Flint y Belmont, ¿casos aislados de contaminación hídrica?

Flint y Belmont, ¿casos aislados de contaminación hídrica?

Cristina Jácome- ¿Alguna vez ha oído decir que el agua potable se convertirá en el recurso más codiciado del mundo? Al parecer estamos ya en ese rumbo, porque existen comunidades en este país que sueñan con tener un vaso de agua limpia. Los testimonios de algunas familias afectadas revelan que compañías y administraciones públicas están negando a sus ciudadanos el privilegio de tomar agua limpia, con el objetivo de ganar o ahorrar dinero. Existen varios ejemplos de comunidades en las que el agua que se consume está contaminada, lo que enferma a sus familias, especialmente a los niños, que podrían verse afectados de por vida. Es el caso de la ciudad de Flint, en Michigan, que por casi 50 años compró agua a su vecina Detroit. El cambio se produjo hace dos años, cuando el estado de Michigan decidió, con el propósito de ahorrar dinero, que el suministro pasara del lago Hurón en Detroit al río Flint, conocido por la gente del pueblo como un río sucio. Se suponía que iba a ser algo temporal, hasta que una nueva línea de abastecimiento, manejada por el estado, estuviera lista para conectarse al lago Hurón.

Un tiempo después del cambio, el agua, de acuerdo a los moradores de la zona, comenzó a verse, oler y saber rara. No solo los residentes de Flint se quejaban, sino también los directores de una planta de la compañía General Motors, que dejó de usarla, aduciendo que estaba oxidando las partes de los autos. De acuerdo a un equipo de investigación del Instituto Politécnico y la Universidad Estatal de Virginia (conocido como Virginia Tech), el río Flint resultaba 19 veces más corrosivo que el lago Hurón. Además, se disparó la alarma general por los altos niveles de plomo que se estaban drenando, especialmente al saber que casi la mitad de las líneas (tubos) de servicio a las casas de Flint están hechas de plomo; debido a que el agua no había sido tratada correctamente, el plomo y el hierro se estaban filtrando en el flujo hídrico para el consumo.

De acuerdo a los investigadores, el plomo es una neurotoxina que puede causar problemas de aprendizaje graves, discapacidades neurológicas y de desarrollo en el feto y en niños menores de 7 años.

Esta situación duró dos años, hasta que los oficiales de la ciudad y el estado aseguraron a los preocupados residentes que todo estaba bien. El alcalde Dayne Walling llegó, incluso, a probar agua en la televisión local para apoyar su declaraciones. Pero más tarde un grupo de investigadores escépticos de Virginia Tech fue a Flint y tomó pruebas en las casas, donde encontraron montos elevados de plomo en el agua de uso corriente. Los resultados fueron publicados, lo que impulsó a la comunidad a hacer una demanda colectiva.

Además del grupo de investigadores de Virginia Tech, la pediatra Mona Hanna-Attisha fue una persona clave en la resolución de este problema. La doctora reportó la atención de más y más padres preocupados por sus hijos, que iban a su consultorio con infecciones en la piel y pérdida del cabello. En atención a las leyes de Medicare, que requieren el mantenimiento de expedientes de niveles de plomo en la sangre de los niños, la Dra. Hanna-Attisha encontró que estos se habían duplicado, e incluso triplicado en los habitantes más pequeños de esta ciudad. Fue entonces cuando el estado comenzó a denunciarla públicamente por su trabajo, acusándola de provocar histeria colectiva.

Sin embargo, ante tanta presión, los gobernantes de la ciudad y el estado decidieron retomar el suministro de agua proveniente del lago Hurón de Detroit, pero el daño causado por los tubos de plomo ya estaba hecho. El 5 de enero de 2016, la ciudad de Flint fue declarada en estado de emergencia por el gobernador de Michigan, Rick Snyder, antes de que el presidente Barack Obama declarara la ciudad en estado de emergencia federal.

