stimson indica que la poca tierra cultivable y los escasos recursos hídricos hacen que estas regiones sean de las primeras importadoras de comida del mundo.

El reporte examina el papel del cambio climático en el Medio Oriente durante 2010 y 2011. Al observar las tendencias de lluvia, cultivos y precios de la comida, se pudo determinar cómo estos factores contribuyeron a la inestabilidad social de la región. Si recordamos, una serie de manifestaciones populares comenzaron en la ciudad de Túnez, cuando un vendedor ambulante fue maltratado por la policía y en respuesta se inmoló como forma de protesta. A raíz de aquel suceso, los tunecinos se rebelaron contra las malas condiciones a las que el país se encontraba, lo que provocó un efecto dominó en el resto de las naciones árabes, como Egipto, Libia, Siria, Yemen, etc. Esta revolución se conoció como la Primavera Árabe. De acuerdo al reporte: “La Primavera Árabe hubiese llegado de una manera u otra, pero el contexto en que llegó no es inconsecuente. El calentamiento global no causó la Primavera Árabe, pero pudo hacer que llegase más temprano”.

Esta región se vio afectada en 2010 por las sequías en Rusia, Ucrania, China y Argentina, y las lluvias torrenciales en Canadá, Australia y Brasil —países todos productores de trigo y grano—, que disminuyeron considerablemente los cultivos globales, lo que provocó un aumento de los precios. Los países del Medio Oriente ya estaban lidiando con tensiones internas sociopolíticas, económicas y climáticas, y la crisis mundial de comida, especialmente el precio del pan, fue la gota que derramó el vaso.

Otro caso es la situación de Siria. Los primeros sirios en protestar en contra del presidente Bashar al-Assad fueron muchos agricultores pobres que se vieron obligados a dejar sus tierras como consecuencia de las sequías y de que el Gobierno dejara de invertir en la agricultura. Caitling Werrell y Francesco Femia, del Centro para el Clima y la Seguridad, argumentan que una serie de sequías en Siria, desde 2006 hasta 2010, fueron el germen de los levantamientos populares. “Cuando los granjeros salieron de sus tierras, la desesperación aumentó hasta que los sirios desafiaron a su gobernante”.

No solamente el clima afecta al balance mundial en cuanto a comida, también la mano de los Gobiernos y los mercados juegan un papel clave. En 2011 en Rusia, por ejemplo, la subida de los precios del trigo se agudizó cuando este país limitó drásticamente sus exportaciones para mantener el suministro de comida local, lo que causó un aumento desproporcionado y el colapso de la confianza del mercado. Si estos relativamente pocos eventos climáticos han causado tantos estragos a nivel local, estatal y mundial, ¿qué pasaría si la frecuencia de estos eventos aumentara?

De acuerdo al programa del Reino Unido Seguridad Alimenticia Global (UK Global Food Security Program), el sistema alimenticio global es vulnerable a las crisis alimenticias producidas por climas extremos, y ese riesgo está creciendo. El análisis de información existente pero limitada sugiere que el riesgo de 1 en 100 años de crisis en producción posiblemente se incremente a 1 en 30 años o más hasta el año 2040.

Si este incremento de climas extremos es inminente, ¿cómo podemos prepararnos? Este reporte sugiere que para sobrepasar las crisis alimenticias relacionadas con el clima y mitigar el impacto en las personas, la acción inmediata es necesaria para mejorar la capacidad de adaptación del sistema alimenticio global. Uno de los pasos sugeridos es el de explorar oportunidades para formalizar un manejo de riesgo coordinado. Es decir, que los Gobiernos, instituciones internacionales y negocios desarrollen planes de contingencia y establezcan signos de alerta temprana con protocolos de respuesta ya acordados. Otro de los pasos sugeridos propone adaptar la agricultura a los cambios climáticos y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental.

Como dijo Thomas Friedman, destacado columnista de políticas exteriores del New York Times y escritor de varios libros muy vendidos: “Nos hemos movido de un mundo conectado, y de un mundo interconectado, a un mundo interdependiente. Cuando el mundo es interdependiente, los fracasos de tu rival son más peligrosos que sus éxitos”. Esta frase nos recuerda que los Gobiernos y las personas debemos tratar a nuestro prójimo y a nuestros países vecinos como queremos que nos traten a nosotros. El fracaso de otros nos afecta tanto como nuestros fracasos. Este es un momento de acción, no de continuar perdiendo tiempo.

Foto: Alfonso, "Sembrado de soja en Argentina" (CC BY-SA 3.0)

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