El ‘Plan Colombia’ y el futuro de la lucha antinarcóticos

El ‘Plan Colombia’ y el futuro de la lucha antinarcóticos

David Guzmán Fonseca- El pasado 4 de febrero de 2016, el presidente colombiano Juan Manuel Santos sostuvo una reunión con su contraparte estadounidense Barack Obama para conmemorar los 15 años del inicio de la estrategia antinarcóticos conocida como Plan Colombia. Al final de la reunión, el líder estadounidense se comprometió a aportar nuevos y mayores recursos para apoyar el posible escenario de un posconflicto en Colombia. Esto en caso de que las conversaciones de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla izquierdista de las FARC —Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia— lleguen a un acuerdo para terminar una confrontación que ha dejado cerca de 200,000 muertos a lo largo de los más de 50 años que se ha prolongado el conflicto.

El Plan Colombia surgió a finales de la década de los noventa, cuando la producción y tráfico de droga, así como la violencia relacionada con el narcotráfico, tenían a Colombia al borde de ser catalogada como un estado fallido. Con niveles de desempleo mayores al 20%, y con la mayor tasa de homicidios y secuestros del mundo, Colombia necesitaba una estrategia para recuperar el control sobre su territorio y asimismo proveer de oportunidades a los millones de ciudadanos que veían el narcotráfico como la alternativa para salir de la pobreza.

Ante la concentración de los productores y traficantes en Colombia, la estrategia antinarcóticos del Plan Colombia se enfocó inicialmente en la erradicación manual y por medio de fumigaciones sobre cultivos de hoja de coca.

Sin embargo, con la coyuntura brindada por los ataques terroristas contra Estado Unidos el 11 de septiembre de 2001, la estrategia antinarcóticos adquiere características militares, bajo el enfoque de la lucha contra grupos narcoterroristas. Así, el Plan Colombia pasó de enfocarse en erradicar cultivos y laboratorios para la producción de estupefacientes, a también en el ataque frontal a grupos guerrilleros y paramilitares involucrados en la producción de drogas.

Después de 10,000 millones de dólares aportados por Estados Unidos en los últimos 15 años —un 5% del esfuerzo financiero total hecho en la estrategia—, entre 2000 y 2014 se logró disminuir en un 18% el total de hectáreas de coca cultivadas —un porcentaje inferior al 50% que se buscaba inicialmente—. Lo cierto es que en los últimos años se ha presenciado un incremento en el número de hectáreas cultivadas, lo que ha hecho que de nuevo Colombia sobrepase a Perú como mayor productora de cocaína del mundo.

El aumento en el número de hectáreas cultivadas en Colombia se ha dado de la mano del proceso de paz iniciado por el presidente Santos en septiembre de 2012. Este proceso, que se está llevando a cabo en Cuba, bajo la mediación de ese país, Noruega, Chile y Venezuela, ha logrado llegar a acuerdos en gran parte de los puntos discutidos.

Pero de lo que no cabe duda es que uno de los puntos que ha generado más discusión y críticas en la opinión pública colombiana es el de sistema de justicia transicional, puesto que considera la posibilidad de que los miembros de las FARC no paguen penas en centros de reclusión, lo que muchos suponen no otorga ni justicia ni reparación para las victimas de las atrocidades cometidas por este grupo.

No obstante, el Gobierno colombiano ha establecido como fecha límite para la firma de un acuerdo final el 23 de marzo de 2016; en este punto, un nuevo y fortalecido Plan Colombia se vuelve necesario. Peace Colombia o Paz Colombia, como lo han llamado los presidentes de ambos países en una reciente rueda de prensa en la Casa Blanca, asegura 450 millones de dólares anuales que serán invertidos en el posconflicto, retirando estos recursos de las estrategias antinarcóticos. Principalmente, el dinero que aportará el Gobierno estadounidense impulsará programas sociales, judiciales y de acceso a la tierra, así como de defensa a los derechos humanos.

El Plan Colombia y el futuro del Paz Colombia quedarán en manos de los colombianos, que votarán en las urnas la aprobación de los acuerdos entre el Gobierno y la guerrilla. Adicionalmente, si bien los recursos prometidos por el Gobierno estadounidense son sustanciales, los costos relacionados con el posconflicto van a requerir de un esfuerzo fiscal exorbitante para cumplir con todo lo prometido. A la paz en Colombia, por tanto, aún le quedan algunos obstáculos importantes por superar.

Para finalizar, un análisis del Plan Colombia, sus éxitos y fracasos, puede dar luces sobre las posibles estrategias que podrían aplicarse en otros países. Igualmente, es ineludible que los estadounidenses consideren un tipo de Plan Estados Unidos, puesto que hasta ahora la estrategia antinarcóticos se ha enfocado en culpar a quienes producen la droga y no en quienes la demandan. Es necesario que el Gobierno de Estados Unidos comprenda la necesidad de tratar el problema de las drogas como un maquinaria que, si bien se inicia en América Latina, encuentra en el mercado estadounidense el combustible para seguir funcionando. Este es uno de los retos fundamentales de la región, en particular al ver la terrible y violenta situación por la que pasan muchos países centroamericanos.

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