Política exterior cubana: bailando con el mejor postor

Política exterior cubana: bailando con el mejor postor

David Guzmán Fonseca- Cuba y su política exterior son tan fluctuantes y llamativas como los pasos de la famosa cantante cubana Celia Cruz. Como la música de la isla, es difícil encasillar las influencias y las cadencias de las relaciones internacionales de ese país, que a lo largo de su historia se ha movido al ritmo de la canción que más le conviene. Si bien es cierto que en un principio su política exterior fue impuesta por actores externos, con el paso del tiempo los gobernantes cubanos aprendieron a vender su apoyo a quien les ofreciera más. Después de la Guerra hispano-estadounidense de 1898, Cuba se independizó de España con el auspicio y el apoyo de Estados Unidos. Sin embargo, fue este último el que se sentó en la mesa de negociación con los españoles, y no los cubanos. A partir de entonces, Estados Unidos quedó inmerso en la historia política, económica y social de la isla.

Desde la independencia cubana, Estados Unidos ejerció un férreo control sobre gran parte de las esferas del nuevo país. En 1903, el entonces presidente de la República de Cuba, Tomás Estrada Palma, firmó el Tratado Cubano‐Estadounidense. Este tratado formaba parte de la Enmienda Platt, que fue incorporada de forma forzosa a la Constitución de Cuba como requisito del gobierno estadounidense para otorgar la independencia y remover sus tropas, que hasta entonces habían estado en territorio cubano.

Como parte de las enmiendas incluidas en la Constitución cubana, se permitía la intervención de Estados Unidos en los casos que considerara pertinentes o que afectaran los derechos individuales de sus ciudadanos. Sin embargo, esto terminó convirtiéndose en una participación continua en las decisiones económicas y políticas de la isla, que derrocaba o imponía gobiernos de su complacencia en variadas ocasiones.

La importancia económica de Estados Unidos en Cuba llegó a tal punto que, para los años 30, la capital estadounidense controlaba 40% de la industria azucarera cubana; 23% de las industrias no azucareras; 90% de los servicios de telefonía y electricidad, y 50% de los servicios de transporte férreo.

Sin embargo, con la Revolución cubana y la llegada al poder del líder Fidel Castro, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba tomaron un tinte mucho menos positivo. Debido a que parte de la Revolución buscaba devolver cierto nivel de independencia a los cubanos respecto de los estadounidenses, se nacionalizaron bienes de empresas y ciudadanos de la Antilla Mayor. Así mismo, cientos de miles de personas que no estaban de acuerdo con el camino emprendido por la Revolución, o los mecanismos que esta había utilizado, salieron del país con rumbo a Estados Unidos, en especial al estado de Florida (por su cercanía geográfica con la isla).

Debido no solo a los factores internos de Cuba, sino también a los cambios geopolíticos que acontecían alrededor del mundo, particularmente la intensificación del comunismo, Cuba se alejó más de su protector anterior y buscó nuevos aliados. El principal aliado de la isla caribeña, después de la Revolución, fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), con la cual compartía similitudes programáticas y su enemistad con Estados Unidos. Así, ambos países entablaron una relación que se vio aún más fortalecida con la Guerra Fría, que enfrentó a Estados Unidos y a la Unión Soviética en una serie de conflictos económicos, políticos e ideológicos después de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

Aunque en un principio Fidel Castro y su revolución no se definieron como comunistas, se ha sugerido que por la necesidad de recursos, el líder cubano decidió aprovechar las oportunidades brindadas por la Guerra Fría y convirtió a la URSS en uno de sus más grandes benefactores. Desde la década de los 60 hasta finales de los 80, la Unión Soviética se convirtió en el principal mercado para el azúcar cubano, así como también en el principal proveedor de petróleo, granos y automóviles, los cuales vendía a Cuba a precios por debajo del precio de mercado.

Sin embargo, para la URSS la importancia de Cuba era meramente estratégica, mas no económica. Cuba representaba para los soviéticos la oportunidad de tener influencia y presencia en el hemisferio occidental, a tan solo unos cientos de kilómetros de las costas estadounidenses.

Después de la caída de la Unión Soviética a finales de los años 80, Cuba enfrentó un ambiente económico más complicado, al perder uno de sus más importantes socios. Muestra de ello es que, según datos del gobierno cubano, su economía se contrajo en alrededor de 35% entre 1990 y 1993.

No obstante, la llegada al poder de su más reciente socio y benefactor, a finales de los 90, ayudó a que la Revolución Cubana pasara del comunismo soviético al bolivarianismo venezolano, y con esto a un ambiente económico más favorecedor.

Por una parte, los recursos y el petróleo que comenzaron a fluir desde principios de los 90 desde Venezuela hacia la isla, como consecuencia de los altos precios del crudo y de la cercanía del ahora fallecido Hugo Chávez con la familia Castro, permitieron aliviar su situación económica. Igualmente, Cuba logró remover un poco las presiones impuestas por las sanciones económicas que hasta entonces Estados Unidos aún mantenía sobre el régimen cubano. Por otra parte, la proximidad entre ambas revoluciones posibilitó que muchos médicos cubanos abandonaran la isla y se dirigieran a Venezuela para apoyar los objetivos sociales de la Revolución Bolivariana —aunque el éxito y las condiciones de vida de dichas misiones sea discutible.

Sin embargo, la economía venezolana actualmente enfrenta una crisis política, social y económica que ha obligado a Cuba a emprender la búsqueda de nuevos socios o aliados, incluso en los lugares menos esperados. Los acercamientos que en diciembre de 2014 anunciaron los gobiernos de Estados Unidos y Cuba no solo muestran un cambio en las relaciones entre ambos países, sino también son una prueba de cómo el gobierno del régimen Castro, ante la debilidad de su más fuerte aliado, intenta buscar en su viejo defensor una salida a sus problemas y necesidades económicas.

Por su parte, el régimen del presidente venezolano Nicolás Maduro no solo enfrenta una situación interna bastante compleja, con desabastecimientos, una economía en caos y un parlamento en manos de la oposición, sino que también ve con recelo cómo uno de sus aliados se aleja de sí y se acerca a Estados Unidos. Así, Maduro no solo pierde el control sobre su propio país, sino que también está perdiendo la influencia que ejercía sobre Cuba.

De esta forma, se puede ver que los gobernantes de Cuba, ya sea por necesidad o por utilidad, han cambiado y elegido a sus aliados como quien escoge una pareja de baile. Dependiendo de qué canción se esté tocando, una pareja parece funcionar mejor que otra.

En este caso, Venezuela ha dejado de ser un buen compañero de baile para el régimen cubano y parece que ha llegado la hora de buscar alguien nuevo con quien bailar.

El voto latino: mirando al futuro desde el pasado

El voto latino: mirando al futuro desde el pasado

El virus del Zika avanza por el continente

El virus del Zika avanza por el continente