Quisiéramos poder decir que el caso de Flint es un incidente aislado, pero Belmont, y una docena de otras comunidades del estado de Carolina del Norte, recibieron el año pasado la advertencia de “no consumir agua” porque estaba contaminada con químicos tóxicos encontrados en las fugas de los pozos de ceniza de carbón pertenecientes a la compañía Duke Energy.

Amy Brown es una madre de dos niños de Belmont. Ella recibió dicha notificación en la primavera de 2015. Le informaron que su agua tenía químicos industriales que causan cáncer, como cromo hexavalente –o Hex Chrome–. Amy no tardó en darse cuenta de que todo esto tenía relación directa con el estanque de cenizas de carbón administrado por Duke Energy, situado a mil pies de su casa. Amy explicó en una entrevista al Huffington Post que después de pedir, rogar y hasta amenazar, los de Duke Energy accedieron a suministrarle agua embotellada para su consumo.

Si esta historia le suena familiar es porque se ha tornado terroríficamente cotidiana. Hex Chrome es el mismo químico que fue encontrado en el agua de California en los noventa. Esa contaminación fue causada por la compañía Pacific Gas and Electric. El caso se hizo famoso por la taquillera película que protagonizó la superestrella Julia Roberts, que encarnaba a Erin Brockovich, una ayudante de un abogado que investigó exitosamente el caso y logró enjuiciar a la compañía.

La situación en Carolina del Norte, en cambio, espera aún una solución. Amy y muchas familias del área han escrito al gobernador Pat McCrory, quien no ha respondido a sus llamados de ayuda; peor aún, se ha negado a reconocer públicamente esta crisis de salud pública. Es importante detallar que McCrory fue empleado de Duke Energy por casi 30 años. El Instituto Nacional del Dinero en las Políticas del Estado Público (NIMSP) hizo un análisis de contribuciones directas a campañas gubernamentales en la nación. Dicho análisis se enfocó en los movimientos financieros del Comité de Acción Política de Duke Energy y de ejecutivos de dicha compañía desde el año 2000 hasta 2012. Sin embargo, los resultados no dicen que McCrory recibió tres veces más dinero que otros cinco gobernadores conjuntamente para su campaña.

Además de recibir este dinero, y de acuerdo al Instituto de Estudios Sureños (Institute of Southern Studies), el gobernador McCrory todavía mantiene inversiones significativas con Duke Energy, aunque no se sabe de cuánto. Y para completar, su administración también tiene personas estrechamente ligadas a la compañía de energía. De acuerdo con el diario Charlotte Observer, el gobernador se reunió con gerentes de Duke Energy para una cena en la mansión ejecutiva en junio de 2015, justo cuando estaba en medio de los problemas con los estanques de cenizas de carbón. Ni la oficina del gobernador ni Duke Energy revelaron los detalles de ese encuentro. Este hecho, evidentemente, enfureció a las familias afectadas, al sentir que el gobernador no estaba de su lado y que las compañías que no respetaban el medioambiente actuaban a su total arbitrio. Quienes están a favor de imponer regulaciones más estrictas a este tipo de empresas opinan que los entes estatales se han mostrado muy apáticos a la hora de exigir a Duke Energy que limpie los estanques de desechos que afectan a tantas comunidades. La administración de Pat McCrory, por otro lado, lo niega y dice que el problema de las cenizas de carbón se ha regulado más en esta administración que en cualquier otra.

La administración del gobernador Pat McCrory, en Carolina del Norte, y la del gobernador Rick Snyder, en Michigan, dejan mucho que pensar. ¿Cuántos niños de Flint padecerán los efectos del plomo en el futuro? ¿Cuántas familias se verán afectadas por los tóxicos que causan cáncer en Belmont? Lo ocurrido en Michigan y Carolina del Norte son apenas un par de ejemplos de lo que podría pasar a mayor escala si las comunidades no se organizan para exigir a sus gobernantes que velen por los intereses de la ciudadanía, antes que por los intereses políticos o monetarios. Cada día se oye más hablar sobre la escasez del agua. Todos necesitamos de este valioso recurso para sobrevivir. Unámonos para protegerlo de la mejor manera.

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