Trump y el Partido Republicano, del escepticismo al pánico

Trump y el Partido Republicano, del escepticismo al pánico

Iralee Acosta- Hasta hace muy poco tiempo, la postulación de Donald Trump a la presidencia del país no era más que una broma. Muchos veían al neoyorquino como un bufón millonario salido de un reality show, con aires de político, y que buscaba algo que nunca iba a lograr: acercarse a la silla presidencial. Hoy, la historia ha dado un giro total pues, ante el asombro de muchos, incluidos los mismos integrantes del GOP (siglas de Grand Old Party, como se le conoce desde hace mucho al Partido Republicano), Trump está a nada de lograr ser el candidato republicano oficial para las elecciones de 2016. Las propuestas del magnate son tan radicales que, se suponía, eran pocos los que estaban contentos con ellas. Sin embargo, parece que el multimillonario está consolidando su liderato, pues arrasó en 12 estados del país que ya realizaron las elecciones primarias, en contra de siete estados en los que Ted Cruz, que es el contrincante posicionado en el segundo lugar, va a la vanguardia.

Dicho así, tal parece que lo que muchos criticaban y para otros era un chiste a Trump le ha funcionado bastante, y es el hecho de que no se ha convertido en el favorito por su peculiar cabellera. Lo ha favorecido el hecho de presentarse como el candidato antisistema en un partido en el que estaban cansados de que se nombrara oficialmente al aspirante impuesto por el establishment (clase dirigente del partido), por una parte, y por otra, porque Trump se ha exhibido como un candidato autofinanciado. Esto le ha sumado puntos, ya que dice no tener la necesidad de buscar un puesto político con el fin de obtener dinero y poder (como supuestamente lo hacen otros contendientes), pues ya cuenta con dichos privilegios. Asimismo, el hecho de que rompe con los estándares diplomáticos y habla sin pelos en la lengua –al declarar, entre otras cosas, su deseo de corregir la política actual– ha provocado que el candidato fanfarrón (y para muchos peligroso) se vaya hacia arriba, como espuma, en las encuestas.

Evidentemente, esto no es más que una prueba legítima de las bases tan frágiles que han sostenido en los últimos años al GOP, cuyos miembros se sienten poco confiados y respaldados. Si prestamos atención a los números, Trump no va ganando por ser el favorito del público, sino porque los votos están demasiado divididos. El apoyo que ha recibido hasta el momento dentro del Partido Republicano es de aproximadamente 35%, lo que significa que el otro 65% no lo apoya. No obstante, en una carrera que inició con 17 candidatos y ha resultado ser de las más desagradables en la historia moderna del país, Trump ha sabido aprovechar la división y destacarse, en gran parte, para aquellos votantes que buscan escapar de tanta disfunción.

Según encuestas de salida realizadas por Edison Research para varios medios, al menos 9 de cada 10 votantes en las elecciones primarias republicanas tienen una opinión desfavorable de Washington. Sumado a esto, y pese a las muestras de que el Partido Republicano se ha ido debilitando gradualmente tras el surgimiento del Tea Party (un movimiento de insurgentes republicanos que se oponían a la política moderada del establishment), parece que los conservadores se niegan a dar su brazo a torcer y a adaptarse a las nuevas exigencias del país y de sus habitantes.

Expertos políticos (demócratas y republicanos), economistas y líderes de negocios han pronosticado y enfatizado, hasta el cansancio, la catástrofe que se desataría si Trump llegara a la presidencia, pero muchos no escuchan. Además, el magnate es inmune a las críticas –incluso a las que prueban sus contradicciones– porque goza del apoyo absoluto de sus seguidores. En un mitin reciente, por ejemplo, convocó a la multitud a levantar el brazo derecho y jurarle su voto, y con mucho entusiasmo, sus simpatizantes lo hicieron. (Ahora los mítines de Trump se critican cada vez más por la violencia que el propio candidato ha fomentado, incluso llegando a decir desde el podio que pagaría “los gastos legales” de aquellos que agredieran a los manifestantes presentes.)

