El Donald Trump filipino llega a la presidencia

El Donald Trump filipino llega a la presidencia

Iralee Acosta- Rodrigo Duterte, candidato a la presidencia de Filipinas, también conocido como Duterte, El Sucio o El Castigador, ganó las elecciones del país asiático, poblado con más de un millón de habitantes. Este hombre de 71 fue alcalde de Davao durante 22 años, y ha destacado desde entonces por su prepotencia e insolencia. Durante su campaña, Duterte se comprometió a terminar con la delincuencia en tan solo seis meses, y matar a los narcotraficantes con sus propias manos, de ser necesario. “A todos ustedes que andan con drogas, a ustedes, hijos del diablo, de verdad que los voy a matar”, aseguró el ahora mandatario, aunque para ello tenga que ejecutar a cerca de 100,000 malhechores.

Debido a sus radicales propuestas, ímpetu y comentarios deslenguados, Duterte ha sido denominado también el Donald Trump filipino. En más de una ocasión se ha jactado de su vida sexual y de su entusiasmo por el uso de viagra (un fármaco utilizado para tratar la disfunción eréctil). Además, fue capaz de burlarse de la violación y asesinato de una misionera en un motín penitenciario, e incluso se atrevió a llamar al Papa “hijo de puta”.

Pese a lo anterior, la mayoría de los filipinos lo eligió para que los gobernara, otorgándole una ventaja de alrededor del 40% de los votos. ¿Cómo es posible?, se preguntarán muchos, si el mismo Duterte se considera absolutista, dejando claro que los Derechos Humanos de los habitantes de Filipinas pueden estar en riesgo. “¿Que si soy un dictador? Sí, esto es cierto”, dijo el nuevo presidente durante la contienda electoral, en la que amenazó con disolver el Congreso e imponer un gobierno revolucionario. “Olvídense de las leyes de Derechos Humanos. […] Si llego al palacio presidencial, haré como hice de alcalde. Traficantes, ladrones y maleantes, harían mejor en irse”, declaró también durante su campaña.

Cabe mencionar que mientras fue alcalde de Davao, Duterte se relacionó con los escuadrones de la muerte, que acabaron con camellos y violadores de la ciudad, tornando así la localidad más peligrosa de Filipinas en la más segura de todas. Pero, ¿a costa de qué? Sus opositores hablan de la ejecución de aproximadamente 1,400 individuos.

La violencia, característica de dicha nación, es sin duda una de las peculiaridades del nuevo gobernante. No obstante, su éxito se ha debido no solamente a la baja en la tasa de criminalidad durante su régimen, sino a que también ha defendido las minorías étnicas y los derechos de los LGBTI (comunidad homosexual, bisexual y transexual), así como a la transparencia con la que es capaz de presentarse ante el público y hablar “sin pelos en la lengua”. Además, ha prometido hacer justicia y repartir las riquezas del archipiélago entre tantos ciudadanos cansados de ver que, aun cuando la economía de la nación incrementa, su poder adquisitivo no mejora a la par.

Irónicamente, el “sucio y castigador” mandatario tendrá que encargarse también del proceso de paz de la zona sur del país, donde alrededor de 150,000 personas han muerto en cientos de enfrentamientos entre guerrilleros y el ejército, así como resultado de los desacuerdos territoriales entre Filipinas y su milenario vecino sobre la soberanía del Mar de la China Meridional.

¿Qué le espera a Filipinas con Duterte en la presidencia? En realidad no lo sabemos. Pese a que ha tocado diversos temas importantes (como el de acabar con el crimen y con la corrupción, reconocer los derechos de las minorías, entre otros), hasta el día de hoy, el ex alcalde de Davao no ha presentado ninguna propuesta concreta. Lo que sí es un hecho es que, desde su elección como presidente, cambió un tanto su postura y comenzó a mostrarse más comedido en sus declaraciones: “Tengo que controlar lo que sale de mi boca. Ahora no puedo ser grosero, porque estaré representando a nuestro país”, advirtió Duterte, y agregó, dirigiéndose a sus adversarios: “Quiero tender mis manos hacia mis oponentes. Debemos empezar a curar nuestras heridas […] Seamos amigos y olvidémonos del duro trabajo de las elecciones”. No cabe duda que es en verdad muy parecido a Trump, quien desde que fue designado como el virtual candidato republicano ha intentado hacer lo mismo y reconciliarse, en cierto modo, con todo aquellos a quienes se ha enfrentado.

Por supuesto, esto apenas comienza. Esperemos que Rodrigo Duterte comience a medirse, no solamente en sus discursos, sino en sus actos y en las medidas que tome para lograr sus objetivos. Seguramente no será solo un país el que esté atento y a la expectativa de lo que suceda en Filipinas; varios lo estarán de la misma manera, comenzando por Estados Unidos, que cuenta con un Duterte en potencia.

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