El conflicto en Siria continúa en medio de la ‘tregua’

El conflicto en Siria continúa en medio de la ‘tregua’

David Guzmán Fonseca- La violencia en Siria parece estar lejos todavía de llegar a su fin. La confrontación entre las diferentes facciones continúa, y ahora la ciudad con mayor población del país se encuentra sumida en bombardeos. Alepo, su capital económica, ha sufrido continuos ataques aéreos por parte del Gobierno del presidente al-Asad, quien argumenta que busca diezmar al grupo Frente Al-Nusra –rama de Al Qaeda en Siria–, que controla una parte de la ciudad. No obstante, de acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), desde el 22 de abril de 2016 han muerto 246 civiles como consecuencia de los bombardeos aéreos y de los ataques con morteros. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados asegura que en lo que va de conflicto han muerto más de 250,000 personas, y cerca de la mitad de sus 20 millones de habitantes han sido forzados a desplazarse; de estos, unos 5 millones lo han hecho a algunos de sus países vecinos como Jordania y Turquía.

En un intento por disminuir los niveles de violencia y la muerte de civiles inocentes, en febrero de 2016 los Gobiernos de Rusia y Estados Unidos mediaron para la puesta en marcha de un cese al fuego. Con este, las fuerzas del Gobierno, así como varios grupos rebeldes, prometían disminuir dicha violencia. No obstante, estos acuerdos no incluían a grupos como Al-Nusra y al repudiado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Pero esto, y a pesar del alto al fuego, no significaba que el Gobierno sirio y los países que lo apoyan conservaran el derecho a atacar a agrupaciones que ellos consideraran terroristas.

El recrudecimiento de la violencia en Alepo —que no estaba protegida por la tregua inicial— ha llevado a que la comunidad internacional, en particular Rusia y Estados Unidos, promuevan también un cese al fuego en esta ciudad. El 4 de mayo se pactó el inicio de una tregua por un periodo de 48 horas, aunque al momento ninguno de los dos países tiene claro cuándo empezó realmente el acuerdo entre el Gobierno y los rebeldes, algo que complica aún más la situación.

Adicionalmente, el ‘alto al fuego concertado’ ha permitido que las fuerzas gubernamentales recobren el control sobre zonas que habían perdido contra los rebeldes, y ello se debe a que los grupos de oposición técnicamente están imposibilitados a atacar de vuelta. Lo que quiere decir que, aunque la tregua ha ayudado a disminuir la violencia, los mayores beneficiados han sido al-Asad y sus aliados.

Entre los aliados del Gobierno se encuentran Rusia e Irán, que defienden sus intereses políticos y económicos en Siria. A estos hay que añadir, por su cercanía ideológica, al movimiento islamista libanés Hizbulá y a sus combatientes, que se han convertido en una parte esencial del apoyo en tierra para el Gobierno de al-Asad.

A finales de 2015, el Gobierno del presidente ruso Vladimir Putin movilizó un gran contingente de su ejército con el fin de enviarlo a Siria, argumentando que deseaba enfrentar la amenaza de Dáesh (ISIS) e indirectamente apoyar al régimen de al-Asad. Sin embargo, desde un comienzo este apoyo se mostró como un refuerzo a la posición del Gobierno en contra de todos los grupos, y no solo contra el Estado Islámico.

En marzo de 2016, Rusia anunció que se retiraría de Siria, después de lo que consideraba había sido una operación exitosa en contra de Dáesh. Sin embargo, la información revelada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos muestra que la retirada de las fuerzas militares rusas no es una realidad.

Si bien algunas de las bases aéreas de operación en el país han sido cerradas, también es cierto que han incrementado el número de helicópteros de ataque y el personal en tierra, conservando además alrededor de 20 aviones bombarderos, misiles tierra-aire y unidades de artillería.

Los rebeldes han contado principalmente con el apoyo de países como Turquía y Arabia Saudita. Estados Unidos ha facilitado entrenamiento militar, aunque se ha abstenido de otorgarles armas, ante la dificultad de distinguir entre grupos rebeldes y grupos islamistas extremos, como Dáesh o Al Qaeda, que operan en Siria. Adicionalmente, las elecciones presidenciales estadounidenses generan un ambiente en el que un apoyo frontal a los rebeldes se convierte en un tema más polémico, particularmente con una situación política tan polarizada como la actual.

Como ya se ha mencionado, y a pesar del apoyo a lo rebeldes, la tregua de febrero pasado debilitó de alguna manera la oposición en contra de al-Asad.

Por un lado, el apoyo militar ruso al régimen ha permitido recuperar terreno perdido y doblegar a esos grupos que cuentan con menores recursos y tecnologías. Por el otro, la tregua pactada ha propiciado un ambiente en el que ni Estados Unidos ni Turquía pueden apoyar militar y logísticamente a los rebeldes ante el miedo a que termine la tregua y fracase la posibilidad de diálogos de paz. Esto, a su vez, pone a Rusia y al-Asad en una posición mucho más cómoda, puesto que cuentan con una tregua que los beneficia y, al mismo tiempo, los protege del apoyo que los aliados han venido brindando a los rebeldes.

El 5 de mayo de 2016 se evidenció que el conflicto continúa y la tregua vuelve mucho más complejo el uso indiscriminado de la violencia por parte del Gobierno sirio y sus aliados. Aunque aún no existe certeza de los hechos, el secretario de Relaciones Internacionales del Reino Unido, Phillip Hammond, culpó al Gobierno del presidente al-Asad de bombardear un campo de refugiados en la frontera con Turquía –cerca a la ciudad de Alepo– lo que llevó a la muerte a cerca de 30 personas que habían huido de la violencia en la ciudad.

Este lamentable suceso es un ejemplo de cómo el conflicto, incluso en medio de una supuesta tregua, se sigue cobrando vidas de civiles sirios, todo esto bajo la mirada de potencias mundiales que buscan defender sus intereses o simplemente no tienen una estrategia clara de cómo y qué hacer.

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