Macri y Obama, abriendo puertas bajo la sombra de los Kirchner

Macri y Obama, abriendo puertas bajo la sombra de los Kirchner

David Guzmán Fonseca- Durante el reciente viaje del presidente Barack Obama a América Latina, los medios centraron su atención en su paso por Cuba. Sin duda, su presencia en la isla marcó el punto cúspide de una serie de cambios en las relaciones entre ambos países. Si bien muy poco publicitada, la visita de Obama a Argentina también vislumbró la puesta en marcha de un nuevo ambiente para las relaciones entre los extremos norte y sur del continente. La cita de Obama con la nación del tango tuvo lugar, cabe destacar, dentro de un ambiente político en el que, por primera vez en más de una década, el Gobierno argentino no se encuentra en manos de la familia Kirchner.

El fallecido Néstor Kirchner llegó al poder en el año 2003 –en el 2007 lo haría su mujer, Cristina Fernández de Kirchner– después de que Carlos Menem se retirara de la contienda electoral, permitiendo que Néstor Kirchner se convirtiera en presidente por default.

Una vez en el poder, Kirchner se enfocó en recuperar la economía argentina, que acababa de pasar por la peor crisis de su historia. Ese sostenido déficit, que comenzó en 1998 y terminó en 2002, hizo que dicha economía se viera reducida en un 28%, sumiendo a la mitad de la población argentina en la pobreza, y a un cuarto de esta en la indigencia.

Para hacer frente a las consecuencias de la crisis, Kirchner se centró en la creación de programas sociales para ayudar a los cientos de miles de argentinos que habían caído en la pobreza. Sin embargo, durante el mandato de Néstor, el fuerte interés en el gasto social llevó a que se descuidaran otros elementos de la economía, como la inflación y la estabilidad fiscal.

Adicionalmente, la popularidad de ambos presidentes actuó como cortina de humo frente a casos de corrupción y desequilibrio de poderes, como lo fue el asesinato del juez argentino Alberto Nisman en 2015 –para muchos, el resultado de un complot del Gobierno de Fernández de Kirchner–.

Por su parte, la llegada al poder del presidente Mauricio Macri a finales de 2015, después de doce años de Gobierno kirchnerista, puso fin a un periodo en el que Argentina se alejó de Estados Unidos y se acercó a Gobiernos de izquierda en la región, como el de Venezuela, así como a potencias como Rusia y China.

El distanciamiento con Estados Unidos no solo obedeció a razones ideológicas, sino también al papel que el coloso del norte jugó de forma directa o indirecta en momentos críticos de la historia argentina.

Muchos argentinos aún recuerdan con rencor la participación y apoyo de los Gobiernos norteamericanos en la dictadura militar que conservó su poder en este país a través de violaciones masivas de los derechos humanos. Durante el periodo comprendido entre 1976 y 1983, la junta militar argentina fue la responsable de la desaparición de cerca de 30,000 ciudadanos acusados de apoyar a grupos comunistas.

Para muchos, todas estas atrocidades sucedieron bajo la mirada complaciente de los estadounidenses, que libraban su propia guerra en contra de la Unión Soviética y que veían con beneplácito que su Gobierno combatiera –a cualquier costo– los brotes comunistas en la región. La visita del presidente Obama coincidió con los 40 años del inicio de este periodo, lo que se ha conocido como la guerra sucia en Argentina.

Desde el momento en que Mauricio Macri tomó posesión a finales de 2015, buscó alejarse de gran parte del legado kirchenerista, criticando las estrechas relaciones con Venezuela, así como el manejo de la economía.

Uno de sus más importantes esfuerzos ha sido mejorar la posición de su país en los mercados financieros internacionales, de los cuales se había alejado cuando la presidente Fernández de Kirchner decidió ir en contra de las sentencias de un juez que obligaba a su nación a pagar una deuda externa no saldada. La posición de Macri de pagar esta deuda supone un guiño a Estados Unidos y a los prestamistas internacionales, que no veían con buenos ojos el carácter nacionalista que habían adoptado los mandatarios anteriores.

En el plano político, Macri también se viene acercando al gigante del norte tras alejarse de otros países. Desde su llegada a la Casa Rosada, el mandatario argentino se ha mostrado como uno de los críticos más férreos del presidente venezolano Nicolás Maduro –uno de los opositores más duros de Estados Unidos en América Latina– al considerarlo promotor y continuador de un Gobierno autoritario que ataca a los grupos de oposición. Esta crítica a uno de los regímenes de izquierda más notorios de América Latina ha hecho que el Gobierno argentino se acerque más al centro-derecha, posición más acorde a los intereses estadounidenses en la región.

Igualmente, el enfoque más liberal y de mercado del nuevo gobernante hace que Argentina se convierta en un socio potencial de Estados Unidos en temas económicos. El presidente argentino ha levantado muchos de los subsidios y protecciones que habían sido impuestos por sus antecesores, y que afectaban a posibles inversionistas extranjeros.

Asimismo, Macri puso el foco de su campaña en la necesidad de fortalecer la lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero, algo en lo que el Gobierno de Obama también se consolida como importante aliado.

Mientras, el dirigente argentino tiene que lidiar con algunos problemas, debido a que, al igual que otros líderes mundiales, se ha visto envuelto en el escándalo de los papeles de Panamá, lo que ha provocado la indignación de un gran número de ciudadanos, que decidieron reunirse a modo de protesta en la Plaza de Mayo y pedirle así explicaciones. Ante la decisión de un fiscal argentino de investigar a Macri por “omisión de datos en una declaración jurada” y las protestas a las que se ha enfrentado por su vinculación a dos empresas opacas, una de ellas afincada en Bahamas, este ha anunciado su intención de llevar a cabo su idea de que un fideicomiso ciego administre sus bienes mientras él sea presidente de Argentina. El asunto puede suponer un impedimento a la credibilidad de Macri, lo cual, sin duda, fomentaría aún más el desacuerdo en una sociedad profundamente dividida.

La realidad es que los cambios en Argentina aún están mediados por el poder que conserva el kirchnerismo. Aunque el presidente Macri desee dar la vuelta a las relaciones con Estados Unidos, el Congreso aún se encuentra bajo el control de las fuerzas de sus antecesores, y los cambios que se proponen deberán pasar por su tamiz –un problema no ajeno para el presidente Obama–. En este caso, hará falta algo más que la voluntad de ambos presidentes para bailar tango.

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