Si bien es cierto que el magnate no necesita fama, también lo es el hecho de que no cuenta con experiencia en el Gobierno ni tiene conocimiento real de las diversas problemáticas que enfrenta no solo el país, sino el mundo entero. Sin embargo, lo que más miedo les da a los líderes republicanos que se oponen a su candidatura es que Trump no sea presidencial. El temperamento y la personalidad del neoyorquino distan mucho de lo que se requiere para ser el máximo dirigente de una nación tan importante. Sus comentarios y sus ideas son tan racistas que algunos encuentran semejanzas con los de Hitler; se ha burlado públicamente de las personas con capacidades diferentes y las soluciones que propone para enfrentar los problemas mundiales son frecuentemente violentas (y al menos una, la de asesinar a las familias de los terroristas, constituiría un crimen de guerra internacional, aunque el candidato ya se ha retractado de ese comentario). Al mismo tiempo, ha amenazado con perseguir a quienes lo critican, como The Washington Post y The New York Times, mientras que en los debates y en su cuenta de Twitter, hay más insultos inmaduros en contra de sus oponentes que comentarios maduros sobre los temas discutidos.

Muchos miembros de todos los rangos dentro del GOP han garantizado que no se van a permitir apoyar a Trump. Otros han optado por un tercer candidato como vía alternativa. No obstante, en el debate del pasado 3 de marzo, los precandidatos dijeron que apoyarán al magnate en caso de que sea el ganador en el congreso del partido el próximo mes de julio. Por lo pronto, los contrincantes conservadores tienen muy poco tiempo para derrotar a Trump. Después de las primarias del 15 de marzo, en que sufrió una derrota humillante en su estado natal de Florida, Marco Rubio se retiró de la carrera. Ahora quedan solo dos candidatos aparte de Trump, y la única manera para prevenir que este consiga la nominación es a través de una convención disputada, o llegar a la convención de julio sin ningún nominado confirmado, algo que no ha ocurrido en 40 años.

Lamentablemente, “no hay ninguna estrategia acordada para negarle al multimillonario de Nueva York la nominación presidencial republicana”, publicó el diario El Matutino, y agregó: “Lo que es notable es que las fuerzas anti-Trump sólo despertaron recientemente respecto a la realidad de que Trump estaba en camino a la nominación. En cambio, Trump ha despertado a un bloque de votantes que ha deteriorado la dirección del partido. Y como no ha dejado de ganar, su apoyo ha seguido creciendo”.

En caso de que el millonario resulte fuertemente favorecido, el final de la contienda republicana podría estar decidido, pues a pesar de que Donald Trump aún no llega a la presidencia, ya dio un discurso en el que aseguró que ganará sin problema la nominación republicana y que vencerá a Hillary Clinton (quien, según él, es un “fraude”). Del mismo modo, el acaudalado candidato se burla de quienes lo han convertido en el tema principal: “Se gastaron millones de dólares en atacarme durante los últimos días para decir cosas desagradables sobre mí, y sin embargo, los republicanos votaron por mí. Se los agradezco, [pues] estoy logrando que personas a las que antes no les importaba votar, ahora salgan a hacerlo. [...] Debemos unificarnos y nadie le ganará a este partido en las elecciones presidenciales”.

Tristemente, el partido de Abraham Lincoln y de Ronald Reagan, ex presidentes que dejaron una huella importante a su paso, ahora se ve amenazado por la llegada de una persona que no demuestra escrúpulo alguno y que advierte que no titubeará para aplicar políticas opresivas. ¿Podrán acaso los republicanos olvidarse un poco de su partido (como tal) y pensar en la gente, en su país y en todo lo que se avecina si Donald Trump llegara a convertirse en el próximo comandante en jefe? ¿Conseguirán dejar las ideas conservadoras y abrirse a una nación con más diversidad sexual y racial? ¿O seguirán apegados estrictamente a sus doctrinas, permitiéndole así a Trump que se siga abriendo paso?

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