La crisis en Venezuela puede tornarse violenta

La crisis en Venezuela puede tornarse violenta

David Guzmán Fonseca- La crisis en Venezuela continúa escalando sin que se avizore algún signo de recuperación. El desabastecimiento se ha generalizado a casi todos los alimentos y medicinas, y la energía se raciona en gran parte del país. A todo esto, junto con una economía que no levanta cabeza, se suma una crisis política que pone al Gobierno del presidente Nicolás Maduro contra la lona. La economía venezolana, por donde se le mire, está pasando por un momento crítico. La preocupación de entidades como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el futuro del otrora fuerte país latinoamericano no es algo nuevo, pero la situación en el último año ha alcanzado niveles dramáticos. De acuerdo con el FMI, se anticipa que el presente año la inflación venezolana llegue a 720%. Adicionalmente, se pronostica que en 2016 la economía se contraiga 10%, después de que el año pasado disminuyó 5.7%.

Para agravar la situación, el derrumbe de los precios del petróleo en los últimos años, sumado a los excesivos y crecientes gastos del Gobierno venezolano, ha generado un déficit fiscal de 20% del PIB. La situación ha encendido las alarmas ante un inminente default de la deuda y probablemente la aplicación de un programa de ajustes bastante fuerte, en el que el Gobierno venezolano, los acreedores internacionales –particularmente China–, pero principalmente la población, tendrán que sacrificarse aún más para salir de los problemas que tienen sumida la economía venezolana.

Uno de los datos que más aterra a los especialistas es que la empresa estatal petrolera PDVSA tendrá que realizar pagos por 5,000 millones de dólares en los meses de octubre y noviembre de 2016, pero se pronostica que ni el Gobierno venezolano ni PDVSA tendrán los recursos para pagar estos intereses y bonos. Adicionalmente, no parece que los acreedores internacionales como China y Rusia estén considerando la posibilidad de condonar parte de la deuda.

En su afán por cumplir sus compromisos con los acreedores internacionales, el Gobierno de Maduro ha venido reduciendo sus reservas internacionales –guardó moneda extranjera para pagar importaciones; intervino el mercado cambiario; defendió la tasa de cambio, e incluso invirtió durante la contracción económica– en detrimento de otros importantes aspectos económicos.

Un ejemplo de ello es que en 2015 el Gobierno, al cancelar alrededor de 10,000 millones de dólares en pagos de deuda externa, recortó la venta de dólares a privados, lo que paralizó industrias y profundizó el desabastecimiento de los bienes básicos para los venezolanos.

Lo anterior se ha manifestado claramente en la suspensión de actividades de una de las empresas más emblemáticas del país, Empresas Polar, que es la compañía privada más grande de Venezuela, productora del 70% de la cerveza consumida en ese país y de harina de maíz, esencial en la alimentación de los venezolanos –particularmente para la producción de arepas—. La empresa decidió suspender sus operaciones argumentando que el Gobierno controla totalitariamente el flujo de dólares y por lo tanto no tenía suficientes divisas para importar los rubros necesarios para sus operaciones, como cebada y maíz.

Entre los muchos esfuerzos que ha hecho el Gobierno del presidente Maduro por ahorrar energía, recientemente adelantó el huso horario del país 30 minutos. Según el Ministro de Ciencia y Tecnología de Venezuela, Jorge Arreaza, el cambio de horario permitirá reducir el uso nocturno de iluminación y aire acondicionado. Adicionalmente, sugirió que el cambio de horario permitirá que los venezolanos disfruten durante más tiempo de la luz del día.

Esta medida va acompañada de muchas otras que intentan remediar, o al menos aminorar, la amenaza de un apagón generalizado en el país. Entre otras, el Gobierno de Maduro ha ordenado reducir la semana laboral de los trabajadores públicos a dos días por semana, ha ordenado que los colegios públicos no impartan clases los viernes y, tal vez la más innovadora, ha sugerido que las mujeres venezolanas lleven su cabello al estilo natural para así evitar el uso de las secadoras de pelo.

Todo lo anterior se ha conjugado para agravar la crisis política y de legitimidad de la revolución bolivariana, hoy en manos de Nicolás Maduro. De acuerdo con una encuesta realizada por la firma local Datanálisis, la aprobación del presidente Maduro bajó a 26.8% después de que estaba en 33.1% en febrero de 2016.

Esta baja en popularidad se da en un momento en que la oposición está tramitando la aprobación de un referendo revocatorio contra el presidente Maduro. De acuerdo con el Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE), para considerar este tipo de medida los partidos de oposición debían presentar al menos 196,000 firmas, pero la oposición recogió 1.8 millones de rúbricas. Según la legislación electoral, una vez que se verifique su autenticidad, el CNE dará nuevo plazo para que los miembros de la oposición entreguen una colección de firmas en favor del referendo al menos equivalentes al 20% del padrón electoral, lo que representa unos cuatro millones de firmas.

No obstante, el futuro de la revocatoria no será fácil. Las manifestaciones a favor de la aprobación del referendo por parte del CNE el 12 de mayo de 2016 fueron reprimidas por la policía y el ejército. De este modo, la crisis económica, social y política en Venezuela solo puede empeorar, e incluso tornarse violenta. Por el momento, no parece que el Gobierno bolivariano del presidente quiera dejar el poder mediante la vía democrática.

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