La procedencia de las armas en Latinoamérica y sus consecuencias en el caso de México

La procedencia de las armas en Latinoamérica y sus consecuencias en el caso de México

Iralee Acosta‐ Uno de los temas más inquietantes hoy en día es el de la ola de violencia existente en México y el resto de Latinoamérica, pero ¿cuántos se preguntan de dónde provienen las armas con las que se llevan a cabo los crímenes? Entre las principales causas del terror que se vive en las calles se encuentra la facilidad para conseguir armas de fuego en Estados Unidos de manera ilícita. De acuerdo con una investigación del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados mexicana, que utiliza datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otras instituciones nacionales e internacionales, México cuenta con cerca de 15 millones de este tipo de armas, de las cuales 13 millones son ilegales; unas 2,000, aproximadamente, son las que ingresan a diario desde el vecino del norte. Dos de cada tres armas involucradas en actos de violencia proceden de ahí, y el 40% de aquellas que les han sido confiscadas a narcotraficantes provienen del estado de Texas.

Según José de Jesús González, investigador responsable de esta información, para los cárteles mexicanos es sumamente fácil adquirir armas de fuego a través de testaferros o en los llamados gun shows de Estados Unidos. “En México es casi imposible comprar legalmente un arma, pero en los estados fronterizos del país vecino hay más de 8,000 comerciantes”, afirma González. Sin embargo, no solo ahí se distribuyen. No es un secreto que en el mercado de uno de los barrios más peligrosos de la Ciudad de México, Tepito, se venden armas de diferentes calibres que están a la mano de cualquiera, desde un ladrón callejero hasta un narcotraficante.

Por si esto fuera poco, existen otros informes donde se afirma que el porcentaje de las armas en México procedentes de Estados Unidos en realidad es mayor. “El 90% de las armas del narco vienen de Estados Unidos. Es una cifra lógica”, manifiesta el analista en seguridad Alejandro Hope, haciendo referencia a una investigación hecha en el año 2010 por el Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, con sede en Estados Unidos. Del mismo modo, Hope señala que hoy en día es más difícil comprar un coche que un arma, pues, asegura, en los mercados secundarios no piden identificación ni te hacen pregunta alguna. Cabe indicar que en México no solamente se mercadean escuadras pequeñas, sino que también se mueven armas de carácter bélico, como fusiles Barret, cohetes, lanzacohetes, lanzagranadas y granadas de fragmentación; además, se manejan las llamadas armas de nueva generación, como la subametralladora y la pistola FN Herstal, que son capaces de perforar blindajes. ¿Y todavía nos preguntamos cómo es que tienen tanto poder los delincuentes?

En Latinoamérica se mueven entre 45 y 80 millones de armas de fuego, lo que hace que la región supere la cifra de violencia a nivel mundial. Mientras que en México y Centroamérica, en conjunto, un 70% de los homicidios se cometen con armas de fuego, en Sudamérica y el Caribe esta cifra es de 60%. Si comparamos estos porcentajes con el 42% que le corresponde al resto del mundo, nos encontramos con que la situación es mucho más alarmante de lo que muchos piensan.

Pero ¿cómo frenar esta ola de violencia? “Por supuesto, ese es un trabajo que corresponde al Gobierno”, respondería la gran mayoría. Sin embargo, más bien parece que este invierte cada vez menos esfuerzos en el tema. De acuerdo con un informe publicado por la Oficina de Responsabilidad del Gobierno (GAO, por sus siglas en inglés) en 2015, al llegar a la presidencia mexicana Enrique Peña Nieto se redujeron los esfuerzos para frenar el tráfico de armas entre Estados Unidos y México. Al parecer, el gobernante hizo saber que consideraba sumamente grande la intervención que hubiera iniciado en el sexenio anterior el antiguo mandatario, Felipe Calderón, en su guerra contra el narcotráfico.

Lógicamente, dicha decisión, junto con su administración, le ha sido criticada altamente al presidente mexicano. Pero lo cierto es que, y ante el asombro de muchos que desconocen la situación, al escarbar un poco en esa tan mencionada lucha antinarcotráfico que implementó Calderón, nos encontramos también con un alto índice de violencia generada por parte de las autoridades mexicanas, principalmente la militar.

¿Y de dónde procedían estas armas con las que los militares mexicanos violentaron a sus víctimas? Según la información dada por SinEmbargo, el politólogo mexicano Carlos A. Pérez Ricart, quien reside en Alemania, descubrió que la SEDENA mantiene acuerdos comerciales con 28 empresas extranjeras: 10 de ellas son estadounidenses, tres españolas, tres checas, dos italianas, dos belgas y dos alemanas. El resto son brasileñas, uruguayas, turcas, israelís y canadienses. Las dos empresas alemanas reconocidas en el documento como proveedoras de armamento ligero a México son Carl Walther y Heckler & Koch.

Desde 1990, el Ejército mexicano ha recibido cientos de avisos emitidos por la CNDH por graves violaciones a las garantías individuales. Aun así, entre 2006 y 2008, Heckler & Koch vendió a México entre 8,000 y 10,000 fusiles de diferentes calibres. “¿Qué decir sobre esto en relación a que las fuerzas armadas mexicanas utilizan como armas de cargo las producidas por Heckler & Koch o bajo licencia de esta firma alemana?”, se le preguntó a Pérez Ricart. “[Que] la ley alemana prohíbe la exportación de armas a regiones en donde la eventual llegada de armas pudiera potenciar un conflicto interno”, por lo que no debieron otorgársele a México los permisos de exportación. Del mismo modo, agregó: “Lo lamentable es que el caso mexicano no es excepcional. La política de exportación de armas del Gobierno alemán [...] vende a quien le compre y luego busca las justificaciones políticas necesarias para legitimar la decisión. Las armas alemanas están repartidas en todo el mundo. México es un caso más”.

Con lo anterior podemos concluir que las armas ilegales que llegan a México y el resto de Latinoamérica no pertenecen únicamente al crimen organizado, sino al propio Gobierno. Y ahí está el verdadero problema. ¿A quién culpamos entonces de tanta violencia, a quienes compran los misiles o también a quienes los exportan? ¿A quién acudimos en señal de ayuda, si quienes (se supone) están a cargo de la seguridad de los ciudadanos y de que se cumplan las leyes también las rompen? Definitivamente, y como en muchas otras áreas, al Gobierno le falta un enorme y difícil trabajo por hacer, pues cada día estamos más expuestos a ser heridos o incluso a morir en la calle en manos de cualquier persona, por el simple hecho de que tiene la facilidad de conseguir un arma. Sin duda alguna, y aunque la ola de violencia que nació hace décadas no se deba únicamente a este problema, sí son las armas las que han facilitado que el crimen crezca, como podemos constatar diariamente. De momento, no nos queda más que extremar precauciones y esperar a que los dirigentes de cada país encuentren medidas que reduzcan el tráfico ilegal de armas, en lugar de unirse también a la lista de consumidores.

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