Made in China (pero con insumos latinoamericanos)

Made in China (pero con insumos latinoamericanos)

David Guzmán Fonseca- América Latina y China no podrían estar más alejadas, en cuanto a geografía y cultura se refiere, pero en la última década, estas regiones se han acercado económica y políticamente. Hasta hace unas décadas, el gigante asiático se había concentrado en producir bienes baratos y de baja calidad para exportar por todo el mundo, pero recientemente se ha enfocado en fortalecer sus relaciones políticas y económicas con la región latinoamericana. Debido a la creciente demanda de materias primas por parte de China (dada su impresionante expansión económica), América Latina se ha convertido en el mercado ideal para que tanto las empresas como el Gobierno chino compren productos mineros y agrícolas que no se producen en su región.

De acuerdo con cálculos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre 1990 y 2009 la inversión china en la región fue de aproximadamente $6,300 millones de dólares, pero en 2010 la suma aumentó a $13,700 millones de dólares, y no hay indicios de que ese ritmo vaya a disminuir en los próximos años, ya que en enero de 2015 el Gobierno chino declaró que tenía pensado invertir $250,000 millones de dólares en los siguientes 10 años (a un ritmo promedio de $25,000 millones de dólares por año).

Las relaciones comerciales entre ambas regiones han crecido a niveles sin precedentes. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el intercambio de bienes entre China y América Latina pasó de $12,000 millones de dólares en el año 2000, a $285,000 millones de dólares en el año 2014. Entre los grandes proyectos que el gigante asiático desarrolla en la región está la construcción de un nuevo canal interoceánico en Guatemala, y de una vía férrea entre Brasil y la costa de Perú para transportar alimentos y materias primas hacia China, entre otros.

Cabe destacar, sin embargo, que el acercamiento entre América Latina y China no ha sido solamente económico, sino también político. El país asiático se ha posicionado en la región como una contraparte política a Estados Unidos, estableciendo alianzas con países como Venezuela, Guatemala y Bolivia, naciones que no tienen las mejores relaciones con el gigante del norte.

Ante los problemas económicos y políticos por los que atraviesa Venezuela, además de sus críticas al Gobierno estadounidense, China le ha prestado al país sudamericano alrededor de $56,000 millones de dólares desde el año 2007. En este y en otros casos, China se ha convertido en el reemplazo de Estados Unidos para los Gobiernos en oposición a su política: el Gobierno de Beijing desembolsó $65,000 millones dólares a los países de América Latina tan solo en 2015.

Sin embargo, la desaceleración de la economía china ha traído consecuencias graves a estos países. De acuerdo con el Banco Mundial, el lento crecimiento económico chino en 2015 hizo que las economías latinoamericanas se contrajeran un promedio de 1%. La alta dependencia de los países de América Latina a la exportación de materias primas, impulsada por la creciente demanda de China a finales de la década pasada, solo logró que la región se volviera cada vez más vulnerable a las contracciones de la economía del país asiático.

Además de los problemas económicos que enfrenta China, muchos de sus socios latinoamericanos tienen sus propias preocupaciones. Uno de los más importantes, Brasil, vive una crisis económica profunda. Por su parte, Venezuela está sumida en una crisis política, social y económica, de la cual difícilmente podrá escapar. (Aunque, si bien el panorama actual de las inversiones chinas en la región no es el más prometedor, especialmente en Brasil y Venezuela, debe entenderse que las inversiones y los préstamos buscan dar frutos a largo plazo.)

Ambas regiones están trabajando para corregir estas vulnerabilidades. En la reunión de enero de 2015 entre el Gobierno chino y los países de la CELAC, los dirigentes de China propusieron que la nueva estrategia de inversión se enfocara en agricultura, energía y recursos, construcción de infraestructura, manufacturas, e innovaciones tecnológicas y científicas.

Por su parte, en mayo de 2015, el Consejo Estatal –órgano máximo de gobierno en China– aprobó el plan conocido como Made in China 2025, que busca mejorar la eficiencia y la calidad de la producción en China, al incrementar el uso de nuevos métodos más avanzados, promover la innovación tecnológica y el uso de nuevas fuentes de energía.

La pregunta que muchos se hacen es cómo encajan las inversiones en América Latina dentro de la nueva estrategia china. La respuesta es relativamente simple: las inversiones que los asiáticos tienen en la construcción de nueva infraestructura, producción de alimentos, transporte de materias primas y muchos más, les permite experimentar e innovar fuera de su territorio. Las nuevas tecnologías que actualmente utilizan en cada una de sus inversiones son sin duda un insumo fundamental de lo que desean conseguir con su plan Made in China 2025.

Así, las relaciones económicas, políticas y culturales que hoy se establecen entre China y América Latina han dejado, por un lado, a una Latinoamérica altamente dependiente, y por el otro, a una China que tiene claro cuáles son sus planes y estrategias a futuro, en los cuales América Latina solo es un insumo de su cada vez más poderosa economía.

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