Dilma Rousseff, sometida a juicio político

Dilma Rousseff, sometida a juicio político

Mario Vallejo- Brasil dio una gran lección al retirar de su cargo como presidenta a Dilma Rousseff, acusada de realizar actos en contra del pueblo –entre ellos, proteger al expresidente Lula da Silva, señalado por corrupción­­–. Rousseff sufrió una humillante destitución, despertando así la conciencia de una sociedad que desde hace varios años se siente afectada por sus gobernantes.

Un largo debate, con posiciones tanto a favor como en contra, marcaron la atípica jornada del 12 de mayo en el senado brasileño, que dio como resultado la salida de Dilma Rousseff: 55 a favor de su salida y 22 por su permanencia marcarán finalmente el rumbo de Brasil.

Ahora la presidenta se encuentra en pleno juicio político, aparte de su destitución inmediata por 180 días, algo que ella ha calificado de golpe de Estado y de gran injusticia.

El proceso comenzó el 2 de diciembre de 2015, cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, aceptó la petición para un proceso de destitución por juicio político o impeachment, luego de que Dilma Rousseff fuese acusada de alterar las cuentas públicas; inmediatamente se encendieron las alarmas y Rousseff denunció un intento de golpe de Estado.

El 11 de abril se celebró una votación para realizar dicho impeachment, que finalmente fue aprobado con 38 votos a favor y 27 en contra. Luego de que la Cámara de Diputados diera el visto bueno, el proceso se trasladó al Senado, donde se tomó la decisión de retirar a la presidenta de su cargo.

De momento la suspensión del cargo se maneja para 180 días mientras se realiza el juicio político, al tiempo que se investigan más a fondo las acusaciones en su contra. El principal motivo que ha llevado a la salida de la presidenta de Brasil ha sido la acusación de violación de las leyes fiscales. Entre 2014 y 2015 supuestamente se pidieron préstamos a bancos estatales para maquillar las cifras y ocultar las pérdidas, además de proteger a Lula da Silva cuando fue señalado por irregularidades durante su mandato.

Dilma Rousseff dio la cara y no dudó en señalar que esta suspensión es un intento de golpe de Estado por parte de la oposición para derrumbar el trabajo de los últimos 13 años, en los que, según asegura, la situación de Brasil ha mejorado. Además, afirmó que Eduardo Cunha actuó en su contra como forma de venganza.

Rouseff se defendió al declarar que la acusan de un delito falso: “Tratan como delito un acto normal de gestión. Todo lo que hice fueron actos legales. Actos que han sido hechos por presidentes antes que yo. No fue un delito entonces, no es un delito ahora”. También dijo que pudo cometer errores, pero jamás actuó de mala voluntad contra su país.

El pueblo brasileño salió a las calles: unos, a celebrar la sanción a Rousseff; otros, a defenderla, y otros tantos a protestar por el nombramiento del vicepresidente Michel Temer como presidente interino.

Temer es uno de los acusados de participar en el escándalo de Petrobras, y los que pedían la salida y juicio de la mandataria brasileña se han apresurado a mostrar su inconformidad.

En caso de que dos tercios del Senado voten a favor de la destitución, Dilma Rouseff perderá la presidencia de manera definitiva y será sancionada con ocho años sin poder optar por ningún cargo.

Durante la suspensión no podrá acceder a las instalaciones gubernamentales, verá su sueldo reducido al 50% y no será partícipe de las Olimpiadas de Río 2016, que podrían verse afectadas de alguna manera por la situación política, a menos de 100 días de su arranque.

La presidenta clama justicia y el pueblo brasileño, también. Al final está por verse si se confirma la destitución o si se cumple la promesa de Rousseff de finalizar su mandato en 2018.

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